El aeródromo de La Pineda

Historia. Tarragona intentó construir durante en la II República un campo de aviación para impulsar la economía. Fue el estallido de la Guerra Civil lo que activó este proyecto

Pedro Otiña

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Aterrizaje en el campo de aviación. FOTO: Hermenigild Vallvé. centre d’imatge de Tarragona

Aterrizaje en el campo de aviación. FOTO: Hermenigild Vallvé. centre d’imatge de Tarragona

Durante la II República, la ciudad de Tarragona estaba intentando construir un campo de aviación. Para las autoridades tarraconenses este proyecto podía significar un importante impulso económico para el territorio.

La ruta de vuelo que seguían las compañías de bandera francesa desde el año 1933 para conectar con diversas ciudades del norte de África, siguiendo la costa mediterránea, permitía el establecimiento de una escala para las aeronaves, aportando en consecuencia cierto beneficio económico a un territorio necesitado de oferta laboral.

Pero no fue hasta el estallido de la Guerra Civil en 1936 cuando se decidió construir el campo de aviación en la partida del Prat de Albinyana, en el término de Vila-seca. Los condicionantes para realizar la obra en este lugar se resumían en ser una zona no habitable muy extensa que se encontraba libre de importantes obstáculos geológicos, la presencia de caminos que conectaban con la carretera de Tarragona a Castellón y por la abundancia de agua dulce.

Imagen aérea del campo de aviación que se construyó en La Pineda. La fotografía es de 1938. FOTO: Archivo histórico del ejército del aire

El servicio de información del bando nacional en todo momento estuvo al corriente de la existencia de esta infraestructura y en los diferentes documentos lo identifican como el campo de aviación de Tarragona, o de Salou, o de La Pineda indistintamente.

Las instalaciones

Los trabajos de acondicionamiento se iniciaron a finales del mes de julio de 1936 y se prolongaron hasta el mes de diciembre de 1937. Las fincas incautadas por la autoridad republicana permitieron iniciar las obras en un terreno arenoso con evidencias de un antiguo pinar, cultivo de viñas y árboles frutales diversos.

El proyecto original, muy ambicioso para los tiempos que corrían, consideraba la posibilidad de construir tres pistas de aterrizaje, una de 1.200 metros aproximadamente y dos más cercanas a los mil metros de longitud.

Igualmente se tenían que construir dos hangares, una central transformadora además de una carretera o autopista tal y como se denomina en la documentación de la época, de 12 metros de ancho, que permitiría ir de Tarragona al campo de aviación en ocho minutos. También se había pensado un espacio para el estacionamiento de vehículos. Por último, como torre de control se usaría la Torre de Virgili, una construcción del siglo XVI, que durante el periodo de ejecución de las obras hizo las funciones de caseta de obras.

Estos edificios, de 1933, hubieran sido almacenes según el proyecto. FOTO: Cedida

También se usó un edificio existente en el lugar al menos desde 1933, formado por dos naves laterales, aparentemente de dos plantas de altura, que compartían un espacio a cielo abierto en el centro. Este edificio estaba pensado para ser utilizado como hangar, almacén de avituallamiento y taller de reparaciones. En él también se tenía que instalar una central telefónica.

Otro elemento significativo del campo de aviación era el refugio bajo tierra que se construyó. La estructura subterránea se encuentra localizada bajo la Torre d’en Virgili y probablemente tuvo en la época un mínimo de tres accesos. Se tiene constancia de la existencia de varias galerías así como un espacio circular de aproximadamente 1’5 metros de diámetro que podría haber hecho funciones de distribuidor de las diferentes galerías.

Por último, en uno de los laterales, en la banda de Tramontana, se instalaron tres depósitos de gasolina, a pesar de que parece que no se construyeron siguiendo el proyecto original. Tampoco se puede establecer si estos depósitos eran subterráneos o por el contrario eran visibles desde tierra.

Actividad aérea

En función de los datos conocidos, parece que el campo de aviación de La Pineda nunca fue inaugurado oficialmente. Con todo, el 7 de septiembre de 1936 hacia las 11 horas aterrizó de una manera imprevista un avión tipo limusine en una pista de tierra que todavía no estaba preparada para su uso. Unos días después, el 17 de septiembre aterrizó un segundo aparato. En esta ocasión se trataba de un biplano Caudron-Luciole que pertenecía al servicio aéreo de la Generalitat de Catalunya. 

El piloto era el tarraconense Francesc Cabré, que pertenecía al Aero Club de Barcelona y llevaba como observador a J. Vilanova. Por la tarde, según narran los diarios Llibertat y Diari de Tarragona se elevó y después de sobrevolar Tarragona regresó a su base en el aeródromo barcelonés del Prat. En mayo de 1937 aterrizó una avioneta que pudo ser fotografiada por Hermenegild Vallvé.

