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El año que El Vendrell luchó contra la epidemia

Reportaje. Se cumplen 110 años de la epidemia de cólera que afectó a la localidad. Por todo el municipio tuvieron que instalarse equipos para hacer frente a la enfermedad

JOSÉ M. BASELGA

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Trabajos para desinfectar los depósitos de agua en la zona de Tomoví. FOTO: ARXIU COMARCAL

Trabajos para desinfectar los depósitos de agua en la zona de Tomoví. FOTO: ARXIU COMARCAL

La noche del 30 al 31 de agosto de 1911 muchos vecinos de El Vendrell enfermaron con diarreas, vómitos, rampas dolorosas e insuficiencia renal. La sucesión de casos alarmó. También afectó a Sant Vicenç de Calders, Santa Oliva, Albinyana, La Bisbal, Calafell y Masllorenç.

El 23 de julio el alcalde de El Vendrell envió un telegrama al Gobernador Civil de Tarragona, Federico Schwart, explicando la muerte de una persona por una enfermedad sospechosa. Era Maria Marqués que había llegado de Barcelona para cuidar a su hermana. El alcalde consideró que no era cólera, pero que la Junta de Sanidad estaba reunida por precaución.

El 24 de julio también se informó al Gobernador que el 12 de julio llegó al puerto de Sant Salvador un barco procedente de Roma y que venía de Vilanova. Pero tenía la patente sanitaria limpia. Sin embargo los casos seguían aumentando.

Se controló el agua de los torrentes.

Los análisis confirmaron una epidemia de cólera por agua infectada. Había que actuar con urgencia. Se cerraron fuentes y prohibió el uso de agua sin hervir. Pero debía detectarse el foco del bacilo de Koch, considerado como la única causa de la enfermedad.

El 23 de septiembre, el doctor Francisco Murillo, junto con otras personas, visitaron el torrente de La Bisbal y Tomoví. Murillo era higienista y pidió solucionar el problema en origen. Recomendó desinfectar las instalaciones de agua y hacer una canalización cubierta desde su nacimiento hasta la entrada a las tuberías, renovadas en 1907.

Trabajos para un depósito en Tomoví. FOTO: GUIXENS

En Tomoví se construyó un depósito en comunicación con las conducciones, se llenó con una solución desinfectante y se envió a todas las tuberías, depósitos y balsas. Se vaciaron y volvieron a llenar y un químico las analizaba cada hora. Cuando se consideró correcto los vecinos pudieron volver a usar el agua.

Pero además de las obras había que atender a los afectados. Una cuarta parte de los vecinos se vieron con diarreas, vómitos, rampas dolorosas, hipotermia... El número de fallecidos no se sabe con exactitud. Algunas fuentes hablan de más de cien.

Brigada para potabilizar agua. FOTO: GUIXENS

Hubo un control estricto de circulación de personas. El 3 de septiembre ya eran necesarias las patentes sanitarias. Los grallers Els Felius estaban contratados en Borges del Camp pero se le avisó que no les dejarían entrar.

En 1911 El Vendrell empezaba a resurgir de una crisis provocada por la filoxera de 1892. Había unos 4.500 habitantes. Agricultura, manufacturas, fábricas de aguardiente y gas eran pilares económicos. Había hospital desde 1880, matadero desde 1884 y mercado desde 1887.

Una de las potabilizadoras. FOTO: GUIXENS
El hospital de campaña. FOTO: GUIXENS

El Ayuntamiento pidió ayuda en la prensa ofreciendo buen suelo, pero no hubo respuesta. Gracias al rector Esteve Font llegaron un grupo de más de treinta monjas Carmelitas Misioneras Terciarias Descalzas de Tarragona. Su misión, junto aun grupo de médicos fue esencial.

Potabilizadora

También faltaba material. Muchas obras las asumió la Junta de auxilio. El 2 de septiembre llegó un tren sanitario con equipos de desinfección, máquina esterilizadora y hospital de campaña para 20 camas que se levantó en la Muntanyeta. Durante el periodo epidémico hubo dos laboratorios.

Reparto de ayuda en la puerta del Ayuntamiento.

También trajo una máquina potabilizadora que se colocó en la Rambla. Trataba 500 litros a la hora y no daba a basto. Tuvo que venir otra que costó 11.000 pesetas. Pero se rompieron y tuvieron que llevarse a Barcelona. Mientras se reparaban se trajo agua con trenes cisterna desde Riudecanyes.

Hubo una estufa esterilizadora para la ropa que primero estuvo en las Tres Eres y después en la Muntanyeta. En la planta baja de la Casa de la Vila se preparaban soluciones antisépticas y se repartían en la plaza Vella

Leche condensada

La Junta de auxilio abrió una subscripción. Se pidió ayuda en la prensa local, de Tarragona, Barcelona y Madrid. La respuesta fue rápida. El estado de cuentas del 30 de diciembre era de 73.390 pesetas. También se donaron, gallinas, huevos, leche condensada, galletas, arroz y piezas de ropa. El gobernador civil de Barcelona concedió mil pesetas.

Autoridades en el Ayuntamiento. FOTO: GUIXENS

Muchos vecinos quedaron desproveídos. Quienes tenían una casa fuera marcharon. La junta de ayuda coordinó el reparto en la puerta del Ayuntamiento. En El Vendrell había 17 hornos de pan que elaboraron más de 9.000 kilos. La junta se hizo cargo de os gastos.

La epidemia remitió a medidos de septiembre. Se iban dando de alta a los afectados y no se infectaba nadie más. El 30 de septiembre el delegado de sanidad, doctor Murillo, daba el alta sanitaria.

Fue importante ya que no harían falta patentes para personas y mercancías para entrar y salir del pueblo, pero se recomendó durante una temporada cumplir las medidas sanitarias.

Las hermanas que acudieron a la ayuda.
El doctor Murillo

Se ofreció una misa por los difuntos. En la calle Muralla estaba la tienda Neotafia para hacer ataúdes. Era conocida como Cal Caixes. Un ataúd adulto costaba 15 pesetas. El Ayuntamiento ayudó a muchas familias a comprar ropa de duelo negra.

La brigada sanitaria continuó hasta el 31 de octubre y los trabajadores municipales tuvieron paga doble. La Fira de Santa Teresa se aplazó a diciembre. El Ayuntamiento dedicó la plaza consistorial a Francisco Murillo. El 25 de julio de 1913 se le hizo homenaje y nombró hijo adoptivo.

El Portal del Pardo de El vendrell acoge una muestra elaborada por el Arxiu Comarcal del Baix Penedès sobre aquellos hechos.

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