Ignacio Martínez de Pisón: «El paisaje de la Costa Daurada me inspira»

Entrevista. El autor publica ‘Fin de temporada’, una novela ambientada en un camping de Miami Platja y que ahonda en el tema de la maternidad

SÍLVIA FORNÓS

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Ignacio Martínez de Pisón profundia en su última novela, ‘Fin de temporada’,  en la relación entre una madre y su hijo. Parte de la historia está ambientada en un camping de Miami Platja. FOTOS: IVAN GIMÉNEZ – SEIX BARRAL

Ignacio Martínez de Pisón profundia en su última novela, ‘Fin de temporada’, en la relación entre una madre y su hijo. Parte de la historia está ambientada en un camping de Miami Platja. FOTOS: IVAN GIMÉNEZ – SEIX BARRAL

Rosa y su hijo Iván comienzan el que será el proyecto de su vida, la recuperación de un camping en la Costa Daurada, en el otro extremo de la península. De esta manera el escritor Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) construye la historia de su última novela Fin de temporada, un libro ambientado, en parte, en Miami Platja y que ahonda en la relación entre una madre y su hijo. El autor descubre que el pasado no resuelto es una trampa vital aunque intentes ignorarlo. «Aunque ambos tratan de vivir como si no hubiera pasado nada, los secretos van ganando en tensión y son como un globo a punto de explotar, que siempre amenaza la relación», asegura el escritor.

El libro surge a raíz de la historia que le cuenta un amigo.

Sí. Es un amigo extremeño quien me cuenta la historia de esta pareja Al final de los años setenta ella se queda embarazada y van a Portugal para abortar. Pero en el trayecto sufren un accidente. Mientras el chico muere, la chica sale indemne y decide cambiar de opinión y tener al niño. Lo que me contó este amigo acababa ahí. Y ya que yo no podía documentar cómo fue la vida de la madre y de este hijo, decidí que tenía que imaginarla.

¿Y qué imaginó?

Imaginé que ella se habría escapado de su pueblo. En Extremadura, y en la España de los años setenta, una mujer que se sabe que ha ido a abortar, y que luego decide ser madre soltera, es una mujer que iba a tener la peor reputación en su pueblo. Lo más razonable parecía pensar que se habría ido. No sé si ahora, a raíz del libro, aparecerá esta madre y su hijo para decirme que su vida no tiene nada que ver con la que yo he imaginado.

¿Lo natural era que escapara?

A partir de este momento, ella va de un sitio a otro borrando el rastro. El niño nace en Bilbao, luego se van a vivir a Logroño, Torrelavega, Gijón, Jaca… Hasta que, finalmente, se asientan en Tarragona, cerca de las nucleares de Vandellòs, y deciden que este es el sitio en el que intentarán echar raíces.

¿Por qué decide que los personajes echen raíces en un camping de Miami Platja?

Digamos que era el sitio más alejado, desde el punto de vista geográfico y de distancia, de Extremadura, es decir, suponía irse a la otra punta. Además, en un sentido casi simbólico, significa escapar de las raíces y de la historia de Plasencia, ciudad que les atribuyo como origen, hacia un lugar de veraneo –que en invierno está casi vacío–, y con unas centrales nucleares que advierten de la provisionalidad de la vida. Particularmente escogí un camping porque una tienda de campaña y un bungalow son precisamente una estructura efímera, y en la que es muy difícil pensar que alguien pueda echar raíces, frente a esos muros de piedra y caserones antiguos de una ciudad como Plasencia.

¿Cómo ha sido el trabajo de campo para poder retratar la zona de Tarragona y la Costa Daurada?

Aunque vivo en Barcelona desde hace muchos años, soy aragonés y todos mis veranos, desde el año 1971, los he pasado en la Costa Daurada, así que me resulta relativamente familiar ese paisaje. El paisaje de las playas desiertas en invierno siempre me ha gustado. La novela Carreteras secundarias también empieza en una playa de la Costa Daurada, con un padre y un hijo paseando por una playa desierta en invierno, y es uno de esos paisajes que me inspira. Precisamente, durante algunos años iba, de vez en cuando, a la playa en Tarragona, y me daba cuenta de lo diferente que es una playa en verano –llena de toldos y gente–, mientras que en invierno había silencio, paz y tranquilidad absoluta. Esa sensación de vacío es muy fotogénica.

