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El libro indescifrable, en Altafulla

Una copia en facsímil del 'Manuscrito Voynich', el códice que nadie ha conseguido leer, estará en el museo del Forn del Senyor

J.R Correal

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Algunas páginas contienen dibujos de plantas desconocidas. Foto: D.T

Algunas páginas contienen dibujos de plantas desconocidas. Foto: D.T

Nadie ha logrado desentrañar su contenido 600 años después de pasar por las manos de los más expertos criptógrafos. Es el Manuscrito Voynich, un libro que actualmente se encuentra en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale y del que una imprenta española ha conseguido los derechos mundiales para realizar copias en facsímil. Una de estas reproducciones irá a parar al museo de facsímiles del Forn del Senyor de Altafulla, cuyo propietario, el notario de Tarragona Martín Garrido, acaba de sellar un acuerdo de colaboración con el Museo del Libro ‘Fadrique de Basilea’ de Burgos. Este museo también es privado y pertenece a la imprenta Siloé, que es la encargada de realizar el facsímil del Voynich.

El hecho de que finalmente haya varias copias de alta calidad, que reproducirán hasta el más mínimo defecto del enigmático volumen, permitirá intensificar los estudios para descifrar de una vez por todas el contenido de las 30.000 palabras dispuestas en las 252 páginas. Ni siquiera los criptógrafos militares que descifraron los códigos secretos de comunicación alemanes y japoneses durante la Segunda Guerra Mundial consiguieron dar con el significado de los contenidos del Voynich.

La aproximación científica que más luz ha aportado al significado del esotérico volumen fue la comprobación de que el Manuscrito Voynich cumple la Ley de Zipf sobre la frecuencia de las palabras. En los años 40, el lingüista norteamericano George Zipf formuló la teoría de que el vocablo más utilizado en el texto de una determinada lengua aparece el doble de veces que el segundo más utilizado, el triple de veces que el tercero y así sucesivamente. En el Voynich se da esta cadencia en las palabras y desde luego es imposible que cuando se escribió en el siglo XV se tuviera noticia alguna de la Ley de Zipf. Todo ello conduce a la conclusión de que el denominado «libro imposible» está escrito en alguna lengua desaparecida, de la que no ha quedado más rastro que el Manuscrito Voynich.


El nombre
El Voynich debe su nombre al librero lituano Wilfrid Voynich que lo adquirió en 1912 junto a una partida de volúmenes antiguos de los que se desprendió un colegio jesuita de Frascati, en las afueras de Roma, donde a su vez había llegado tras numerosos avatares. En seis siglos la única certeza sobre el Voynich la ha aportado la prueba del carbono 14. La rareza bibliográfica, el único libro medieval que queda por descifrar, fue escrita entre 1404 y 1438. En plena desesperación por la impotencia traductora, Walter Scott llegó a exclamar: «En este temible volumen yace el misterio de los misterios». En breve se podrá contemplar en el museo del Forn del Senyor de Altafulla. Una tentación para bibliófilos.

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