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Fati, la niña que sueña con ser jueza desde Vila-seca

Vacaciones en paz. La chica saharaui, de 13 años, disfruta de un verano diferente con su familia de acogida en el Camp de Tarragona gracias a la ONGD Hammada

CRISTINA SIERRA

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Fati con Francisco Guerrero y Dolores Fernández en la plaza dels Països Catalans de Vila-seca. FOTO: Fabián Acidres

Fati con Francisco Guerrero y Dolores Fernández en la plaza dels Països Catalans de Vila-seca. FOTO: Fabián Acidres

«Lo que más me sorprendió cuando llegué fueron los caballos. ¡Hay muchos!». Este es el recuerdo que tiene Fati, una niña saharaui de 13 años, de la primera vez que pisó el Camp de Tarragona. La preadolescente empezó a venir a la provincia hace tres años, gracias al programa Vacances en Pau que organiza la ONGD Hammada. Desde hace dos veranos vive con Francisco Guerrero y Dolores Fernández, una pareja que reside en Vila-seca que la ha recibido con los brazos abiertos. «Es una más de la familia», apuntan al Diari.

Fati llegó el pasado 7 de julio y regresará con sus padres y sus tres hermanas el 26 de agosto. Según explica la protagonista, dos de sus hermanas también vivieron hace años esta experiencia de residir con una familia de acogida en verano. En un perfecto castellano, lengua que estudia en el colegio donde próximamente empezará tercero de la ESO, explica que tiene dos amigas que viven en Vila-seca y que mantiene un contacto permanente a través de WhatsApp con sus familiares.

Durante estas semanas la joven pasa las mañanas en el Mega Estiu, el casal de verano que organiza el consistorio vilasecano. «Me gusta porque vamos a la piscina, hacemos actividades y hago amigos», apunta Fati, unas palabras a las que Dolores añade que no le gusta mucho hacer excursiones. «¡Porque se debe caminar mucho!», dice la niña con mucho desparpajo. La pareja también organiza diferentes planes para el fin de semana, como por ejemplo, ir a la playa, a PortAventura o viajar a Monzón.

Dolores y Francisco también destacan la rápida adaptación de la niña saharaui a una cultura que poco tiene que ver con la suya. «Cuando están aquí los niños saharauis aprenden otra forma de vivir. Donde viven las niñas tienen que ir muy tapadas, aquí pueden ir con pantalones cortos. De aquí se lleva ropa para su casa. Allí viven bien pero es una forma distinta de vida», apunta Fernández.

Fati tampoco ha tenido problemas para adaptarse a la gastronomía. Lo que más le gusta es la pasta, sobre todo los macarrones, y lo que menos, las verduras. Pero si hay un ingrediente que le apasiona es el chocolate. «Me dice que me llevará con ella para que le haga de cocinero. Le gusta mucho mi comida», asegura divertido Francisco.

Cariñosa, risueña y coqueta, la saharaui está viviendo su último verano en la Costa Daurada. El año que viene ya no podrá volver porque se desplazará a Argelia, donde continuará con sus estudios. «La echaremos mucho de menos pero estaremos en contacto con ella y con su familia», afirma la pareja. El sueño de Fati es convertirse en jueza. «¡Manda mucho!», bromea Dolores. Aunque añade que si no pudiera estudiar Derecho, su segunda aspiración es ser profesora de francés.

12 años de acogida

Francisco Guerrero y Dolores Fernández empezaron a acoger a niños saharauis hace 12 años. Fue a raíz de la experiencia de su hijo que se animaron a dar este paso, justo en el momento en el que él se prejubiló. La primera vez les tocó un niño al que no llegaron a tener en casa porque en el último momento se negó a subir al avión. Después vino Bayka, una niña con la que todavía hoy mantienen una estrecha relación. «Era muy pequeña, tenía 8 años. La primera vez que la abracé me llamó la atención su olor característico a la arena del desierto», recuerda Dolores.

La niña pasó con ellos cinco veranos hasta que ya no pudo venir más porque también debía seguir con los estudios. Ahora tiene 17 años. «Somos sus papás de España. Cuando nos conoció nos preguntó si nos importaba que nos llamara papá y mamá», dice emocionado Francisco. Tras Bayka, vino otra niña y en estos dos últimos años han tenido a Fati. «Nos llena mucho acogerlas. Las echamos de menos y ellas a nosotros. Cada año para la época del turrón les enviamos un paquete con regalos», apunta la pareja.

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