¿Cómo forja el carácter de la protagonista, Rosa, teniendo en cuenta que a raíz del accidente su vida cambia por completo?

Para ella el hijo es casi como la reencarnación de su novio muerto. De hecho, cuando retomo la historia es cuando el hijo está a punto de cumplir 20 años y la madre se da cuenta de que es idéntico al padre. A mí, a parte de la historia trágica de alguien perseguido por su pasado y que por mucho que intente darle esquinazo el pasado siempre acaba encontrando a esta mujer y a su hijo, me interesaba hablar de la maternidad exasperada, es decir, una mujer que no ha tenido otros novios y solo ha tenido a su hijo cerca, a quien no le ha permitido que se alejara y que volara con sus propias alas. Y cuando él tiene 20 años todavía le quiere más porque lo ve como si fuera su propio novio. Todo ello se traduce en un exceso de amor que puede volverse tóxico para ambos.

Iván quiere descubrir su pasado.

Siente una curiosidad por la otra vida que podría haber vivido y por eso decide viajar desde la Costa Daurada hasta Extremadura, para ver su lugar de origen, sus raíces y conocer a su familia paterna. Busca atisbar como habría sido su vida en este otro sitio. Pero al conocer las circunstancias de su nacimiento, se da cuenta de que es una vida que jamás habría podido tener porque la vida de su padre y la suya eran incompatibles, ya que si su padre estaba vivo, él no podría nacer, y si él ha nacido es precisamente porque su padre murió. Por ello, en ningún lugar del mundo hubieran podido coincidir jamás, ni en ningún momento. Por ello, experimenta un sentimiento trágico de la vida, que le hace ver las cosas de otra manera y madurar. Pasa de ser un chico atolondrado a un joven con un sentimiento profundo de la propia existencia.

¿Qué importancia tiene el silencio a lo largo de la novela?

Es una historia de secretos, en la que el chico averigua el gran secreto familiar por casualidad y a partir de este momento es él quien empieza a tener secretos hacia su madre. Esos secretos van creando una especie de abismo entre ellos. Aunque ambos tratan de vivir como si no hubiera pasado nada, los secretos van ganando en tensión y son como un globo a punto de explotar, que siempre amenaza la relación.

¿Por qué decide que la novia de Iván sea de Toulouse?

Es una época en la que España es un país integrado totalmente en Europa, y Toulouse es una ciudad familiar y cercana. Por esta razón, la relación de un chico como Iván con una chica como Céline resultaba algo de lo más natural. Por otro lado, Toulouse es un tercer paisaje. A diferencia de las playas vacías y el Mediterráneo de Tarragona, y en contraste también con la España rural e interior de Extremadura, Toulouse era la posibilidad de vivir una vida diferente que nada tenía que ver con la vida que había llevado hasta entonces Iván, ni con la que creía que habría podido llevar.

En ‘Fin de temporada’ se centra en la maternidad.

Para mí, la familia es uno de los temas más sugerentes y también para la historia de la literatura. El ser humano no ha dejado de contar historias de familias y plantearse las relaciones dentro de un ámbito tan peculiar. Yo voy buscando el conflicto del que puede surgir una historia. Algunas veces lo he encontrado en la desaparición del padre, como en El tiempo de las mujeres, o en la relación paterno-filial, en Carreteras secundarias. Pero en este caso se había impuesto, desde que conocí la historia, la importancia del vínculo entre una madre y su hijo, es decir, como una madre pone reparos a que su hijo corte los vínculos que le han atado a ella.

El regreso de Rosa e Iván a estos vínculos es lo que ayuda a sanar la relación.

También a envenenarla un poco. El hecho de que una madre y un hijo mantengan una relación tan estrecha, cuando el hijo ya es adulto, supone una especie de dependencia mutua, que les recorta la autonomía a cada uno de ellos. Por un lado, también representa el lado bonito del amor materno y por otro el riesgo de que un amor materno excesivo conlleva cortar las alas y convertirlo en un personaje dependiente.

¿Dónde está el límite?

Creo que está en tener vínculos con otras personas. Esta madre y su hijo han vivido siempre el uno para la otra, prácticamente sin tener relación con otras personas. El chico ha crecido sin tener amigos y cambiando de ciudad cada poco tiempo, lo que les convierte a los dos en personas que viven al margen de los usos sociales y de la propia sociedad. Los encierra en ellos mismos, siendo peligroso para los dos.

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