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Hiperviajeros

Sólo cinco personas en todo el Estado español han visitado todos y cada uno de los 193 países de Naciones Unidas. Se les ha bautizado como ‘The Big Five’

Xavier Fernández

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Carlos Useros, en Australia. Estuvo en 2014. FOTO: dT

Carlos Useros, en Australia. Estuvo en 2014. FOTO: dT

Más de 6.200 personas han hollado la cumbre más alta del planeta, el Everest. Cerca de 500 han viajado al Espacio. Pero sólo hay 132 con vida que hayan visitado todos y cada uno de los 193 países que tienen representación en la ONU. Quince más ya han fallecido. Total: 147.
De esas 132 personas, cinco residen en el Estado español, cuatro de ellas en Catalunya. Catalunya es así una potencia mundial en viajeros planetarios. Más que Francia, Italia o Portugal (dos cada uno), Suecia (tres), Bélgica (sólo uno) o estados norteamericanos como California (tres) o Nueva York (dos). 

Los cuatro catalanes, Jorge Sánchez, Román Heréter, Carlos Useros y Magí Casajoanes, se reunieron el sábado de la pasada semana en una acto que tuvo lugar en el Forn del Senyor, un antiguo edificio de Altafulla convertido en foco cultural gracias al notario Martín Garrido. 

El quinto viajero de España que conoce el mundo entero es el gijonés Sabino Antuña. No pudo asistir por motivos de salud. A los cinco ‘viajeros totales’ se les ha bautizado como ‘The Big Five’.

Encuentro único

El encuentro, único porque no se habían juntado nunca antes, fue organizado por el TCC (Travellers Century Club) Mediterranean, una entidad que reúne a viajeros que han visitado cien o más zonas del mundo. 

El objetivo de ‘The Big Five’ es promocionar la pasión por los viajes, hacer pedagogía mediante charlas y conferencias en institutos o entidades, compartir experiencias con otros viajeros y, como explicó Heréter, diluir el mal rollo que puede generar en otras personas conocer a alguien que ha recorrido el mundo de punta a punta: «España es un país de envidiosos. Cuando explicas que has estado en todos los países, se produce rechazo. Si se reparte, la envidia es menor», asegura.

En la reunión de Altafulla estaba también Joao Peixoto, uno de los dos portugueses que ha entrado en la exclusiva lista de personas que han recorrido todo el planeta. Y Frans Lettenström, un sueco con raíces tarraconenses, al que se le despertó su amor por viajar a raíz de sus veraneos en Tarragona. Frans ha estado ‘sólo’ en 160 países.

¿Cómo demuestran que han entrado en todos los estados del mundo? Con el sello en el visado o en el pasaporte, o, en el caso de un país que no lo requiera, como los de la Unión Europea, con el billete de avión o con un tícket de la tarjeta de crédito a nombre del viajero. 

La web nomadmania.com detalla los nombres de todos y cada uno de los viajeros planetarios, la edad en que lo consiguieron y el país que cerraba su lista

Además establece varios rankings, entre ellos el de territorios visitados. Un territorio es una división política, cultural o geográfica menor que un Estado o un Estado no miembro de la ONU, como El Vaticano, o no reconocido por todos los demás estados, como Kosovo.
Jorge, el mejor viajero mundial

España cuenta con 17 territorios, correspondientes a las 17 comunidades autónomas. Rusia tiene 85. En todo el mundo, hay 1.281. El viajero que ha pisado más territorios en el mundo es precisamente Jorge Sánchez: 1.148. Otras entidades han diseñado diversas listas. El TCC contabiliza 327 zonas (España se divide en cuatro: la península, Canarias, Baleares y Ceuta y Melilla).  Jorge ha alcanzado las 324. Y el International Organization for Standardization, 3.978 (las 50 provincias del Estado español, por ejemplo). Sánchez ha estado en 2.390.

Lettenström no alcanza ni de lejos tales cifras, pero también es un viajero empedernido. Reside parte del año en Cala Romana, en Tarragona.

