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Calafell teme perder su cofradía de pescadores

Pasar sus tres mayores barcas al pósito de Vilanova sería una puntilla 

José M. Baselga

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Calafell fue una playa con 'mucha madera' como la definió Carlos Barral.

Calafell fue una playa con 'mucha madera' como la definió Carlos Barral.

Calafell tuvo una de las flotas pesqueras más potentes del Mediterráneo. Era una playa «con mucha madera», como la definía el poeta Carlos Barral, en referencia a la gran cantidad de barcas que había en la playa.

El paso de los años y la renuncia a seguir la dura vida de la pesca ante alternativas como el turismo, fue reduciendo la flota y los pescadores hasta que hoy es prácticamente testimonial en el puerto de Calafell, donde se dejó una simbólica zona de amarres para cuatro pequeñas barcas que quedan de pesca tradicional.

En la cofradía de Calafell quedan una docena de pescadores entre las siete barcas que tiene. Hay tres embarcaciones de mayores dimensiones. Dos de arrastre para la gamba y una de trasmallo para el lenguado, sepia, dorada, lubina y el pulpo principalmente, pero también rape y merluza. Estas tres barcas están sin embargo amarradas en el puerto de Vilanova.

Una barca de Calafell en el puerto de Vilanova.

Ahora la dirección de Pesca de la Generalitat pretende que esas barcas de Calafell que están en el puerto de Vilanova pasen a la cofradía de la capital del Garraf, con lo que las perdería la de Calafell.

La puntilla

La situación levanta alarma en Calafell ya que se teme que sea una puntilla definitiva para su histórica cofradía e incluso para su esencia como municipio pesquero. Además de perder la mitad de su flota, también recortaría los ingresos que proporcionan esa barcas. Las embarcaciones que cambiarían de cofradía son las que proporcionan más ingresos.

El Ayuntamiento de Calafell y el Consell Comarcal del Baix Penedès apoyan a la cofradía. El consistorio  ha remitido una queja a la Generalitat. Durante esta semana comenzarán reuniones entre las cofradías para intentar evitar una situación que en palabras del alcalde, Ramon Ferré «pone en peligro la supervivencia de la cofradía de pescadores».

El turismo y al apesca convivió unos años.

En esa concentración de barcas de diferentes cofradías se encuentran en una primera fase, además de la de Calafell, las de Llavaneres, Sant Pol de Mar y Calella.

Joan Solé, patrón mayor de la cofradía señala que perder barcas supone poner en riesgo la continuidad de la cofradía. Porque las barcas pequeñas que quedan en el puerto de Segur son de pescadores mayores que están a punto de jubilarse. Perder las embarcaciones mayores haría que la histórica cofradía de Calafell pudiese tener una vida de dos años.

El edificio histórico de la cofradía es ahora un museo de la tradición pesquera.

Por ello, además del consistorio, diversos vecinos se movilizarán para intentar salvar una historia que comenzó en 1902. Desde entonces ha sido un referente social, cultural e histórico del municipio.

Porque tampoco habrá un aumento de barcas de pesca que reactiven la actividad. Joan Solé, tiene 59 años. Lleva desde los 15 en una barca de pesca. Explica que durante muchos años los jóvenes descartaban dedicarse a la pesca porque en esto no hay festivos y es muy duro».

Pero ahora tampoco es una opción. Los bajos precios del pescado combinados con el incremento de costes de gasóleo, seguros sociales e impuestos hace que «si en un barco se hace con tres personas no va a haber cuatro».

Por eso perder barcas es una sentencia para una cofradía que logra tirar adelante con los ingresos que proporciona una flota. El alcalde Ramon Ferré señala que quitar barcas a la cofradía de Calafell «llevaría a en un plazo corto al ahogo económico de la institución, la imposibilidad de sus funciones y a su desaparición».

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