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Desalojan dos bloques de Salou por riesgo de ruina inminente

Un problema detectado en los pilares de la estructura de la construcción obliga a diversas familias a abandonar dos bloques de viviendas del edificio Aloha, en la calle Pompeu Fabra
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Los bloques I y II son los dos afectados del edificio Aloha de Salou. Foto: Alfredo González

Los bloques I y II son los dos afectados del edificio Aloha de Salou. Foto: Alfredo González

Hace cinco años que Sandra Patricia González y Armando Sánchez son propietarios de un piso del bloque II del edificio Aloha, situado en la calle Pompeu Fabra de Salou. Ayer fue el día en el que recogieron sus últimas pertenencias. Un riesgo inminente de ruina de su bloque les ha obligado a ellos y a dos familias más a abandonar sus hogares de forma temporal. La inminente ruina podría ser causada por la baja resistencia de los pilares de la estructura de dicha construcción.

Hace quince días empezaron unos trabajos de mantenimiento de la estructura de los bloques Iy II en los que se detectaron graves problemas en los pilares descubiertos de la planta baja. A raíz de esta detección, se enviaron pruebas a un laboratorio especializado que, además de alertar de la gravedad de la situación, descartó que se tratara de aluminosis. Se sospecha que las causas que hayan provocado tal estado sea la utilización de agua salina en las mezclas de cemento, aunque aún está por determinar. En los próximos días también se investigará el estado en el que se encuentran los demás bloques que forman parte de esta comunidad, para determinar si también debe ser desalojado de forma urgente.

 

Malestar vecinal

La pareja formada por Sandra Patricia y Armando es una de las tres familias que han tenido que hacer las maletas a toda prisa para dejar atrás la que es su casa. Denuncian no haber contado con información ni por parte de los representantes de la comunidad de vecinos ni de la empresa que se encarga de administrarla. También se quejan del trato recibido por la administradora de la comunidad, alegando gritos y malas formas. Además, insisten en que ni la comunidad ni los administradores les tendieron la mano para ofrecer una solución en lo que respecta al futuro de los afectados. «Pagamos la comunidad religiosamente desde hace más de cuarenta años. Y ahora, sin más, nos dicen que nos tenemos que ir. Nos da mucha pena», lamentaba la segunda familia, de nacionalidad francesa, que tuvo que irse ayer. Respecto a los gastos de comunidad, Sandra Patricia fue directa: «Al año, los vecinos tenemos que pagar cerca de mil trescientos euros en concepto de comunidad. Pero no hemos notado nunca que lo hayan reinvertido en mejorar los bloques», declara.

En cambio, agradecen la tarea realizada por los servicios de la administración local. Y es que desde el Ayuntamiento de Salou se ha procurado el realojo de las familias afectadas.

Mientras que Sandra Patricia y Armando podrán vivir en una vivienda que ha sido proveída por el consistorio, otras optan por irse a vivir en otras casas de su propiedad o con amigos o familiares. Es el caso de Gabi, quien ahora vive con un familiar. Hace tan sólo un mes compraba uno de los apartamentos que se encuentran en el bloque I, el más afectado de los dos. Sin embargo, aun preguntando al banco y a los demás agentes implicados si era seguro realizar la compra, nadie le indicó lo contrario, explica este afectado.

El pasado 23 de julio, todos los vecinos, propietarios e inquilinos recibían una notificación postal en la que se indicaban los motivos por los cuales era necesario realizar un desalojo lo antes posible.Antes, el martes 21 de julio, se llevó a cabo una reunión en la comunidad de carácter extraordinario en la que se habló de la situación. Según los vecinos, fue la arquitecta municipal de Salou quien les alertó el día posterior a la reunión de que tenían que marcharse del edificio en 24 horas. Finalmente, todos los implicados llegaron al acuerdo de alargar este plazo temporal hasta el día de ayer sábado. Hacia las diez de la mañana, una pareja de agentes de la policía local de Salou se personó en el edificio para precintar ambos bloques afectados.

 

Cuando sólo queda esperar

El calendario aún no marca el final de esta historia. Por ahora, falta acabar la investigación de las otras viviendas para determinar si también están en riesgo o no. A partir de ahí, la comunidad deberá escoger un presupuesto para arreglar los desperfectos y realizar los trabajos pertinentes. Una vez terminados, los propietarios podrán volver a sus casas de forma segura.

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