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Contagiada hace más de un año: «No puedo ni inflar un globo»

Mónica, de Cunit, se infectó el 29 de marzo de 2020. Aún hoy sufre taquicardia, fatiga y ahogo: «A los 41 años llevo una vida de abuela»

Raúl Cosano

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Mónica nunca llegó a estar ingresada ni con síntomas graves pero aún tiene secuelas.   FOTO: ALBA MARINÉFUENTE: GUÍA DE PRÁCTICA CLÍNICA

Mónica nunca llegó a estar ingresada ni con síntomas graves pero aún tiene secuelas. FOTO: ALBA MARINÉFUENTE: GUÍA DE PRÁCTICA CLÍNICA

Taquicardia, presión en el pecho, calor, ahogo, cansancio repentino, mareos, fatigas, diarreas que van y vienen. «Mi día llega como mucho a las cuatro de la tarde, a partir de ahí ya no puedo hacer planes. Vuelvo a casa, me tumbo, ya no puedo hacer nada, las baterías se apagan», lamenta Mónica González, vecina de Cunit, de 41 años, en un cuerpo de 80 desde que fue diagnosticada de Covid el 29 de marzo de 2020. 15 meses después de aquella infección y un año antero desde que pudo salir (estuvo 11 semanas dando positivo), sigue teniendo secuelas serias. «He mejorado pero no he vuelto a ser la misma», dice. El coronavirus ha cambiado su día a día por completo. De jugar y entrenar a pádel varias veces por semana a no poder caminar 15 minutos sin que le falte el aire. «A la que me excedo un poco porque hago más actividad de la normal, al día siguiente estoy como si me hubiera pasado una apisonadora por encima», confiesa. «Es todo una montaña, no estoy apta para trabajar y ni tan siquiera puedo dar un paseo. No sé cómo me voy a levantar al día siguiente. Por las mañanas aún aguanto, pero por las tardes no puedo con mi alma. No tengo fuerzas ni para inflar un globo».

Fisioterapia respiratoria

Mónica sigue diferentes tratamientos para intentar reducir estas afecciones. Realiza fisioterapia respiratoria y usa un inhalador para la disnea. Toma cuatro pastillas al día para combatir la taquicardia y dos más para favorecer la circulación, otra de las consecuencias del SARS-CoV-2 en su cuerpo. En agosto, sufrió una tromboflebitis, una inflamación de las venas. «Al caminar me dolía la pierna. Me recetaron eparina pinchada durante un mes y reposo relativo, pero aún me estoy medicando». Una de las dolencias que peor lleva es la taquicardia, muy habitual en su día a día. «Casi no puedo hacer nada. Barrer o quitar el polvo ya te dispara las pulsaciones, no estamos hablando de un gran esfuerzo ni de coger un gran peso. Llevo la vida de una abuela pero no tengo 80 años», se sincera.

Nunca estuvo grave

Lejos queda aquella fase aguda de la enfermedad, en la que esta enfermera del Hospital de Vilafranca, ahora de baja, sintió ahogo y falta de aire como primeras señales de la Covid-19. Fue diagnosticada con neumonía en el hospital pero no se quedó ingresada. Tomó hidroxicloroquina como medicación. «A los ocho días me empecé a encontrar mejor pero seguía dando positivo en la prueba», explica Mónica. Nunca llegó a estar grave.

Aquellos síntomas que parecían haber desaparecido volvieron a los pocos días. «Me volvía a ahogar, sufría taquicardia. Daba cuatro pasos y me ponía a 170 pulsaciones, cuando lo normal es que estés en un máximo de 100». Mónica estuvo ingresada para tomar parte en un estudio clínico pero nada ha solucionado esta pesadilla recurrente. «El pelo se me caía a puñados. Ahora va a semanas. Tuve neumonía bilateral, ahogo, taquicardia, fiebre y febrícula durante semanas. Tengo opresión en el pecho, un calor que va y viene, como fuego, como si el bicho se me hubiera quedado dentro», explica.

Algunos de esos síntomas persisten, mientras Mónica sigue en tratamiento, con visitas regulares a la doctora de cabecera para una visión general, al neumólogo para tratar sus problemas respiratorios, a la cardióloga para vigilar las taquicardias y al médico vascular para cuidar la afectación trombótica que sufrió en las piernas. A la pesadilla física se añade el desamparo y la sensación de abandono: «Ya sabemos que es una enfermedad nueva de la que conocemos poco, pero nos sentimos olvidados, sobre todo los pacientes de la primera ola, que nos hemos quedado un poco en el limbo. Debería ser tratada de una manera integral, por alguna unidad de Covid».

Ella no está sola. Los afectados de larga duración se han constituido en numerosas plataformas territoriales para ganar en visibilidad y presencia. La propia OMS ha pedido priorizar las acciones contra el denominado Covid persistente.

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