Limpieza reivindicativa por la dignidad del barrio ferroviario de Sant Vicenç de Calders

Los vecinos están hartos de palabras y piden protección para ese conjunto histórico

José M. Baselga

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Los vecinos realizaron la limpieza.

Los vecinos realizaron la limpieza.

Hace más de un año se iniciaron trámites para declarar a la colonia ferroviaria como Bien Cultural de Interés Local. Incluso ese conjunto ferroviario se incluyó en el proyecto Museu al Carrer del Museu de la Ciència de Catalunya. Pero la degradación y el olvido sigue en ese asentamiento histórico.

Hartos de reclamar protección para su barrio, los vecinos realizaron el sábado una limpieza de basura en todo el entorno. Muebles, restos de poda, plásticos, botellas... todo tipo de escombros degradan una zona que por su valor histórico debería tener una especial protección.

Hace cinco años los vecinos del barrio ya realizaron una limpieza reivindicativa. Fue una manera de que muchos, incluso algunos concejales, descubrieran un patrimonio único. Entonces hubo promesas de intervenciones para dignificar y potenciar el barrio. Con la idea incluso de que fuese un espacio visitable sobre la historia del ferrocarril como ejemplo de las colonias que se construyeron para sus trabajadores.

Algunos de los participantes en la limpieza.

Pero fue un espejismo. La degradación ha seguido. Y la okupación de algunos de los pisos. Y la instalación de barracas donde hay personas que viven sin condiciones de habitabilidad. Y la suciedad. Y la inseguridad para los vecinos. Y el olvido por parte del gestor ferroviaria Adif, propietario del conjunto.

Reivindicar
Por ello los vecinos volvieron a salir a la calle. A limpiar basura. Pero también para reivindicar su historia y dignidad. Porque ya señalaron que cualquier protección de la zona debe pasar por la calidad de servicios desde la limpieza a la seguridad.

La  Associació per la Preservació de la Colònia Ferroviària leyó un manifiesto en el que señalan que  a pesar del grave deterioro social y estructural de la colonia, «con el compromiso de las instituciones aún estaríamos a tiempo de salvar un patrimonio importante para El Vendrell que forma parte esencial de la historia industrial y social».

Los vecinos recogieron todo tipo de trastos.

Pero pese a las palabras que reciben «hasta ahora ninguna institución ha mostrado un compromiso firme para conservar la colonia y dignificar el espacio y, sobre todo, la vida de quienes todavía residen»

La  Associació per la Preservació de la Colònia Ferroviària pide proteger jurídicamente y de manera inmediata el conjunto de la colonia ferroviaria «para que nunca sea amenazada de derribo ni sirva como moneda de cambio de algún proyecto especulador.

Acuerdo
También reclama un acuerdo de entidades y las instituciones protagonistas en el futuro de la colonia como son el gestor ferroviario Adif, propietario de toda la zona, el Ayuntamiento y los  propios vecinos.

También reclaman recuperar el pabellón A, el más antiguo y abandonado desde 2014. Los vecinos piden derribar los corrales, barracas y garajes que hay junto a los pabellones ya que «son zonas completamente insalubres»

Añaden recuperar el  local social que construyeron  en los años 40 y que concentró la vida social de la colonia. Los vecinos piden crear un centro de interpretación de la vida y los oficios ferroviarios, además de municipalizar los servicios como agua, iluminación y limpieza de calles.

LA HISTORIA:

La estación de Sant Vicenç de Calders fue desde su construcción en 1887 uno de los nudos ferroviarios más importantes del país. Para el tendido de las líneas de la entonces compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) se requería de mucha mano de obra.

Junto a la estación se creó un barrio para acoger a los trabajadores. Se hicieron seis pabellones con sencillos pisos de dos habitaciones, comedor-cocina y aseo.  El primero es de 1905 y en 1920 ya estaban todos. Los pisos de los últimos bloques eran de tres habitaciones.

El barrio ferroviario surgió en una zona pantanosa llena de mosquitos que obligó a plantar eucaliptus, que aún se conservan, para desecarla. Estaba alejado de El Vendrell por lo que fue autosuficiente y se llenó de historias.

Los primeros años de la colonia.

En los diferentes pabellones se habilitó una escuela para niños y otra para niñas, una capilla, colmado y dos bares, el Creus y el Cal Rosendo. En el entorno los vecinos habilitaron huertos para autoconsumo. Fue un poblado ferroviario que en 1960 tenía una población de 313 personas que celebraban su fiestas e incluso en el edificio de electrificación habilitaron un escenario ya que la colonia tenía un grupo de teatro y allí se instaló la primera televisión entorno a la que se reunían los vecinos.

Cada semana en la estación paraba un tren economato con los productos que ni llegaban al núcleo. Y había las fiestas como la del Pa Beneit o de los Reyes Magos. 

La pertenencia al barrio ferroviario es un orgullo. Durante la Guerra Civil la zona fue objetivo de aviación franquista. Hubo un centenar de bombardeos. Los vecinos habilitaron un búnker en un antiguo despacho de venta de billetes y allí pasaban las horas mientras caían las bombas. Incluso en lo alto de uno de los pabellones se instaló una defensa antiaérea.

Pabellones del barrio ferroviario.

Con el tiempo las fiestas y los bailes de los domingos atrajeron a muchos vecinos y especialmente a los jóvenes que atendían en las segundas residencias. 

En el barrio han intentado conservar su esencia, pero el olvido de Adif y la falta de decisión del Ayuntamiento permite la degradación. Con las calles en mal estado, sin servicio de limpieza y con  okupaciones conflictivas. 

En algún momento se ha llegado a plantear el derribo de los pabellones para hacer una promoción y un aparcamiento. Peo cualquier lógica de conservación para mostrar cómo eran las colonias ferroviarias pasa por mantener el conjunto y de manera digna para quienes residen.

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