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El director de cine Rubén Salazar: 'Los festivales son un núcleo de talento'

El año pasado ganó el premio al mejor cortometraje de ficción estatal en el Festival Internacional de Curtmetratges de Vila-seca (FICVI) y este año forma parte del jurado del certamen
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Imagen del director de cine Rubén Salazar. FOTO: CEDIDA / TERESA ARILLA

Imagen del director de cine Rubén Salazar. FOTO: CEDIDA / TERESA ARILLA

El año pasado ganó la primera edición del Festival Internacional de Curtmetratges de Vila-seca (FICVI) con el corto ‘Villa Mnemósine’ y este año es miembro del jurado. ¿Qué supone estar al otro lado?
No es la primera vez que formo parte de un comité de selección. Lo más importante es que hay que aplicar muchos criterios a la hora de escoger los mejores cortos y tener en cuenta desde la dirección hasta la parte artística, el montaje, y sobre todo que la historia tenga suficiente repercusión. Con toda esta alquimia tendré que hacer una valoración lo más objetiva posible. Es un trabajo arduo, pero gratificante.

¿Qué oportunidades ofrecen los festivales a los creadores emergentes?
Los festivales, como el FICVI de Vila-seca, son un núcleo de talento, y donde poder compartir y ver todo tipo de cortos. El propósito de los festivales es tener el público delante y que disfrute de las creaciones en una pantalla grande, a oscuras, con buen sonido…

Rubén Salazar, director de cine
Imagen del director de cine Rubén Salazar recogiendo el premio en la primera edición del FICVI. FOTO: CEDIDA

¿Cualquier historia vale para un corto?
Todo se puede contar, ya sea a través de un rodaje en una casa en el interior de una habitación o una gran producción que exige muchas localizaciones. El guion siempre estará al servicio de una historia, aunque a veces cuando la producción se vuelve muy cara puede que haya que sacrificar escenas para poder contar lo mismo pero con otro tipo de recursos.

¿El tiempo es un factor que juega a favor o en contra?
Aunque hay festivales cuya esencia es limitar el tiempo de los cortos, muchos otros no son tan estrictos.  Una obra de tres minutos se puede hacer insufrible y otra del mismo tiempo te puede dejar con ganas de más. 

¿La financiación sigue siendo el talón de Aquiles?
Rodar un cortometraje no es gratis. Existen unos costes de recursos humanos, técnicos y tecnológicos, que no podemos pasar por alto. Sí que es verdad que acceder a ayudas públicas y subvenciones es una salida que todo el mundo tantea.

¿Sin recursos económicos una historia debe esperar en un cajón?
Las historias pueden esperar. Aunque te puedes lanzar e intentarlo. Pero, por mi experiencia, cuando tengo en mente un proyecto y lo defino, puedo pulir la historia o economizar, pero no tanto como para hacerla a coste cero. Es mejor esperar. Con el corto Villa Mnemósine, que fue con el que gané el premio al mejor cortometraje de ficción estatal en el FICVI, nos las ingeniamos para conseguir la financiación.

Rubén Salazar
Fotograma del corto Villa Mnemósine de Rubén Salazar. FOTO: CEDIDA

‘Villa Mnemósine’ es un cortometraje sin diálogos y con una historia muy condensada.
Anteriormente a este cortometraje, había hecho otros proyectos en el cine de animación y también sin diálogos. Villa Mnemósine bebe de esta experiencia anterior. Es un reto que cada secuencia y te cuenten una historia sin necesidad de palabras. Es como contemplar un cuadro en movimiento y el resultado son varias secuencias que narran una historia. Me gusta el esfuerzo que supone.

¿El público está preparado para este esfuerzo de comprensión?
No es una obra fácil, porque la historia va y viene, no es lineal. El cortometraje Villa Mnemósine no tiene una narrativa común, entonces el público tiene que estar preparado para hacer este esfuerzo de comprensión. Y hay que ver toda la obra para asimilar la historia. 

¿Hay que huir del imperio comercial?
Si quieres seguir contando historias tienes que contar con esta parte comercial para estar en el candelero, esto no significa renunciar a obras de autor.

¿Los cortos viven su edad de oro?
Sí. La verdad es que existe esta percepción por varias razones. Técnicamente hay más medios y más apropiados para contar cualquier historia y los equipos humanos también son una pasada. Hay un buen caldo de cultivo.

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