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Logra dos meses para seguir en la casa que le robaron

Ha evitado ocho desahucios

José M. Baselga

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José Mellado en su casa de Segur de Calafell, que denunció se la arrebataron por una estafa.  Foto: JMB

José Mellado en su casa de Segur de Calafell, que denunció se la arrebataron por una estafa. Foto: JMB

Ha ganado dos meses, pero la desesperación sigue. El pasado lunes José Melledo volvía a esperar a la comitiva judicial para que le echasen de su casa. Aunque sigue sin tener una alternativa donde poder ir junto a su mujer, enferma de nervios, cuando llegue el momento.

Los dos meses sólo son la bocanada de aire que le dejan tomar antes de hundirle la cabeza en el agua otra vez. Mellado y su mujer han esquivado en los últimos años ocho intentos de desahucio desde que perdió su casa «al ser estafado por quien creía que era como de la familia».

Mellado trabajaba en un hotel ya cerrado de El Vendrell. Debía 47.000 euros a una financiera que le dio un año para abonar la deuda ya que había un cambio accionarial. El que era su jefe se ofreció a dejarle el dinero. Lo que debía ser un contrato para determinar la devolución de ese préstamo ‘de amigo’, fue en realidad un documento de compra de la casa y las cantidades que pagaba Mellado se convirtieron en un alquiler para seguir en ella.

Un día Mellado quiso vender la vivienda. Su antiguo jefe le advertía que no era momento de vender y así pasaron los meses hasta que se evidenció la estafa. Mellado denunció a su antiguo jefe y la Audiencia de Tarragona le dio la razón. Pero el retraso en la ejecución de la sentencia hizo que hubiese prescrito.

El titular legal de la casa reclama la vivienda, pero Mellado está dispuesto a defender ‘su’ casa. El principal argumento que defiende junto a la Plataforma 500 x 20, que asesora a personas amenazadas de desahucio, es que la familia carece de una alternativa habitacional. Mellado estaría dispuesto a llegar a un acuerdo para pagar un alquiler social. «Es fuerte tener que pagar un alquiler a quien me ha quitado la casa para poder vivir en ella», reflexiona. «Pero quien me la quitó sólo tiene la intención de venderla». El hombre no sabe qué pasará dentro de dos meses. La paralización del desahucio el lunes le «permite coger aire». Pero señala que «esta es mi casa. No tengo otro sitio».

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