Su madre nació en la ciudad, pero se trasladó a vivir a Suecia. Cuando era pequeño, a Frans le enviaban a veranear a Tarragona con sus abuelos: «Viajar significaba alegría para mí, ir a España donde a los niños les miman mientras en Suecia les ignoran. Cuando hoy subo a un avión experimentó esa alegría de niño, de conocer a gente que te quiere». 

De sus múltiples viajes, Frans destaca dos. Uno: la semana que estuvo de camping a los pies de los moais de la isla de Pascua. Una experiencia increíble para alguien a quien le fascina la prehistoria. Y dos, el paseo por las ruinas mayas de Tikal, en Guatemala. Tikal llegó a tener 90.000 habitantes en el s. VIII d.C., pero entró en decadencia y fue engullida por la selva. Allí se rodaron escenas de la primera entrega de la Guerra de las Galaxias. «Es como entrar en otro mundo», explica Letteenström.

Los viajes más arriesgados los realiza en solitario. Otros, en familia, como la navegación por la Antártida a bordo de un rompehielos con su mujer y su hijo. «Viajar abre la mente, conoces otros culturas, ves mundo», defiende Letteenström.

Joao Peixoto, una de las 132 personas de la lista no ya de ‘superviajeros’, sino de ‘hiperviajeros’, coincide con el diagnóstico. Y es una fuente de anécdotas.

Como cuando fue detenido en Yemen, un país ahora inaccesible por estar sumido en una guerra civil, y fue detenido durante una horas por negarse a sobornar a un policía con 20 euros. No pasó miedo. Mientras estaba encarcelado se conectó al Facebook y charló con sus amigos de Portugal.

Peixoto está indignado con Facebook. La red social le echó cuando colgó unas fotos suyas junto a unos ancianos indígenas de Papúa. El crimen: que los abuelos estaban desnudos, como viven en sus chozas. El problema: aplicar la mentalidad occidental a otras culturas. «Cuando viajas, debes respetar a los habitantes de los países a donde vas. No puedes mirarles con tus ojos», sentencia.

Jorge Sánchez

Jorge Sánchez, en la India. Es su país preferido. FOTO: dt

«Si sólo existiera la India, el mundo sería perfecto»

Con solo 14 años, Jorge Sánchez se fue por su cuenta a Al Aaiun, hoy ocupada por Marruecos pero entonces una colonia española en el Sahara Occidental. Su intención era recorrer África. Sin pasaporte ni visado. Los legionarios le detuvieron en un control fronterizo con Mauritania y le mandaron a la península. 

«Era un ignorante, un ingenuo. Pensaba que el mundo era libre, que podría pasar y trabajar por el camino. Había leído los libros de Julio Verne, ‘Simbad el Marino’, los tebeos de ‘Tintín en El Congo’... Pensaba que si él lo tuvo fácil, yo también lo tendría. Hasta que los legionarios me devolvieron a la realidad».

Frustrado su periplo africano, el primer país al que viajó fue Francia. Tres décadas y media después, Jorge ha dado la vuelta al mundo siete veces y no sólo ha visitado los 193 países de la ONU sino que ha estado en la inmensa mayoría de las regiones de cada una de esas naciones. Conoce las 85 repúblicas o divisiones administrativas del país más grande del mundo, Rusia. Y las 34 de China. Y los 50 estados de EEUU.

Jorge invirtió 1.001 días en completar su primera vuelta al mundo. Para poder pagarse el viaje, se empleaba como camarero, friegaplatos, guía, profesor de español... Trabajaba durante semanas, ahorraba al máximo y, en cuanto podía, seguía viaje zona a zona. Regresó a casa el 25 de diciembre de 1984. «Me bajé del tren y sentí enseguida la necesidad de irme de nuevo», dice.

«Ahora tengo que mirar con lupa a dónde viajo», explica. Su objetivo es conocer los 1.073 lugares o monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad. De momento ha visitado 570, entre ellos todos los de España.

