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Los Mossos se interponen en las manifestaciones de Salou

Crónica. La capital de la Costa Daurada vivió por segundo año consecutivo la Passejada per la República y la concentración antiindependentista

Eduard Castaño

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Imagen de la manifestación independentista en el paseo. Foto: Eduard Castaño

Imagen de la manifestación independentista en el paseo. Foto: Eduard Castaño

Salou sigue concentrando la atención del verano. En el plano turístico, las calles siguen hirviendo en un ir y venir de transeúntes dispuestos a disfrutar de las vacaciones. En el aspecto político, la jornada de ayer subió aún más la temperatura que desbordaba los termómetros en un día tan caluroso.

La II Passejada per la República había previsto esta vez celebrar su manifestación en domingo, en lugar de un sábado, como sucedió el año pasado.

La tensión que se vivió entrada ya la tarde comenzó a fraguarse hacia las 18.30 horas, coincidiendo con la llegada a ambas concentraciones -la de los independentistas y los contrarios- de seguidores de uno y otro bando.

Unos y otros estaban separados en el Passeig Jaume I por más de un kilómetro, aunque la distancia entre sus formas de pensar están aún más alejadas, como quedó patente en la manifestación y la contramanifestación de ayer.

El eurodiputado de Vox, Jorge Buxadé, asistió a la manifestación antiindependentista aunque previamente ya había avisado a la prensa: «las calles no son de ellos. Son de todos. Por eso no me vale el grito de ‘els carrers eran sempre nostres’. Ahí demuestran quienes son los totalitaristas».

Mientras, en la Font Lluminosa se iban concentrando ciudadanos con banderas españolas, hasta reunir una cifra de alrededor de 200.

Los antiindependentistas, en la Font Lluminosa. Foto: Eduard Castaño

En el otro extremo del paseo, en el Espigó del Moll cerca de 600 ciudadanos independentistas (según fuentes policiales) se preparaban para reivindicar sus anhelos y quejas. Esteladas, camisetas amarillas, lazos y pancartas destacaban en un inicio del Passeig Jaume I que preveía momentos de tensión. Como así fue, aunque afortunadamente no fue a más. El choque que se registró entre ambas manifestaciones en las inmediaciones de la Font Lluminosa no llegó a materializarse porque los Mossos se interpusieron eficazmente entre unos y otro.

A las 19 horas arrancó la manifestación independentista con gritos de «in...inde...independència», «llibertat presos polítics», «1-O, ni oblit ni perdó» o «fora les forces d’ocupació». Numerosos efectivos policiales blindaban y lideraban el recorrido para evitar choques y enfrentamientos entre unos y otros. Hubo algún conato pero la manifestación independentista prosiguió su avance al grito de «fora fora fora la bandera espanyola» en el momento en que la manifestación alcanzaba el monumento de Jaume I.

Mosqueo de turistas españoles

Algunos de los gritos de la manifestantes molestaron a muchos turistas españoles que se hallaban en el paseo. El ambiente fue animándose entre los manifestantes independentistas, quines homenajearon a Lluís Llach cantando ‘L’estaca’ acompañados de sonido de trompetas y tambores.

Una multitud amarilla seguía avanzando hacia el tramo final del paseo para hacer lectura de su manifiesto. Gritos de «els carrers seran sempre nostres» y «Catalunya antifeixista» eran respondidos con los habituales «viva España», «luego diréis que somos cinco seis» y «Puigdemont, a prisión». La tensión y los gritos dificultaban oír el manifiesto de los manifestantes de la II Passejada per la República. Los ánimos siguieron ‘in crescendo’ con los Mossos y la Policía Local haciendo de barrera humana, junto con tres furgones de los ARROs. Una treintena de agentes cerraban el paso e imposibilitaban el choque directo entre manifestantes de ambas concentraciones.

Convocados por la Plataforma per la Democràcia i la Llibertat de Cambrils, Salou i Vila-seca, los independentistas leyeron un manifiesto en el que, entre otras cosas, compararon la democracia española como «la Turquía del sur de Europa», solicitaron la unión de todos los partidos independentistas para hacer posible la república catalana y lamentaron «la parcialidad de la Justicia española».

Entre aplausos y vítores sobresalió nuevamente el «ho tornarem a fer». La concentración de los centenares de independentistas se cerró oficialmente con el canto de ‘Els segadors’ y un «visca Catalunya lliure».

Retándose

La treintena de agentes que se interponían entre manifestantes y concentrados evitó males mayores. Hubo incluso quien retó a los del otro lado de la barrera policial a que se la saltara para un intercambio de ¿palabras?

Y esa tensión también quedó reflejada entre los turistas, nacionales y extranjeros. Estos últimos eran los más sorprendidos ya que al inicio de las concentraciones algunos se preguntaban si había algún partido de fútbol dada a gran cantidad de banderas que circulaban a uno y otro lado del paseo. Muchos no entendían nada.

Los más conocedores parecían ser los turistas franceses, quienes se mostraban sorprendidos por los momentos de la tensa escena. Otros se paraban y preguntaban acerca de lo que estaba ocurriendo, recibiendo fotocopias del manifiesto independentista que trataba de explicar el porqué de la concentración. El enfado llegó también a numerosos comerciantes y restauradores del Passeig Jaume I al entender que aquel no era el espacio para mostrar la postura de unos y otros.

«Está bien que se manifiesten todos. Pero que no lo hagan en pleno paseo de Salou, a las 7 de la tarde de un domingo cuando hay una mayor afluencia de turistas. Estoy nos hará daño por la imagen que se está dando, con numerosa presencia policial en el centro de la ciudad. ¡Qué desastre!», señalaba ayer un restaurador con negocio en la arteria principal de la Costa Daurada.

Hacia las 20.30 horas se disolvían ambas manifestaciones. «Iros a Waterloo» gritaban desde el bando antiindependentista. La expresión fue contestada con un «marxem, que us vagi molt bé al vostre país de merda».

La frase acabó por sulfurar aún más a muchos turistas españoles. Una madre le decía a su hijo: «mira Darío, tú te puedes manifestar en esta vida pero no faltar al respeto a nadie». Fue el colofón a una Passejada per la República que tuvo su contraprogramación.

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