Fin a una dulce historia de El Vendrell

La Dolceria Soler cierra este domingo después de 80 años

José M. Baselga

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Fin a una dulce historia de El Vendrell

Fin a una dulce historia de El Vendrell

El Vendrell se queda sin las orelletes que en la Dolceria Soler preparaban para Pascua. Sin las orelletes y sin los bufats, los buñuelos, el chocolate... y sin una dulce historia que comenzó en 1940.

La histórica Dolceria Soler cierra puertas este domingo. Eduard Soler y Teresa Altès bajarán la persiana. «Una vez tomada la decisión ya nos hemos hecho a la idea», Los que costó fue tomar la decisión, reconoce Eduard.

Porque el local ha visto parte de la historia de El Vendrell desde sus ventanas en la plaza de Les Garrofes. Una historia que de alguna manera comenzó con Joaquim Soler, conocido como el Quimet Xocolater porque en 1850 ya trabajaba el chocolate.

Eduard Soler y Teresa Altès.


Fue su hijo Eduard quién cogió el relevo más dulce y montó la Dolceria Soler que abrió en 1940 como punto de venta. A finales de los años 80 amplió con el espacio de cafetería y degustación. «Ha sido un lugar de encuentro de vecinos. De varias generaciones», explica Teresa Altès. Allí se veía pasar el tiempo.

Por eso cuando anunciaron el cierre, fueron muchos los que lo lamentaron. De hecho siguen sin hacerse a la idea de que El Vendrell pueda perder a otro de sus referentes comerciales.

Pero es la vida, señala lacónicamente Eduard Soler. «Ahora podré ver los castells en la Diada de Santa Anna». Gran aficionado a los castells nunca ha podido ver la diada local.

El histórico comercio de El Vendrell.
La Dolceria Soler tiene 80 años.

Porque cuando son fiestas, los pasteleros tienen todo el trabajo del mundo. Y cuando no son fiestas son martes, miércoles, jueves, viernes, sábados o domingos. «Los lunes, no», señala Soler.

Local para los bufats, el típico dulce de El Vendrell. Para los turrones, las trufas heladas... En un local que conservaba la tradición  del puesto de cobro fuera del mostrador. Como hace años. Como hace 80 años. Así quien despachaba no tenía que tocar dinero, lo que es una garantía de higiene, explica Eduard Soler.

Con el cierre de la Soler se acabaron aquellas chocolatadas en la calle. «Sólo queda agradecer a los clientes todos estos años» señala  Teresa Altès. ¿Recuerdos especiales? «Todos.... Ver a quienes entraron en la tienda siendo niños y hoy son padres y siguen con la misma ilusión de entrar en una pastelería».

El Vendrell cierra otra de sus historias.


Cierran sabiéndose responsables de que cuando dentro de muchos  años se mencionen aquellas orelletes, los bufats o los buñuelos de la Soler, la memoria todavía traerá a muchos el sabor de una historia que ya es muy de El Vendrell.

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