Jorge ha escrito una treintena de libros de viajes. El listado se puede consultar en su web www.jorgesanchez.es, que incluye imágenes y comentarios de su periplo por todo el planeta.

Visitar todos los países del mundo le ha costado 100.000 euros. En plan modesto, alojándose en albergues y recurriendo más de una vez el autostop. «Otros viajeros me han dicho que se han gastado 800.000 euros», comenta.

Su país favorito es India. «Si sólo existiera la India, viviríamos en un mundo perfecto. Lo tiene todo: los paisajes, los monumentos, la comida, la gente».

En el polo opuesto Afganistán, no por país ni su gente, sino porque Jorge fue en 1989, en plena guerra. No tenía visado. Las fronteras eran permeables y pudo entrar, pero en la primera ciudad importante, Kandahar, le detuvieron en un control. Le acusaron de ser un espía. Las autoridades no se creían que simplemente estaba de visita. Le condenaron a cinco años de cárcel. Fue liberado al cabo de 101 días gracias a la intervención del Gobierno español.

¿Qué ha aprendido Jorge en sus viajes? «A amar todo cuanto respira. Estoy enamorado de la vida. Me siento agradecido de estar vivo. Cuando viajas estás en éxtasis», responde, antes de sentenciar. «La vida es breve. Hay que valorar cada momento. Mi lema es memento mori».

Magí Casajoanes

«No quiero ‘estar’ en un país, quiero conocerlo»

Magí, en la isla Pitcairn, que forma parte de Polinesia.  FOTO: dt

Magí Casajoanes es de esos viajeros pausados, que degustan cada rincón y que puede permitirse viajar con estilo, en los mejores hoteles. De ahí que, entre ‘The Big Five’ que se reunieron en Altafulla, se le haya apodado ‘El viajero elegante’.

Admite que el dinero, junto con el tiempo y la salud, es uno de los elementos imprescindibles para haber podido visitar todos y cada uno de los países del mundo, pero asegura que «grandes viajeros viajan con poco porque se saben organizar». Precisamente sus compañeros son un ejemplo. 

Su primer viaje, como el de otros muchos catalanes, fue a Andorra. En el segundo cruzó el charco y recorrió Estados Unidos y México. Alemania fue casi como su segunda casa porque viajaba por motivos profesionales. 

Eran viajes ‘normales’. Hasta que con 25 años y en América del Sur «se me encendió el deseo de seguir conociendo países», comenta Magí. Y se enganchó. «Cuantos más viajes haces, más viajes tienes ganas de hacer. Es un gusanillo inexplicable».

Conocer. Esa es la clave. «No quiero simplemente estar en un país, quiero conocerlo. No es viajar por viajar, sino ver lo máximo posible cada día y conocer a sus gentes», asegura. 

Si se le pregunta qué país destacaría, Magí responde que El Vaticano: «Es el país más curioso del mundo: es un estado teocrático, el más pequeño y con menos habitantes del mundo, no hay nacimientos, el jefe de Estado es ‘infalible’ y es el único rodeado por una ciudad... Pese a eso, tiene de todo. Hasta una estación de tren aunque sólo mida 800 metros de largo».

La mayoría de sus viajes los hace en solitario porque «para poder viajar tienes que compenetrarte mucho con la persona que te acompaña. Si no, es mejor ir solo». 

Magí no descarta asumir ciertos riesgos pero no es un kamikaze. «Hay que buscar el punto de equilibrio. No dejar de hacer cosas, pero tampoco ser un suicida», aconseja. Entre esos ‘peligros’,  que en varios países africanos su guía le acompañaba en el taxi con una metralleta.

El país que completó su listado fue Irak. Entró por el norte, a Erbil. Estaba todo tan militarizado que en las tiendas, cuenta Magí, «sólo vendían cosas militares». Hasta el punto de que se podían adquirir, recuerda Magí, una ametralladoras e incluso un bazooka. 
¿Su conclusión?: «No debemos juzgar a otras culturas. Cada uno es como es», responde.

