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El divorcio entre el ser humano y la naturalieza

Museu Deu. Sergi Quiñonero expone en El Vendrell obras elaboradas con materiales recogidos en el bosque

Javier Díaz

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Quiñonero (Barcelona, 1968), junto a varias de las piezas expuestas en el Museu Deu.  FOTO: Cedida

Quiñonero (Barcelona, 1968), junto a varias de las piezas expuestas en el Museu Deu. FOTO: Cedida

«Me duele ver cómo tratamos la naturaleza, cómo la explotamos, cómo la contaminamos, cómo la inundamos de residuos... Cualquiera puede percibir esto, yo necesito decir lo que siento y pienso al respecto a través de mi obra», afirma Sergi Quiñonero.

Este artista barcelonés afincado en Els Guiamets condensa en la exposición Naturalis, en el Museu Deu de El Vendrell, veinte años de trabajos inspirados en la naturaleza y elaborados con materiales recogidos en su entorno: ramas y hojas de árboles, tallos de gramíneas, pétalos de amapola, excreciones de gusano y hasta restos de neumático y plásticos tirados en arcenes de carreteras.

Arriba y a la derecha, tres de las obras de la muestra ‘Naturalis’, en la que Sergi Quiñonero combina distintas artes plásticas. FOTO: Cedida

«El divorcio entre el ser humano y la naturaleza lleva a una pérdida de contacto de la persona con su propia naturaleza. Esta frase es el núcleo de mis inquietudes artísticas y vitales, la búsqueda en la que estoy inmerso», dice Quiñonero, que hace doce años cambió el ajetreo de la gran ciudad por la tranquilidad rural.

La muestra, de «arte ambiental», cuenta con esculturas, instalaciones sobre la pared de la sala, fotografías, pinturas o collages. «El tipo de obra que está más presente es el objeto, por herencia del ready made (objeto encontrado) y de toda la tradición de las vanguardias del siglo XX», explica.

Crítica social

El discurso del ideario ecológico cala en su obra. Pretende sensibilizar al público, hacerle pensar y que tome consciencia sobre «la imperiosa necesidad de redefinir la manera en la que el ser humano está en el mundo, qué estamos haciendo en relación a los recursos naturales que necesitamos para sobrevivir y cómo los obtenemos. La naturaleza tiene un enorme poder, pero a la vez es frágil, la necesitamos mucho pero nos estamos alejando de ella con nuestra vida contemporánea en las ciudades».

Quiñonero, licenciado en Psicología y educador social, no entiende al arte sin crítica social: «Una de las funciones que debemos cumplir los artistas en la sociedad es devolverle una crítica o una reflexión sobre el momento histórico que nos ha tocado vivir. Otras formas de pensar o percibir el mundo son posibles y el arte es un buen instrumento para transmitirlo».

Él incorpora a sus trabajos «la poética» de los materiales que emplea, una materia prima «accesible, no ostentosa y no tecnológica» que le aporta también «una poética de la humildad». «La obra de arte resulta así mucho más cercana al espectador, más humana», asegura. Esta concepción artística es el resultado de la convergencia de algunas de sus influencias: «el objeto encontrado que aplico a los materiales que encuentro en el bosque; la figura de flâneur, que vaga dejándose inundar de sensaciones naturales; o la poética del arte povera, materiales pobres y residuos combinados con otros procedentes de la naturaleza».

‘Este mundo no es el mío’

El germen de Naturalis está en un pequeño cuaderno de la artista sabadellense Fina Miralles (de referencia para Quiñonero), en cuyo texto se puede leer: «Dicen que el artista ha de ser el reflejo del mundo en el que vive. Este mundo no es el mío, es el vuestro. Yo ya hace tiempo que me he retirado y alejado, voy por caminos de tierra, arena y agua de mar. Por los caminos invisibles del aire, caminos más suaves, alegres, vitales y felices. Con unión con la vida y fraternidad de todos con todo».

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