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La vendrellense que sigue el rastro de los relojes de sol

El más complejo es el de Porrera. El de Marçà nunca funcionará y donde hay más es el Baix Penedès

José M. Baselga

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Mecadé identifica un reloj en una masía abandonada del Montmell.

Mecadé identifica un reloj en una masía abandonada del Montmell.

Hubo una época en la que parecía que el tiempo corría más despacio. En la que el sol y la noche marcaban el ritmo y la lógica. Una época en que la inexorable senda se marcaba en fachadas.

Mireia Mercadé viene de familia de relojeros de El Vendrell. Como su bisabuelo, su abuelo y su padre. Quizá eso le marcó la devoción por el tiempo. Y por la manera de intentar capturarlo, o de mostrarlo.

Mercadé cursaba bachillerato en 2003 y en un trabajo de investigación en el instituto Baix Penedès realizó un estudio de los relojes de sol que había en la comarca.  Plasmó cómo funcionaban, métodos constructivos, los cálculos matemáticos, su decoración... pero también  la gran cantidad de relojes de sol que se conservan en lo que hace años  fue una comarca  agrícola.

Mireia Mercadé viene de familia de relojeros.

Ese trabajo recibió en 2004 el primer premio en el concurso de investigación Mar de Lletres que valoraba recuperar y conservar la memoria del Penedès. Y en 2012 la Diputació de Tarragona le propuso ampliar la investigación.


Mercadé ha recopilado imágenes e historias de hasta 352 relojes de sol que se conservan, unos en mejor estado que otros, en la demarcación de Tarragona. La Diputació lo ha publicado en el libro Rellotges de sol a la demarcació de Tarragona, de la colección Difusió cultural.

Más de cien en el Baix Penedès
Posteriormente Mercadé ha descubierto otros. Aunque es el Baix Penedès donde hay más. «Más de un centenar», señala Mercadé.
Es en el Montmell donde se conservan más relojes de sol. Hasta una treintena. «Es un término extenso y con muchas masías que entonces eran agrícolas». Aunque algunos están en masías en ruinas. Sólo en el abandonado núcleo de Marmellar hay dos. En Sant Jaume dels Domenys hay una veintena de relojes.

Fotografiando el reloj de sol de la iglesia de Batea.

Incluso había casas con dos relojes, para las horas matinales y las de la tarde». Así, «los relojes de sol permitían conocer las posibilidades de una masía». Por lo que indicaban más allá de las horas como las estaciones, los solsticios, o las leyendas que les acompañaban. Ab hoc momento pendet aeternitas (De este momento pende la eternidad). También había casas con un reloj en la fachada principal que mostraba las horas a los agricultores en los campos, y otro en el patio.

Autoría desconocida
Destaca la pericia de quienes hacían relojes de sol. Dominaban la arquitectura, matemáticas, astronomía, dibujo.... Ello hacía que fuesen muy precisos. Pero no han quedado nombres de sus creadores. Aunque sí pueden verse similitudes entre algunos que llevan a pensar en la misma autoría.

El complejo reloj de sol de Porrera.

En su rastreo de relojes de sol por Mercadé ha localizado singularidades como el de Marçà, encarado al norte y que por ello «no funcionará nunca».  O el de Porrera, que es el más complejo de la provincia. Es el de la calle del Portal. Data de 1858 y es obra de Jaime Assens i Simó. Además de marcar las horas, también señala los signos zodiacales.

Los hay históricos como el de Aiguaviva del siglo XVIII, el de  Cal Soldat en la Vall de Sant Marc (1778) o el restaurado de Cal gatell (1773) de Sant Jaume dels Domenys. El trabajo rescata también la memoria de relojes desparecidos como el que había en Els Cups de Calafell. Mercadé señala que son elementos que no están protegidos.

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