Carlos Useros

«Viajar es aprender en la escuela de la vida» 

Carlos Useros, en Australia. Estuvo en 2014. FOTO: dT

«Viajar te devuelve a tus orígenes. Es aprender en la escuela de la vida. Una aventura permanente que convierte tus sueños en realidad. Es ir a lo desconocido por la curiosidad de conocer otras realidades. Es experimentar». Así define el gerundense Carlos Useros su gran pasión. 

Carlos dedicaba seis meses del año a trabajar de camarero en la Costa Brava. Vivía en casas de familiares «como un okupa», bromea, y comía y cenaba en el propio restaurante. Eso le permitía ahorrar al máximo para gastarse luego el dinero en viajes. 

Aún le quedan infinidad de viajes que emprender, pero ahora de momento se centra en promocionar la marca ‘The Big Five’. Siente la necesidad de transmitir a los más jóvenes, o no tan jóvenes, lo aprendido en sus 21 años viajando. Está dispuesto a dar charlas o  conferencias en colegios.
Cuenta con una espectacular web en la que se puede clicar en todos y cada uno de los países. El internauta se sumerge en las fotos captadas por Carlos y en sus comentarios. 

Se le ilumina la mirada cuando habla de los safaris en África. De pequeño quería ser veterinario. No lo fue, pero en vez de cuidar perros y gatos en una consulta, contempla leones, elefantes, gacelas, cebras... en su propio hábitat.

La sabana le emociona. Y también los desiertos como el del Gobi (Mongolia) o los de Sudamerica. «Cuando estoy en un desierto, siento libertad, soledad, alegría. Va muy bien para pensar. Soy como un grano de arena en la inmensidad del desierto».

El país que más le gusta en el mundo es Etiopía. La imagen que tenemos en Occidente de niños muriendo de hambre es desgraciadamente real. Pero la nación africana es mucho más: paisaje, patrimonio y, sobre todo, su gente.

No todo ha sido idílico en sus viajes. En 2011, visitó Nigeria poco antes de unas elecciones. Los perdedores de los comicios no asumieron su derrota y se vengaron salvajemente del supuesto tongo electoral: «Empezaron a quemar gente. Iban con el machete por la calle y cortaban brazos. Fue muy duro. Pensé que no saldría vivo», recuerda.

«Lo mejor del viaje es improvisar, no saber qué te vas a encontrar, interactuar con la gente... Y lo peor es la codicia de algunas personas que quieren aprovecharse de los otros», dice. 

Carlos sostiene que «el mejor placer de la vida es hacer lo que la gente te dice que no hagas». Y lanza un consejo: «Deja tu casa y viaja ligero».

Román Heréter

«Viajar es una droga positiva, te engancha»

Román Heréter, durante su viaje al Tíbet. FOTO: dt

«Cuando llevas 60 ó 70 países visitados, te empiezas a plantear llegar a todos. Si la vida te lleva por ciertos derroteros, te acercas, pero los últimos países cuestan mucho», relata Román Heréter, periodista y fotógrafo.

Con sólo 45 años, al entrar en Timor del Este en 2004, Heréter logró completar el listado de 193 estados de la ONU. Fue el más joven entre los cinco españoles ‘planetarios’  en culminar la gesta. Carlos Useros lo hizo con 46, Jorge Sánchez a los 49, Sabino Antuña a los 54 y Magí Casajoanes a los 72.

Román ha escrito guías de viaje y editado libros de fotos. Dirigió el programa de radio ‘Viajar es un placer’, donde, aparte de responder a las dudas de los oyentes sobre cualquier país, se realizaban conexiones en directo durante sus viajes a, por ejemplo, la Patagonia argentina, el Machu Pichu peruano, Alaska, Sudáfrica, Egipto, Islandia, China, la Polinesia Francesa o Papúa Nueva Guinea (Indonesia).

