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Homenaje sobrio y silencioso a las víctimas de Cambrils

Ni discursos oficiales ni declaraciones. El president de la Generalitat, Quim Torra, tomó parte en un acto parco y contenido para huir de la crispación. Los CDR pidieron «saber la verdad»

Raúl Cosano

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Agentes y turistas junto al Memorial per la Pau, lleno de velas y ramos. Foto: Alba Mariné

Agentes y turistas junto al Memorial per la Pau, lleno de velas y ramos. Foto: Alba Mariné

«Fue una vergüenza lo que hizo esa gente, matar de esa manera. Ojalá que se pudran en la cárcel», decía afectada una señora a la puerta del Club Nàutic de Cambrils, en la única estridencia de un homenaje esta vez sobrio y silencioso, sin el ruido de otras veces, a pesar de que la efeméride, los dos años de los atentados en Cambrils y en Barcelona, llega en plena polémica por las teorías de la conspiración. En esta ocasión, el Ayuntamiento de Cambrils no organizó ningún acto. Fue el presidente de la Generalitat, Quim Torra, quien quiso participar en él ‘in situ’ en la villa marinera.

Ante el Memorial Per la Pau, en el epicentro de los ataques, el máximo representante del Govern llevó a cabo ayer por la tarde una ofrenda floral. Fue una ceremonia sencilla y muy breve, acompañada por unos minutos de silencio. «Hemos visto gente alrededor y hemos venido a echar un vistazo», decía en esa zona un veraneante, curioso, como otros, por la multitud que se agolpó en el lugar, entre medios de comunicación, autoridades y fuerzas de seguridad.

El paso de Torra fue breve. Llegó en su vehículo oficial diez minutos antes de la hora prevista. Junto a su esposa, Carola Miró, depositó un ramo de rosas blancas sobre el mosaico. Saludó a algunas de las víctimas, que también acudieron, y no hizo más declaraciones que las que publicó en su cuenta de Twitter: «En recuerdo a las víctimas del atentado hace dos años en Cambrils y de sus familias, en agradecimiento a todos los servidores públicos y los servicios de emergencias, mi sentido homenaje».

El acto oficial rompió fugazmente la rutina de un Cambrils completamente recuperado de los atentados, al menos en apariencia: las playas llenas, los bazares repletos de flotadores, los chiringuitos a rebosar, la vida flamante en el paseo, con decenas de personas circulando en patinete o bicicleta y las terrazas bulliciosas en plena temporada alta. Solo el Memorial se levanta como recuerdo. «Mira, ahí fue donde los atentados», le decía un turista a otro.

Sobre el suelo, en el monumento levantado, un mensaje recuerda a la única víctima mortal de la fatídica noche: ‘Ana María Suárez, dos años. 16 ángeles duermen en paz’, en recuerdo de la zaragozana fallecida. Velas y ramos de flores se colocaron sobre el memorial. Más allá de lo institucional, paseantes y vecinos han dejado algunos mensajes en el lugar.

El de Torra no fue el único homenaje político rendido ayer. Además del propio de los vecinos y turistas, al mediodía el subdelegado del Gobierno en Tarragona, Joan Sabaté, y el subdelegado en Lleida, José Crespín, también se aproximaron al lugar para realizar una ofrenda floral y dar su apoyo a los afectados. El acto también contó con la asistencia de la portavoz parlamentaria del PSC, Eva Granados, y del embajador de España en Andorra y exalcalde de Lleida, Àngel Ros, entre otros representantes socialistas.

El Ayuntamiento de Cambrils, coincidiendo con la víspera de los atentados, publicó el pasado viernes un manifiesto en conmemoración del segundo aniversario, en el que se enfatizaba que la ciudad «siempre mantendrá vivo el recuerdo de las víctimas». También agentes de la policía, con un papel crucial el día de los atentados, depositaron ayer ramos de flores en el Memorial.

La reivindicación

Por otra parte, medio centenar de personas convocadas por los CDR del Camp de Tarragona se manifestaron en silencio por el paseo marítimo hasta llegar a las inmediaciones del Nàutic. Fue el toque más crítico y reivindicativo.

Vestidos en su mayoría de color negro y con el rostro tapado por máscaras, exhibieron lemas para exigir explicaciones, «saber la verdad» y pedir responsabilidades. «¿Quién hay detrás de los atentados?» fue otra de las proclamas que se pudieron leer en los papeles que portaban. «Sentimos indignación porque no hay claridad respecto al desencadenante de todo esto y porque tenemos la sensación de que se ha tapado información», dijo uno de los manifestantes, enarbolando la derivada más exigente de las protestas.

Una de las reclamaciones, como sostiene el propio Ayuntamiento de Barcelona, es pedir al Congreso de los Diputados que se cree una comisión de investigación para esclarecer la relación del imán, Es Satty, cerebro de los ataques, con las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, tras las informaciones que lo vinculaban al CNI.

Los miembros de los CDR exhibieron su discurso, siempre envuelto en un riguroso silencio, ante un cordón formado por Mossos d’Esquadra y agentes de la policía local. Así, con esa parquedad imperante y el silencio como tónica, el acto de conmemoración cambrilense siguió la misma inercia que el celebrado el día antes en Barcelona, donde la presencia institucional se redujo considerablemente respecto al año anterior (no acudieron ni el Rey Felipe VI ni el presidente del Gobierno).

Esta vez Cambrils también apostó por bajar el voltaje de las acusaciones políticas en torno a los atentados, algo que sucedió en el primer aniversario, cuando Quim Torra y el por entonces líder del PP en Catalunya, Xavier García Albiol, se enzarzaron en una discusión a la vista de todos los presentes. En esta ocasión, menos rostros públicos, menos declaraciones y un mutismo generalizado para colocar a las víctimas en primer plano.

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