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Orden contra las garrafas de agua 'antiperros' en Vila-seca

El Ayuntamiento de Vila-seca pide a los vecinos que las retiren inmediatamente o serán recogidas por la empresa de limpieza viaria. Los residentes aseguran estar «cansados» de los orines caninos

Eduard Castaño

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Las garrafas situadas en los portales de esta calle de la ciudad. FOTO: aLBA mARINÉ

Las garrafas situadas en los portales de esta calle de la ciudad. FOTO: aLBA mARINÉ

¿Quién no se ha sorprendido por ver garrafas o botellas de agua junto a árboles, farolas o fachadas de portales? ¿Para qué sirve? En teoría, es para evitar que los perros orinen y hagan sus excrementos.

 Pero se trata de una moda que va y viene, y desde hace un tiempo le ha tocado volver: proliferan de nuevo las garrafas de agua en el exterior de las viviendas para, en teoría, evitar que perros y gatos orinen contra sus fachadas.

Un deseo muy comprensible, porque no hay más que darse un paseo por una parte de la calle Tenor Josep Forasté de Vila-seca, ubicado en el barrio del Colomí, para encontrar las huellas de esas prácticas, que en todo caso deberían ser evitadas por los dueños de los canes, e incluso serían sancionables con la ordenanza correspondiente.

La calle se ha llenado de garrafas y el Ayuntamiento está a punto de hacerlas desaparecer. Para ello, ha solicitado a los residentes de la zona que las recojan o, en su caso, serán retiradas el viernes a primera hora por Urbaser, la empresa concesionaria de la limpieza viaria de la localidad, quien además realizará una limpieza a fondo de las aceras con la máquina hidrolimpiadora.

«Invasión de garrafas»
Los vecinos aseguran estar «cansados» de la orina que acaba manchando y oliendo ante la fachada de cada edificio. «En nuestro caso, vimos que les funcionaba a los del bloque de al lado y apostamos por poner también una garrafa. Y la cosa parece haber funcionado», asegura José, que vive en uno de los pisos de la calle afectada. «Estamos ya aburridos» afirma Mercedes, otra residente, para quien habría que ser «contundente» con los amos de los perros que orinan en los portales. «No somos los primeros que lo hemos hecho, pero tampoco seremos los últimos», aduciendo que la práctica está propagada por muchas ciudades.

Todo arrancó hace unos meses, cuando empezaron a aparecer las primeras garrafas, un hábito que terminó por extenderse y multiplicarse a gran velocidad. El transeúnte que pasea por la zona puede contabilizar más de medio centenar de envases en un tramo  de unos 100 metros. «Parece que la acera haya sido invadida por las garrafas pero ya no sabemos qué hacer. Quizás terminemos por tirar azufre», se cuestiona Dionisio.

Sin embargo, aunque esta práctica del azufre no suele estar mencionada y vetada explícitamente en las ordenanzas municipales, sí se indica en las mismas que está prohibido el vertido en la vía pública de cualquier residuo que pueda resultar tóxico. El azufre lo es, por eso mismo está prohibido su uso.

Conscientes de la problemática

Por su parte, el Ayuntamiento de Vila-seca ya ha enviado una carta a cerca de 200 vecinos -entre pisos y comercios- afectados por la colocación de las garrafas. En la misma se recuerda que la normativa municipal ya prohibe defecar y orinar en la vía pública, activándose en su caso posibles sanciones. En la misiva, el consistorio reconoce «ser consciente de la problemática que causan estos orines por la suciedad en la vía pública, molestias por los malos olores, afectaciones al mobiliario urbano así como su deterioro». También recuerda el trabajo en este aspecto realizado desde el Ayuntamiento y la prohibición de dejar abandonado cualquier producto en la vía pública.

También apunta que para 2020 se está preparando una campaña de civismo y una acción especial contra las defecaciones y los orines de perros en la vía pública.

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