Buceo sin barreras

Vandellòs i l’Hospitalet. Joaquín Molí ofrece cursos de buceo para personas con discapacidad. Este año el reto ha sido con invidentes

JORDI CABRÉ

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Anaís se sumergió junto a su pareja Alejandro y vigilados de cerca por Natalia, Iñaki y Anna. FOTO: Núria Marquès y Sandra Pérez

Anaís se sumergió junto a su pareja Alejandro y vigilados de cerca por Natalia, Iñaki y Anna. FOTO: Núria Marquès y Sandra Pérez

Alejandro y Anaís son invidentes. La ceguera de él es total y la de su pareja casi supera el 85%. Ambos, de 18 años, querían probar una experiencia que a pesar de su discapacidad no tenía por qué estar prohibida. Los dos jóvenes querían bucear, sentirse libres bajo el agua y disfrutar de una experiencia única.

Él es estudiante de ingeniería informativa en la UPC de Barcelona. Ella empieza este año traducción e interpretación en la Universidad de Granada. Ambos se conocieron en un campamento de inglés de inmersión lingüística organizado por la ONCE en Inglaterra.

Sus ganas de bucear son ahora posibles gracias a las clases de Joaquín Molí, presidente de la Asociación de familiares y amigos de pacientes con Neuroblastoma (entidad que se conoce con las siglas NEN). A Molí, vecino de Vandellòs i l’Hospitalet, la vida le cambió hace ya muchos años cuando su pequeña Yanay sufrió neuroblastoma, una tipología de cáncer infantil poco conocida y que superó con creces.

Desde entonces su capacidad para ayudar no tiene límites y ello lo ha combinado con una de sus aficiones, el buceo. Empezó sus pasos en Sitges hace cinco años con la asociación Sitges Al Agua Unidos sin Limitaciones. «Eran sesiones de buceo inclusivo preparadas para chavales con síndrome de Down o TEA, o adultos con diferentes tipos de discapacidad física», explica. Aquello le gustó.

Alejandro entrando en el agua, tras haber realizado las primeras clases. A su lado, su padre Paco. FOTO: NÚRIA MARQUÈS Y SANDRA PÉREZANAÍS

Decidió seguir los pasos de su amigo e instructor Luis del Río para obtener el título de buceador acompañante primero y, más tarde, el de instructor con la especialidad en buceo para personas con necesidades especiales. La idea era ofrecer de forma gratuita a los niños con cáncer esa experiencia de ver debajo del agua y descubrir otro mundo.

Nació así el proyecto diveNEN, que mediante bautizos solidarios (primer contacto con la actividad) financia el poder llevar a este colectivo al agua de manera gratuita. De los niños con cáncer se abrió el abanico de hacer realidad el mismo sueño a personas con discapacidades diversas. Y así en 2019 empezó con los bautizos para personas con estas barreras «que superamos», remarca.

Tras obtener la titulación necesaria y empezar los cursos, Joaquín ha ido más allá. La idea de poder compartir el buceo con personas con discapacidad visual era un reto añadido. Y Alejandro y Anaís han sido los primeros en disfrutar de una experiencia que sólo Sandra Rota, de Torredembarra, y él ofrecen en la provincia.

«Los bautizos son gratuitos. Mi intención es ofrecer a las personas la posibilidad de bucear sin barreras y que se sientan capacitados para hacer lo mismo que hace cualquier otra persona», explica Molí.

La posibilidad de bucear debe empezar evaluando las necesidades y habilidades del participante en una piscina y en L’Hospitalet de l’Infant, El Vendrell y en Pratdip ha encontrado aliados para que las primeras sesiones estén en un entorno controlado (aguas confinadas)

«Los alumnos deben aprender y conocer el material, sus capacidades y aprender a desarrollar sus habilidades. Para ello, es importante primero sumergirse en un entorno controlado y con buceadores de apoyo cualificadas (titulación que también ofrece a los interesados en participar en las actividades) para poder actuar ante cualquier imprevisto», explica.

En función del grado de discapacidad del alumno, el número de buceadores acompañantes será mayor o menor y la titulación como buceador autónomo (condicionado) que se podrá obtener será diferente. En el caso de Alejandro y Anaís el bautizo contó, además de Molí, con Natalia (instructora); Iñaki y Anna (acompañantes certificados) y el apoyo y fotos de Sandra y Nuria.

La experiencia de la pareja de invidentes en la piscina tuvo recorrido y tras las clases necesarias probaron sus conocimientos, esta vez en el mar.

Joaquín prefiere realizar los bautizos en mar en el entorno de Cala Vidre, en L’Ametlla de Mar o en la playa del Miracle de Tarragona por ser espacios con acceso fácil e incluso con vehículos para aquellas personas que necesiten acercarse lo más cerca de la orilla.

La experiencia con Alejandro y Anaís es una más a engrosar en su forma de vida, que no es otra que disfrutar de su pasión en el mar y ayudar a romper barreras, que por complejas que parezcan, evidencian que todo es posible en la tranquilidad del fondo marino.

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