Las primeras noticias referentes a la actividad de aviones militares en el campo datan de marzo de 1938. Después de la batalla de Teruel, en el campo vila-secano se habría reorganizado parte de la aviación republicana. Aquel mismo mes, el día 13, tomó tierra, posiblemente con problemas en el avión, Juan Ros Rubio, que pilotaba el aparato CM-102 perteneciente a la 3ª escuadrilla de moscas. El 30 de marzo, después de una misión de protección a los bombarderos Tupolev SB-2 Katiuskas que atacaban en Barbastro, cazas republicanos aterrizaron en La Pineda, donde se los llenaron los depósitos de combustible. A continuación despegaron para hacer una nueva misión de protección a los Katiuskas que bombardeaban sobre Caspe. Al acabar la misión parece ser que vuelven a aterrizar en el Prat d’Albinyana según nos indica el piloto Francisco Tarazona en sus memorias

En abril de 1938 se refundaba con pilotos nacionales la 3ª de moscas en el campo de aviación de Tarragona. Esta escuadrilla estuvo formada por el teniente José Maria Bravo como jefe de escuadrilla. Los sargentos Francisco Tarazona, José Alarcón y Restituto Toquero como jefes de patrulla. Como puntos quedaban Vicente Beltrán, Andrés Fierro, Francisco Paredes, Pedro Utrilla, Esteban Yuste y Luis Sirvent. El emblema del escuadrilla fue una ficha del juego del dominó: el seis doble. Junto con los pilotos y los aparatos, la escuadrilla estaba formada por toda una serie de personas que conformaban el escalón de tierra, donde mecánicos, armeros, conductores de vehículos tenían por misión poner y mantener a punto los aviones y sus tripulantes.

El 16 de abril realizaron misiones de protección de los bombarderos republicanos que dejaban caer la munición sobre Valdealgorfa (Teruel). El 17 de abril despegaron para realizar una misión similar con los bombarderos Katiuskas que atacaban en San Mateo – La Jana (Castellón). El objetivo de este bombardeo era evitar que las tropas franquistas consolidaran sus posiciones que partían la zona republicana en dos. 

Finalmente, la 3ª de moscas fue trasladada a Sagunto el día 19 de abril. A partir de este momento la instalación solo será utilizada como campo de aterrizaje de emergencia o para realizar acciones de desconcierto a la aviación nacional puesto que en ocasiones se instalaban maquetas de cartón y maderas que simulaban ser aviones.

Bombardeos contra el campo

De acuerdo con las memorias del piloto Luis Sirvent, entre los días 13 y 14 de abril de 1938 la nueva unidad es trasladada al campo del Prat d’Albinyana, justamente después de que se realizara el primer ataque contra el campo. El 16 de abril, cuando volvieron de una misión de protección de bombarderos anteriormente comentada, durante el preciso momento de cargar combustible, hicieron acto de presencia tres aviones italianos Saboya 79. 

Según las memorias de los pilotos, algunos aviones republicanos consiguieron despegar para interceptar a los agresores. Pero no tuvieron suerte. Los aviones italianos dejaron caer unas veinte bombas que causaron desperfectos en la pista de tierra compactada pero no causaron daños personales ni materiales. Los aviones agresores desaparecieron en dirección Palma de Mallorca.

El 20 de abril de 1938, la aviación franquista realizó un nuevo ataque aéreo, siendo los objetivos  Tarragona y el campo de aviación. Parece que en esta ocasión el ataque lo realizaron seis aviones alemanes que soltaron unas 20 bombas, afectando fortificaciones y la estación del ferrocarril, donde hubieron un par de heridos leves. Los aviones atacantes, durante su fuga, ametrallaron la carretera entre Salou y Cambrils.

El 2 de noviembre de 1938, nuevamente aviones alemanes, realizaron un nuevo ataque contra el campo y el territorio inmediato. Después del bombardeo uno de los aviones atacantes se dirigió hacia Vila-seca bombardeando el puente del Francolí y la vía del ferrocarril hasta llegar al núcleo habitado.

Tres días después se inició una gran operación de bombardeo de las fuerzas aéreas franquistas contra la zona de Tarragona y sus alrededores. Los campos de aviación de Valls, la Pineda y el aeródromo de Reus fueron objetivos prioritarios del bombardeo. Diferentes artefactos impactaron en el campo de aviación de acuerdo con los comunicados del servicio de vigilancia franquista.

El final de la guerra

La entrada de las tropas franquistas en el mes de enero de 1939 en Vila-seca supuso el fin de la guerra para el pueblo. Después de las oportunas confirmaciones se iniciaron los trámites para devolver a los legítimos propietarios las fincas incautadas por los republicanos para construir el campo de aviación y sus accesos. Durante un tiempo, se estableció en el campo una guarnición militar para custodiar el armamento que había quedado en el antiguo edificio que se supone que hacía funciones de hangar. Este mismo edificio también se devolvió a sus propietarios que podían disponer libremente de él, pero en previsión de futuras acciones militares, se consideró oportuno que no se tenía que demoler.

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