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De la bici a los números decimales

El reto era completar la Half Ironman de Salou y luego realizar complicados ejercicios de memoria rápida por una causa solidaria: recaudar fondos para ayudar a la educación de familias con pocos recursos

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José María Bea, compitiendo por el paseo de Salou. Foto: cedida

José María Bea, compitiendo por el paseo de Salou. Foto: cedida

José María Bea

Comienzo diciendo que hemos completado el reto: Half Ironman de Salou, 113 kilómetros repartidos en tres modalidades deportivas, y después seis pruebas de memoria rápida. Digo ‘hemos’ porque esto ha sido posible gracias a mucha gente a la que tengo mucho que agradecer. Madrugón, a las 5.25 dejo las barritas energéticas en la bici y estoy preparado para el reto. A las 7.40, pistoletazo de salida. Me esperaban 1.900 metros de natación con viento, olas y fuertes corrientes. Euforia y toma de conciencia de que por fin estoy cumpliendo el reto.

Ante la complicada situación del agua, me lo tomo con calma. Se me hace complicado nadar recibiendo bofetadas de las olas que hacen que trague agua. Los primeros 900 metros son los más complicados; después me siento mejor, controlo mejor la situación y cuando damos la vuelva a la boya me doy cuenta de que el agua me lleva, ahora tengo a la corriente a mi favor. Llego a la orilla.

Comienzo la bicicleta, pillo un bache y se me bloquea la rueda delantera. Tengo que bajar a solucionar la incidencia, que consigo arreglar en pocos minutos. Sigo mirando continuamente la velocidad media del tramo bici y viendo cómo va subiendo hasta los 28 km/h.

Llega un momento crucial que cambiará el transcurso de la prueba. Primer avituallamiento, km 23, cojo el bidón y una barrita energética, la guardo y cojo una mía que tenía empezada. Curva a la izquierda y me meto en el arcén, viento lateral, gravilla en el suelo y meto la rueda en el hueco que queda donde acaba el asfalto. Me derrapa la rueda delantera, controlo como puedo pero me voy al suelo. Paro el golpe con las manos. Golpe en la cabeza (suerte del casco) y mientras sigo en el suelo paso la lengua por los dientes para comprobar que no tenga ninguno roto. Me levanto como puedo, la zona del cambio derecho del manillar está torcida, el acople derecho también, la visera del casco por el suelo, allí se va a quedar.

Autodiagnóstico: magulladuras por el brazo y mano izquierdas, sangre en el hombro izquierdo, dolor en la zona izquierda de las costillas y en el cuádriceps derecho.

Grito de rabia e impotencia. Aquí puede acabar el sueño. Recojo las barritas, geles y demás que está esparcido por el suelo, vuelvo a la bici pero la cadena está salida, se ha enganchado con el desviador. Intento colocarla pero no puedo. Estoy manchado de grasa, me chorrea sangre por el brazo izquierdo pero no quiero abandonar. Enderezo el manillar y tras varios intentos consigo colocar la cadena. Subo a la bici y veo que puedo avanzar. Las magulladuras no me preocupan, es superficial y es la quemadura con el asfalto. Las costillas duelen pero es soportable. El cuádriceps derecho es lo que me preocupa, tengo una rotura fibrilar, es bastante fuerte y me duele al pedalear. Voy a unos 25 km/h y sé que hay unos tiempos de corte que tengo que superar o seré descalificado. Quedan 66 km en bici y después debo correr 21 km.

A medida que avanzo va remitiendo el dolor. Sé que mientras el músculo esté caliente podré seguir la carrera. Tengo viento en contra y he aumentado algo la velocidad, sé que cuando haga el cambio de sentido tendré viento a favor y eso me anima. A punto de completar el tramo de ciclismo, pido a todos los que veo de la organización Reflex pero nadie tiene. Allí está mi familia y amigos. Grito: «No hay dolor».

Comienzo a correr y duele mucho. Me vuelvo a cruzar con la familia y amigos y hago mala cara. Llevo 300 metros y pienso: son 21 km. Me encuentro con unas personas de la organización con SOS en la camiseta, les pido ayuda y me dicen que vaya a los servicios médicos, veo que tengo que retroceder para ir y les digo que ya iré en otra vuelta. El cuádriceps responde mejor. He acortado la zancada para evitar estirar el músculo, he bajado mi ritmo para poder terminar. Me cruzo con una ambulancia y por fin consigo Reflex.

Cansancio y concentración

Van pasando los kilómetros, cardiovascularmente voy perfecto pero van doliendo las piernas. Casi 2 horas en hacer un medio maratón. Pasillo de gente hacia la meta, aplausos y euforia, soy finisher. Mi hija me está esperando para entrar conmigo a meta. Tiempo oficial 6h1’13”. Abrazos con la familia y a servicios médicos.

Aquí no acaba el reto. Vamos a casa, reponemos algo de fuerzas y reto mental. Nunca he hecho una simulación de campeonato después de una esfuerzo tan duro. No estoy en el mejor momento en las pruebas mentales y el cansancio me complica concentrarme bien. Comienzo con decimales en 1 segundo blanqueando, eso que eran 13, lo mismo pasa con los decimales en 4 segundos. Poco a poco me voy sintiendo más centrado y llegan los resultados. Finalmente 6337 puntos. Cuerpo y mente al límite. En un reto solidario. Estamos recaudando fondos para que la Fundación Danaus siga ayudando a la educación a familias con pocos recursos.

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