El paisaje de Mont-roig, las raíces de Joan Miró

Baix Camp. El vínculo con la tierra se convirtió en punto de atracción, modelo e inspiración de buena parte de la producción pictórica del artista universal

ELENA JUNCOSA VECCHIERINI

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Exterior de Mas Miró. FOTO: Fundació Mas Miró

Exterior de Mas Miró. FOTO: Fundació Mas Miró

Decía Joan Perucho que si hay un nombre que esté estrechamente vinculado a la raíz física de una tierra o un paisaje, este es indudablemente el de Joan Miró. Y lo está tanto por una conexión de fatalidad, biológica e irrenunciable, como por una mantenida voluntad de que así sea. Miró llegó a Mont-roig, concretamente a su masía, hoy conocida como Mas Miró, a recuperarse de una depresión en 1911.

Y es aquí, en contacto con la tierra, el trabajo de los campesinos, y la sencillez de las cosas cotidianas, que decidirá dedicarse a la pintura en contra de los deseos de su padre. Joan Miró clavó sus pies en la tierra de Mont-roig y comparó sus raíces con las raíces de los árboles que contemplaba. Para él, las raíces de los algarrobos eran como sus pies que penetran en la tierra, y este contacto le proporcionaba una fuerza enorme. Joan Miró es uno de los artistas catalanes más universales e influyentes del siglo XX. Pintor, escultor, grabador, ceramista, son varios los paisajes que definen a Joan Miró. Él mismo afirmó que Barcelona, Mallorca y Mont-roig configuraban su arte y su personalidad. Joan Miró nació en Barcelona en 1893 y murió en Mallorca en 1983, donde se estableció a finales de los años cincuenta. Pero es aquí, en Mas Miró, donde decidió dedicarse a la pintura. Este lugar será siempre el contrapunto, el choque original al cual siempre regresará. Por ello decimos que Mont-roig es el paisaje emocional de Miró.

Marco que muestra la vista que Miró usó para ‘Mont-roig, l’església i el poble’. FOTO: Fundació Mas Miró

Joan Miró fue conocido por su discreción y sus silencios legendarios. Pero también por sus frases contundentes, sobre todo al hablar de este lugar. «Toda mi obra ha sido concebida en Mont-roig», «Es la tierra, la tierra, algo más fuerte que yo... esta fuerza de la tierra de Mont-roig», «Os aseguro que donde soy más feliz es en Catalunya, en Mont-roig, que es donde creo que es más Catalunya» o «Montroig es el choque preliminar al que siempre vuelvo», son algunas de sus célebres frases, junto a otras como «Mont-roig es para mí como una religión» y «Soy más feliz llevando suéter y bebiendo en porrón entre los campesinos de Mont-roig que en París entre duquesas en grandes palacios y con esmoquin».

El paisaje

Los primeros dibujos y las primeras pinturas que se conservan de Joan Miró representan paisajes de Mont-roig y otros pueblos de la zona y los realizó entre 1906 y 1919, y son pinturas de aquello que un joven Miró ve en: árboles, puentes, rieras e iglesias, y que ya desvelan el interés del artista por el paisaje. Durante los años 1916 y 1917 Mont-roig se convierte casi exclusivamente en el centro de la obra de Miró. Así lo constatan los títulos escogidos para denominar estas obras, siempre poniendo especial énfasis en el paisaje. Mont-roig, el pueblo, Mont-roig, el río, Mont-roig, el puente, Mont-roig, Sant Ramon o Paisaje de Mont-roig. Y estas pinturas no corresponden al Miró que a todos nos viene a la cabeza en un primer momento, el Miró de los colores vivos, de las estrellas, de los pájaros, de las constelaciones... pero esta producción es capital para entender la evolución de su obra.

La obra ‘La masía’. FOTO: ©Successió Miró, 2020.

