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"El 15 M demostró que el pueblo sigue vivo"

Jordi Álvarez, de Segur de Calafell, ha recibido el reconocimiento de Sant Feliu de Llobregat por su activismo vecinal

José M. Baselga

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Jordi Álvarez.

Jordi Álvarez.

Jordi Álvarez es vecino de Segur de Calafell. El Ayuntamiento de Sant Feliu de Llobregat le ha rendido homenaje por su contribución en los años 60 al movimiento vecinal de la ciudad. «La calidad de vida de hoy es el resultado de una intensa y continuada lucha de ayer», reza el reconocimiento.

- ¿El pueblo aún tiene poder? 
- Todo. Pero no nos creemos que unidos podemos hacer muchas cosas. La gente no ha dejado de decir «¡basta ya!», pero el poder está muy fuerte.

- Hemos perdido capacidad de movilización.
- El sistema ha vencido porque nos ha inyectado individualismo. Si no hay implicación de grupo, de barrio.... la fuerza es menor.

- El Ayuntamiento de su Sant Feliu le ha agradecido aquella movilización.
- A mí y a los que entonces nos organizamos para pedir cosas justas. En un pueblo de 7.000 personas levantaron bloques y dejaron a los barrios sin servicios. No quedaba otra que movilizarse.

- Como cuando...
- No hicieron alcantarillas. Los vecinos cavaron zanjas en la calle con azadas y conectaron los bajantes de los edificios. O como cuando en medio de aquel enjambre de bloques en el barrio de la Salud querían hacer una gasolinera y el pueblo pedía una plaza. Era justo tener una plaza.

- Y la lograron.
- Lo habíamos pedido mucho. De forma espontánea los vecinos salían a la calle cada noche y destrozaban las obras de la gasolinera que se habían hecho por la mañana. Cuando se destrozó la hormigonera descartaron hacer la gasolinera. Hoy, siguen paseando  allí los abuelos y jugando niños.

Jordi Álvarez.

- ¿Por qué la reivindicación ha de llegar a extremos? 
- Hay mucha separación entre políticos y ciudadanía. Mucha distancia con la realidad de los barrios. Son los vecinos los que saben lo que se necesita. Nunca se piden cosas estrambóticas, sólo necesarias. Como cuando se reclamaba el paso bajo la vía en Segur de Calafell.

- Costó mucho conseguirlo.
- Y era una reivindicación lógica y justa. Había muertes, gente que se jugaba la vida cruzando la vía. Nosotros no íbamos a parar esa lucha. Lo incomprensible es que se tardase tanto en hacer. Y llega un momento en que en esas luchas brota una magia que no sabes que estaba.

- ¿Cuál?
- La que une a los vecinos. Cuando alguien está implicado con su barrio, lo mejora. Al final la gente se tiene que organizar cuando quiere co algo que no está en la agenda de los políticos. Y esa lucha común une a los vecinos que luego se ayudan entre sí. Hace 20 años que no iba a Sant Feliu y ha sido como si no hubiese pasado el tiempo. La unión fortalece lazos.

- Dijo que es el romanticismo de lo colectivo.

- Y el romanticismo de la rebeldía.

- Una de las críticas a aquellos que lideraron luchas vecinales es que acabaron en política. Y desmovilizados.
- En el franquismo no había asociaciones de vecinos y en los barrios se organizaron comisiones gestoras. En la transición a la democracia mucha de la gente que estuvo en la lucha tuvo que meterse en ayuntamientos por la capacidad de coordinar. El problema es la burocratización de la política.

- Es una manera de desactivar la movilización.
- Hoy hay muchas asociaciones que no son independientes. Esta es otra estrategia del poder que lleva a la desmoralización de los vecinos.

- ¿Ve señales de esperanza?
- El movimiento 15-M fue una muestra de que hay capacidad de reacción y de unión del pueblo para cambiar cosas.

- ¿Por dónde pasa la solución?
- Que la gente de los barrios se conozca. Que sepan que forman parte de un colectivo.

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