Acumula un sinfín de anécdotas. Como cuando en República Centroafricana le paró un policía en un control de carreteras. Le exigió un soborno. Román se negó y le dijo: «Me estoy enfadando. Hablaré con el ministro». La réplica del gente le dejó a cuadros: «Le saldrá más caro. Mejor págueme a mí».

Heréter establece una curiosa comparación entre Messi, y los viajes. «Durante un viaje tienes que esperar en los aeropuertos o volar durante muchas horas... Es lo mismo que Ronaldinho o Messi. Sólo tocan el balón unos minutos, no 90. En una semana de viaje, igual sólo hay 4 ó 5 horas espectaculares».

Aunque ha estado tres veces detenido, su peor momento en sus viajes fue cuando contempló un enfrentamiento con fuego en Nicaragua entre la guerrilla y el ejército. Tras tres días de combates, fallecieron 48 personas. 

Román es un adicto a ver mundo. «Viajar es un droga positiva. Te enganchas mucho. Decidí convertirlo en mi trabajo porque si no no me lo podía permitir», comenta. 

Cuando completó la lista de los 193 países, sintió una mezcla de liberación y satisfacción. Por un lado, podía viajar a donde la apeteciera y no a un estado de los de la lista. Y, por otro lado, le llenó de orgullo haber podido entrar en algunos de los países más peligrosos del mundo. 

«El arte de viajar no se aprende ni en la escuela ni en la universidad sino respirando el polvo de los caminos», concluye.

Sabino Antuña

«La Tierra es demasiado grande para nosotros»

Sabino posa en el desierto del Sahara.  FOTO: dt

Con solo 11 años, los padres de Sabino Antuña le dejaron ir en tren de su Gijón natal a Pamplona. Tuvo que cambiar de tren dos veces. Pero se espabiló y no sufrió percance alguno. Ahí nació la locura de recorrer todo el globo terraqueo.

Medio siglo después, en 2001, Sabino entró en Afganistán, el último país que le quedaba. Fue en agosto, pocos días antes de los atentados del 11-S, que convertirían al país asiático en blanco de la ira de Estados Unidos.

Sabino se siente orgulloso. «Me aplaudo a mi mismo por todo lo conseguido y, sobre todo, por llegar vivo, aun cuando he sido arrestado y/o encarcelado alguna vez y he pasado por bastantes situaciones de peligro, miedo», explica en su web. Fue el primer español en completar el listado de los 193 países.

Fruto de esos cientos de viajes son experiencias increíbles, además de 28 pasaportes llenos de visados y sellos de inmigración, 300 álbumes de fotografías, más de 12.500 monedas y  2.200 billetes diferentes de curso legal.

El viajero impetuoso, su apodo en ‘The Big Five’, ha llegado a una conclusión: «La Tierra es extremadamente grande para nosotros. Imagina que vives en un palacio y, al cabo de 30 ó 40 años de residir en el mismo, descubres un salón que no habías visto nunca. Eso demuestra que el palacio es demasiado grande para ti, como la Tierra».«Es imposible recorrerla toda», lamenta Sabino.

Y eso que ha estado varias veces en todos los países de la tierra. «El mundo es impresionante. Hacemos mal en regirnos sólo por nuestra escala de valores, con nuestras costumbres. Hay otras vidas importantes y coherentes. El mundo es tan interesante que tenemos que estar constantemente viajando».

Cuando Sabino escucha las noticias sobre un país, Siria por ejemplo, que él visitó y ahora se desangra por la guerra, piensa que «el hombre es feroz, atroz, verdaderamente cruel».

Entre sus zonas preferidas, la Antártida y los Mares del Sur. «La Antártida es un éxtasis, es casi orgásmica»... «Mares azul turquesa, verde esmeralda, árboles que dan flores, gente sencilla, dioses que están para ayudar y no para castigar... No hay nada como los Mares del Sur», afirma.

Sabino enumera una envidiable catarata de lugares que ha visitado, antes de sentenciar: «He pasado de creer que el viaje es un placer a darme cuenta de que soy un adicto. Soy un viajero impenitente. No puedo vivir sin viajar».

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