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Un adolescente de Torredembarra paga 1.186 euros para tener 200 amigos más en Instagram

Su presentó denuncia por unas compras ‘online’ que no había realizado pensándose que era víctima de una estafa.Resultó que su hijo la había suplantado para poder usar la tarjeta de crédito y comprar online.

Jordi Cabré

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FOTO: DT

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No puedo imaginarme la cara de circunstancias que puso una madre de Torredembarra cuando conoció la verdad de unas sospechosas compras pagadas con su tarjeta de crédito. No puedo asegurarles si abroncó a su hijo hasta perder la voz o lo castigo de forma severa y todavía hoy, casi medio año después de lo ocurrido, todavía sigue en vigor. Fuera como fuese, la acción irresponsable del menor solo puede ser punible dentro del ámbito familiar, ya que la ley no contempla en estos casos que exista un delito que merezca otro tipo castigo.

Remontémonos a los orígenes de esta historia que debe servir como ejemplo para aquellos menores que aprovechándose de sus conocimientos de informática y su manejo en las redes sociales a veces cruzan fronteras que pueden acarrear repercusiones irreversibles.

En el ejemplo de esta historia, un adolescente de Torredembarra quiso tener más protagonismo en las redes sociales, concretamente en Instagram. Y un buen día, una oferta se cruzó en su camino. 200 seguidores más en tu perfil a cambio de pagar por ello. El joven aceptó el precio, 1.186 euros, y cogió la tarjeta de crédito de su madre para hacer la compra. Entró en la página web, tecleó los nombres y las cifras y logró su objetivo. Ya tenía 200 amigos más en su perfil de Instagram.

El 14 de octubre de 2020, la madre de Torredembarra entraba en la comisaría de Mossos para presentar una denuncia por posible usurpación de identidad al comprobar una serie de compras en  su tarjeta que ella no había efectuado. La denuncia hablaba de cinco operaciones con un importe total rozando los 1.200 euros. De las cinco, había una que rompía esquemas y sumaba 1.186 euros. Las otras transacciones eran de pocos euros. De hecho, tres tenían relación con juegos ‘online’.

Los agentes expertos en delitos informáticos de la comisaría de Campclar recopilaron los datos de la denunciante y enviaron una solicitud a la plataforma de pago para conocer quién habría hecho estas compras para identificar al posible estafador. 

Las gestiones y las respuesta de la plataforma llegó el 12 de noviembre, un mes más tarde, y la sorpresa fue que el número de teléfono del comprador y el IP de su ordenador señalaban que aquellas compras las habían hecho en su casa. Costó poco entender que el comprador era el adolescente de la casa.

«Descubrimos que no había estafa porque el autor de las compras era el hijo sin el consentimiento de sus padres», explica uno de los investigadores del caso. Tras corroborar que el usurpador de la identidad era el propio hijo, se informó a la denunciante de las conclusiones del caso y se cerró la investigación. No había delito, no había más recorrido policial.

La madre agradeció a los Mossos la investigación y la resolución de lo que ella sospechaba una estafa en toda regla. Luego dejaría la parte amable con los agentes para cambiar su carácter para hablar con su hijo.
 

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