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El cambio climático agrava la regresión de las playas

Los temporales, cada vez más intensos, la subida del nivel del mar y el efecto de los puertos construidos dejan en la encrucijada un valor turístico clave de la Costa Daurada

R.Cosano/J.Cabré

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Trabajos recientes de aportación de arena para regenerar la playa del Francàs, en El Vendrell,  tras la acción de los temporales y las mareas. Foto: DT

Trabajos recientes de aportación de arena para regenerar la playa del Francàs, en El Vendrell, tras la acción de los temporales y las mareas. Foto: DT

La playa de El Francàs, en El Vendrell, es el último ejemplo de la ‘arenadependencia’ del litoral de la Costa Daurada. En lo que llevamos de primavera el Estado ha financiado más de 130.000 metros cúbicos de arena en diferentes playas con un coste superior al medio millón de euros. A pesar de esta inversión, todavía hay voces en la Costa Daurada de falta de arena urgente antes del inicio del verano, a la vuelta de la esquina.

La temporada 2017 está garantizada y las playas con mayor o menor satisfacción tendrán arena fina para poner la toalla y la sombrilla. Pero la pregunta es si esta necesidad de transportar metros cúbicos de arena cada primavera es irreversible con el riesgo de que la Costa Daurada pierda tirón turístico.

El director de la Càtedra Dow/URV de Desenvolupament Sostenible y profesor de Geografia, Òscar Saladié, explica que «las playas, de manera natural, acostumbran a estar en equilibrio (pérdidas y aportaciones).  En el marco de esta dinámica, el principal problema son los temporales». 

Una draga en La Pineda durante 20 años

La prolongación del dique de Llevant del Port de Tarragona condicinó la estabilidad de la playa de La Pineda, que tenía los días contados por la pérdida de arena irrecuperable. Por ello, se acordó un convenio medioambiental en el que el Port, además de construir un dique en la zona del Racó, aportaría arena durante 20 años con el fin de estabilizarla y mantener una playa con fines turísticos. Cada año, en el mes de mayo, una draga pagada por el Port de Tarragona trabaja en La Pineda. Extrae arena del fondo del mar, cerca de la bocana, y la vierte en la orilla. Este año 150.000 metros cúbicos.

En la mayoría de los casos, las playas de la Costa Daurada eran más anchas que en la actualidad y a menudo había zonas de dunas y humedales que servían de reservorio de arena para contrarrestar las pérdidas puntuales. De este modo, la recuperación natural era menos lenta y no requería de la mano del hombre.

Actualmente muchas de las playas tienen una anchura muy menor, puesto que se han ocupado por edificaciones o paseos marítimos. Y son testimoniales las playas que disponen de zonas de dunas o de humedales. «Además, hemos construido infraestructuras perpendiculares a la línea de la costa que obstaculizan el transporte de arena por la corriente marina», añade Saladié. 

De este modo, hay playas que ganan superficie por acumulación de sedimentos que dejan de circular; y playas que pierden por que no llegan los sedimentos que han dejado de circular y se han acumulado en otras playas.

‘Hemos construido infraestructuras que obstaculizan el transporte de arena por la corriente’, Òscar Saladié, profesor de Geografía en la URV

«A eso tenemos que añadir que los temporales actualmente son más frecuentes y más intensos. Esta mayor frecuencia e intensidad está asociada al cambio climático: aumento de las temperaturas del aire, pero también aumento de la temperatura del mar. Y claro, la suma de frecuencia e intensidad hace que la afectación sea más recurrente y más severa», remarca el profesor de la URV.

Nivel del mar

Finalmente, se encuentra, como factor decisivo, la subida del nivel del mar, también asociada al cambio climático: expansión térmica de los océanos por el aumento de la temperatura (más volumen); deshielo (más cantidad). «No es una afectación tan abrupta como la de un temporal, pero hace su camino», señala Saladié. 

De acuerdo con el Tercer Informe del Cambio Climático en Catalunya, las proyecciones indican incrementos de entre 2,5 y los 5,6 milímetros al año.
Las playas más vulnerables son aquellas que están más expuestas a un fenómeno determinado (o a la suma de los fenómenos anteriores). Todo ello hace que la recuperación natural debido a un temporal sea mucho más lenta. En algunos casos la pérdida podría llegar a ser irrecuperable. «Esto hace que para garantizar un recurso (la playa) necesario por el turismo de «sol y playa», se intervenga para regenerar las playas afectadas y que estén a punto para recibir a los turistas y a los residentes de la zona que, entre otras cosas, quieren disfrutar de este litoral», apunta Saladié.

La solución menos agresiva para el medio ambiente sería no hacer nada. Pero la antropización del litoral haría que, en muchos casos, la recuperación natural no fuera posible o, como mínimo, demasiado larga en el tiempo desde el punto de vista de una actividad muy importante en nuestro territorio como es el turismo. 
Dragar el fondo del mar es una solución temporal hasta que llegue el siguiente temporal marino. Toda modificación del entorno genera un impacto ambiental y, en este caso, además, acarrea unos importantes costes que tendrían que ser incorporados en el balance turístico y no ser considerados como una externalidad.

En definitiva, es muy posible que en algunas playas sea necesaria una intervención periódica (anual) como consecuencia de los fenómenos tempestuosos cada vez más frecuentes e intensos. De lo que tampoco hay ninguna duda es de que se tendrán que tomar medidas en todas las playas para hacer frente al aumento del nivel del mar.

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