Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Le alquilan un bar de Vila-seca y el inquilino se lo desvalija antes de firmar el contrato

Los dueños le dejaron las llaves para pintar el local y en una noche lo vaciaron de muebles y material por valor de más de 31.000 euros

I.Alcalá

Whatsapp
Belén, la hija de los propietarios, muestra cómo estaba el local antes de que se lo vaciaran. Foto: Alba Mariné

Belén, la hija de los propietarios, muestra cómo estaba el local antes de que se lo vaciaran. Foto: Alba Mariné

Después de 20 años tirando adelante el negocio familiar y dos alquileres infructuosos tras su jubilación, José Velasco y Loli Gijón pensaron que esta vez finalmente habían encontrado al inquilino perfecto para su bar. Poco se podían imaginar que acabarían con el local completamente desvalijado de la noche a la mañana a manos, supuestamente, del hombre que se lo iba a alquilar.

Los hechos ocurrieron en Vila-seca, en el bar La Trobada, que se encuentra en la avenida de la Generalitat, justo delante del Conservatorio de Música. El futuro inquilino del negocio les pidió las llaves del local para pintarlo y hacer algunos arreglos antes de abrirlo. Todavía no habían firmado el contrato de alquiler, pero accedieron.

Ahí comenzaron los problemas. Tal y como explica la hija de los propietarios, Belén Velasco, el hombre empezó a darles largas para no hacer frente al pago de la fianza de dos meses, más el mes corriente. Llegó incluso a abrir un día el bar, a pesar de no tener los papeles en regla ni de disponer siquiera de la licencia de actividad. «Ni llamaba, ni nos cogía las llamadas, ni respondía a nuestros mensajes para firmar y dar la paga y señal», cuenta.

Un día de paso por la calle, Belén vio cómo dos operarios sacaban cosas del bar y las metían en una furgoneta de grandes dimensiones. «Yo iba a llevar a mis hijos al colegio y les dije que se esperaran, que ese material no era del inquilino y no lo podían sacar. Cuando volví después de cinco minutos ya habían desaparecido», recuerda. Trató de ponerse en contacto con el alquilado por todos los medios, pero le resultó imposible.

Su padre, que tiene 73 años, había sufrido una embolia pulmonar y llevaba una semana ingresado. Es durante su estancia en el hospital cuando aprovecharon para acabar de vaciar el local. Esa misma tarde, cuando estaba en el hospital, recibió varias llamadas de los vecinos que estaban viendo lo que pasaba. Al día siguiente ya no quedaba ni rastro. Después de denunciarlo ante los Mossos d’Esquadra, le recomendaron que se esperara una semana para forzar la cerradura. La sorpresa llegó cuando pudieron entrar al bar.

Se habían llevado no sólo las mesas y las sillas;también neveras, hornos, cocina, fregadero, cafetera, estanterías, vitrinas... incluso la campana extractora con toda la tubería arrancada del techo y la máquina de aire acondicionado completa. Sólo una parte de lo sustraído se adquirió en su día por 31.000 euros, aunque todavía falta que acuda el perito judicial para tasar todo el material.

«Lo único que tenían mis padres era ese local, que todavía lo están pagando después de toda una vida trabajando», lamenta Belén, que después del suceso se ha visto obligada a poner a la venta el establecimiento.

Ella hizo público su caso en las redes sociales para denunciar el ‘modus operandi’ de esta persona. A raíz de su publicación, hasta desde tres perfiles falsos empezaron a increparla para que quitara la denuncia. «Publicaban fotos de facturas y contratos con el nombre de mi padre, criticando que el bar estaba lleno de deudas, aunque eran del anterior inquilino», explica.

Después de ser víctimas del robo, la familia Velasco ha recibido numerosos mensajes de otras personas que habrían sufrido estafas similares por parte del mismo individuo e incluso de proveedores a los que tampoco pagó. Presuntamente, trató de revender el material en alguna tienda de segunda mano del municipio y llegó a ofrecerlo a algún restaurante. Belén asume que «a corto plazo va a ser difícil conseguir recuperar algo, pero esperemos que por lo menos le paren los pies».

Temas

  • COSTA

Lea También