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Condenan a un maltratador reincidente por una paliza brutal a su esposa en La Pineda

El juez le ha impuesto tres años y cuatro meses de prisión por un delito de lesiones graves en el ámbito familiar

Àngel Juanpere

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Condenado por una paliza brutal a su esposa en La Pineda

Condenado por una paliza brutal a su esposa en La Pineda

Ya había maltratado a su antigua esposa y después lo ha seguido haciendo con la actual en diversas ocasiones. Pero la última agresión a su pareja fue tan grave que el juez lo mandó a prisión.

Ahora, el hombre ha sido condenado a tres años y cuatro meses de prisión por un delito de lesiones graves en el ámbito familiar, con la atenuante de reparación del daño –consignó 9.700 euros para pagar la indemnización– y la agravante de reincidencia.

Durante ocho años no podrá comunicarse con su esposa ni acercarse a menos de 100 metros de ella. Asimismo, la tendrá que indemnizar con 9.180 euros por las lesiones que le infligió, 1.500 por las secuelas y 9.000 más por los daños morales. 

El condenado es un ciudadano marroquí que reside legalmente en España. En 2013 fue condenado a 38 jornadas de trabajos en beneficio de la comunidad por un delito de maltrato en el ámbito familiar a su anterior pareja. 

El matrimonio actual vivía en La Pineda. Según la sentencia del Juzgado de lo Penal 5 de Tarragona, desde agosto de 2018 el acusado sometió a su esposa a un «trato desdignificante, porfiando en tildarla de puta, hija de puta, cabrona y maldita, vejándola también escupiéndole». 

El 2 de septiembre, el acusado abordó a la mujer cuando ésta se encontraba limpiando el cuarto de baño del hogar conyugal. La asió con fuerza por la mandíbula. Y mientras ella estaba privada tanto de movimiento libertador como de una respiración normal, la obligó a quedarse en el suelo, entre el plato de la ducha y el inodoro.

El procesado, acto seguido, la soltó momentáneamente, lo que permitió a la víctima incorporarse. Pero entonces él la sujetó del cabello y con gran presión dirigió su cabeza para golpearla repetidamente contra el inodoro. La mujer logró liberarse y corrió hacia la puerta de la vivienda. Pero no pudo salir porque estaba cerrada con llave. 

El hombre volvió a coger a su esposa por el cabello y la arrastró hasta el dormitorio donde, sin soltar a la víctima, con la otra mano desplazó el colchón de la cama, dejando a la vista el somier. Y volvió a embestir contra él la cabeza de su esposa en repetidas ocasiones. Y además le pidió que le besara los pies.

La denunciante no paraba de suplicar que no la matara. Pero él siguió con su brutal agresión. Volvió a coger a su esposa del pelo, la arrastró a otra habitación de la casa, donde le exigió que se sentara. Ella le suplicó que la llevara al médico por el gran dolor que sufría en la mandíbula.

Pero el hombre propinó un golpe a la víctima, que la derribó. Entonces le dijo a ella que vendría el médico y la Policía, «pero que antes traería un cuchillo y la mataría».

La mujer estaba presa del pánico. Tanto que llegó a decir que ella no diría nada. Incluso le besó y le acarició el pelo. Ello aplacó un poco al agresor, que le exigió que le entregara su teléfono móvil. Finalmente, y después de entrar varias veces en la habitación, le dijo que se vistiera –iba en pijama- para ir a la playa.

Camino de la playa vieron que se habían dejado las toallas en casa. Ella se marchó para recogerlas. Pero el encausado no se fiaba y fue tras ella para comprobarlo. A pesar de ello, la víctima comenzó a correr y pidió ayuda a una mujer, que llamó a los servicios de emergencia.

El condenado, al ver lo que ocurría, se marchó, siendo finalmente detenido tres días después. Dos días más tarde ingresó en prisión preventiva. 
La mujer sufrió graves fracturas y le han quedado secuelas. 
 

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