La inspiración

Mont-roig y sus paisajes se convirtieron en punto de atracción, modelo e inspiración de buena parte de la primera producción pictórica de Joan Miró. Hoy, estos espacios se pueden visitar en una ruta llamada El paisaje emocional de Miró, que recorre los diferentes lugares, debidamente señalizados e identificados, donde el visitante puede observar en primera persona los paisajes convertidos por Miró en obras de arte mundialmente reconocidas. Mas Miró complementa esta visita como uno de los escenarios fundamentales, que, además de estar representado en la obra La masía, tiene el privilegio de haber sido casa y taller del artista. En las telas de esta etapa parece que Miró haga un inventario de los frutos que dan las tierras de Mont-roig, todo perfectamente detallado, dando igual importancia a una pequeña planta que a un árbol, respetando todos los detalles. Esta etapa culmina con La masía, clave y punto de inflexión para su producción futura. Es un retrato sincero de la realidad de la vida del campo y de la realidad de Miró.

Taller del artista. FOTO: Mas Miró

Mont-roig es vital y necesario para el pintor y para la persona. Miró se refugia cada verano en el Mas, y en su retiro estival pone en orden los conceptos e ideas aprendidos en contacto con otros artistas e intelectuales de su época. Y como él mismo reconoce, lejos del frenesí artístico de París o Nueva York, Mont-roig resulta ser el mejor entorno para desarrollar su trabajo.

Museo

Mas Miró, hoy convertido en museo, está formado por una serie de edificios de distintas épocas, desde el siglo XVIII hasta el siglo XX. El edificio principal era conocido originariamente como Mas d’en Ferratges y fue construido por los marqueses de Mont-roig. Desde el punto de vista arquitectónico se enmarca en la tipología de casa de indianos, ya que el marqués de Mont-roig fue un político liberal destacado de su época, que hizo carrera en Cuba.

Junto al edificio principal, la casa de los masoveros, modelo de la obra más emblemática de la etapa figurativa de Miró, La masía, que actualmente se expone en la National Gallery of Art de Washington. Prácticamente todo se conserva tal y como lo dejó el pintor en 1976, último año que estuvo en Mas Miró.

A pocos metros de la masía encontramos el taller, un edificio independiente donde Joan Miró se dedicaba a la creación y al trabajo de su obra. Construido a finales de los años cuarenta, fue concebido por el propio artista con la voluntad expresa de poder realizar en él la escultura. El espacio aún conserva varios elementos que forman parte de la actividad de Miró: utensilios, bocetos, materiales y objetos diversos. En las paredes destacan unos grafitos que Miró pintó utilizando la pared como soporte para representar sus ideas.

La importancia del vínculo de Miró con la tierra no solo queda patente en su obra sino también en sus declaraciones y en su correspondencia. El 31 de julio de 1935, Miró escribe desde Mont-roig al pintor Vassily Kandinsky, dándole indicaciones sobre un viaje que el artista ruso debe realizar por España. Después de darle una serie de indicaciones sobre con quién debe verse en Barcelona y Mallorca, le indica: «Para venir aquí a Mont-roig, visita con la cual contamos, me permito aconsejarle venir a su vuelta, hará menos calor y la uva estará madura».

Para siempre

De hecho, esta fidelidad de Miró por Mont-roig durará toda la vida y, excepto los años de la guerra civil, regresará cada año a Mas Miró hasta el final de su vida.

Una de estas últimas visitas coincidió con el nombramiento como hijo adoptivo y la entrega de la primera medalla de honor por parte del Ayuntamiento de Mont-roig el 29 de abril de 1979. Sabemos que esta era una reivindicación que muchos llevaban reclamando hacía años, pero al parecer el cambio de nombre de la plaza que le dedicaron (antes bautizada con el nombre del General Franco), obligó a que se realizara una recogida de firmas para apoyar el cambio de nombre.

La emoción de Miró era tan evidente que dejó escrito en el libro de honor del Ayuntamiento: «Amb tota l’emoció us dono les gràcies i de tot cor us dic: Visca Mont-roig! Aneu fent feina per donar-li glòria».

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