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El Cós de Sant Antoni más atípico de Vila-seca

Tradición. El domingo, a partir de las 12.30 horas y retransmitido por televisión, se celebra el único acto de la Festa Major de Sant Antoni que esquiva las restricciones de la Covid-19

Jordi Cabré

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FOTO: Pere Ferré

FOTO: Pere Ferré

Vila-seca celebra este domingo el tradicional Cós de Sant Antoni, las carreras de caballos reconocidas como Element Festiu Tradicional d’Interès Nacional por la Generalitat de Catalunya y cuya tradición arranca en el siglo XIX en la ciudad. La edición de 2021 viene marcada por la sombra de la pandemia de la Covid-19 y las restricciones obligadas de Protecció Civil de la Generalitat para frenar el avance del virus.

Por este motivo, la vistosidad de las carreras, el calor del público a lo largo del perímetro del hipódromo de la Torre d’en Dolça, el pulmón verde más importante de la ciudad y en el que se encuentra este equipamiento equino de primer orden, estará ausente para evitar que el virus pueda ensombrecer una de las citas caballares más importantes de este principio de año y uno de los puntos fuertes de la Festa Major d’Hivern de la ciudad.

Las casillas de salidas para la ocmpetiicón, ya están en el hipódromo. FOTO: Pere Ferré

El alcalde Pere Segura explica que «este año viviremos un Cós de Sant Antoni diferente, adaptado a las circunstancias actuales. Como que queremos mantener una tradición centenaria, el Cós se reinventa para cumplir las medidas de seguridad vigentes».

Precisamente, el Cós de Sant Antoni de Vila-seca será el único evento que se celebrará en la ciudad en la festividad dedicada al patrón (17 de enero). La convocatoria y las carreras programadas han sido posible gracias al esfuerzo del Ayuntamiento de Vila-seca, las cuadras participantes y la aceptación de las autoridades sanitarias catalanas, que permiten que competiciones deportivas profesionales se celebren, aunque con medidas de seguridad extraordinarias. Son loa únicos eventos que se ‘saltan el confinamiento’ generalizado.

Así, las tres carreras previstas el domingo al mediodía: Premi Torre d’en Dolça, Gran Premi Ajuntament de Vila-seca y Premi Patronat Municipal de Turisme de Vila-seca se desarrollarán sin público, sin autoridades y sin el ambiente festivo de un día especial en la ciudad.

Los preparativos de esta semana en el circuito de la Torre d'en Dolça. FOTO: Pere Ferré

Para poder disfrutar de las carreras, éstas se podrán verse por televisión. Será TAC12 quien retransmita a partir de las 12.30 horas el evento y permita disfrutar de las galopadas de los purasangres ingleses corriendo por un suculento premio en cada una de las carreras programadas. En total, hay un bote de 30.000 euros desglosado en diferentes premios.

La huella histórica del Cós

La historia de Vila-seca tiene capítulos escritos en materia ecuestre. Las carreras de caballos forman parte de la tradición del municipio del Tarragonès y se han convertido, con el tiempo, en uno de los elementos más autóctonos de la Festa Mayor de Sant Antoni, que por esta competición atrae a gente de todo la geografía española.

En esta edición, además de las consecuencias de la pandemia, la borrasca Filomena también ha elevado la dificultad para la celebración del evento, puesto que muchas de las cuadras de Madrid y del centro de España se han visto bloqueadas por la nieve y la falta de entrenamiento de sus ejemplares ha motivado que no puedan inscribirse.

A pesar de ello, otras cuadras de prestigio de España sí han confirmado su presencia en el hipódomo vilasecano (ver cuadro anexo) para competir y mantener el prestigio del evento y la tradición de la ciudad.

Vila-seca, junto con el hipódromo de la Zarzuela, a Madrid, San Sebastián y Sevilla, es uno de los lugares que reúnen el calendario oficial de competiciones hípicas en el Estado español. El “cós” ya se celebraba a finales del siglo XIX. Un documento del año 1876 que se ha podido recuperar da fe de los premios que se libraban en aquella época y de la forma en que se desarrollaba la competición.

Las caballerías, después de haber sido bendecidas, y cuando acababa la procesión se congregaban delante de la sede consistorial. Acto seguido, el rector de la parroquia tiraba una bandera al aire y el jinete que lo atrapaba tenía que salir corriendo, perseguido por el resto de competidores.

El recorrido por las calles de la ciudad ha derivado en un hipódromo permanente en un entorno natural. Cada año, días antes de la celebración del evento, operarios del Ayuntamiento trabajan sin descanso para convertir el trazado en una instalación de primer orden.

Hace casi 150 años, la montura que cruzaba primero la línea de llegada resultaba ganadora. El primer premio era un cordero; el segundo, cuatro pollos; el tercero cuatro cocas; y el cuarto, cuatro cebollas y un mandado de ajos. Ahora, el premio ya no es en especies, pero si un suculento capital de euros

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