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Los marchantes de la costa, hartos de compartir su mercado con vendedores ilegales

Lamentan que los manteros se instalen junto a sus paradas sin pagar ninguna tasa, quitándoles buena parte de su clientela

M. Just / C. Marsiñach

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Uno de los manteros que estaba ayer en el mercado de Miami, junto a las paradas. Foto: Alfredo González

Uno de los manteros que estaba ayer en el mercado de Miami, junto a las paradas. Foto: Alfredo González

Los paradistas de los mercados ambulantes de los municipios turísticos están hartos de la competencia desleal del top manta. Mientras ellos pagan impuestos para poder ganarse la vida, los manteros les quitan clientes sin pagar nada. La temporada ya va de baja y su presencia ha disminuido respecto a los meses de verano, aunque todavía están presentes. Por ello, y después de los altercados del día 11 de agosto en Salou, los marchantes reclaman que se estudien soluciones.

Pese a la presencia de la Policía Local, en el mercadillo semanal de Cambrils sigue habiendo top manta junto. Aún así, los comerciantes aseguran que, desde que hace dos años se quejaron de esta práctica al Ayuntamiento e incrementó la vigilancia, la situación está mucho más controlada. Cuando los manteros ven que la policía se acerca recogen sus artículos y se van hacia la otra punta del mercado hasta que los policías vuelven. Plegar, correr y desplegar de nuevo, esa es su rutina habitual.

 

Difícil solución

«No tiene solución», asegura Josep Lluís Lorenz, delegado de la Associació de Marxants de la Província de Tarragona en Cambrils. Nunca ha habido enfrentamientos personales: «No somos ni hostiles ni colaboradores con ellos». Lorenz reconoce que se trata de una «competencia desleal» que perjudica a los marchantes, ya que, aunque se intenten ganar la vida, «están robando fiscalmente». A pesar de ello, también se ponen en su lugar, reconociendo que al fin y al cabo los manteros no dejan de ser víctimas del sistema.

Ir a por las mafias que proporcionan los artículos a los manteros o un mayor control en las fronteras serían buenas fórmulas para acabar con esta práctica pero los marchantes lo ven muy difícil. De las pocas cosas que podría cortar de raíz con el problema según los vendedores del mercado sería que la gente no comprara. «Imagino que compran por compasión o empatía y por eso siguen estando ahí», argumenta.

El presidente de la Associació de Marxants de la Província de Tarragona, Josep Gómez, insiste en que «no tenemos nada en contra de ningún tipo de comercio. Pero debe ser legal. Tenemos que trabajar todos con las mismas reglas». Asegura que los vendedores ilegales se han dado cuenta de que no tienen mucho que temer porque la ley es poco dura, y cada vez se vuelven más conflictivos. «En Cambrils o Miami se plantan delante de las otras paradas. Y en L’Hospitalet, donde el mercado es los domingos, en verano llegan a un centenar y crean casi un segundo mercado anexo», lamenta Gómez. E insiste: «Nosotros ya pagamos bastante. Y llegará un momento en que no podremos asumir los costes. ¿Entonces, hacemos lo que hacen ellos?». Apunta que varios de sus compañeros marchantes se ganaban la vida y han tenido que cerrar.

El sector reivindica que a esta situación se debe sumar las altas tasas de ocupación de la vía pública que se pagan en la demarcación. Afirman que son de las más caras de Catalunya y España.

 

En los mercados de la costa

Cambrils, Miami Platja, L’Hospitalet de l’Infant o Bonavista son los lugares donde suelen tener más presencia los manteros de forma simultánea al mercadillo.

Enric Daza, presidente de la asociación Marxants TGN, cree que debería irse más allá y tratar de frenar las mafias que hay detrás de los vendedores. «Si atacásemos directamente a la madre, probablemente lo acabaríamos», apunta. Daza está convencido que la «indulgencia» existente -la justicia no da demasiadas posibilidades a los cuerpos policiales- ha hecho que en los últimos tres años se haya detectado un efecto llamada. «Ahora son muchos más», insiste. Recuerda que los comerciantes siempre han denunciado la competencia desleal que supone: «Se ponen al lado de nuestras paradas, e incluso han llegado a poner parte de su género en la mía. Plantan cara. Y además tienen género que llama mucho la atención, con falsificaciones de grandes marcas». Los marchantes lamentan que si los clientes compran a los manteros dejan de consumir en el mercado, cuando ellos pagan impuestos y tasas y asumen todos los gastos. Su presencia ha bajado, pero todavía están ahí, a las puertas del mes de noviembre.

Daza recuerda que muchos, en verano, instalan en la zona del Cap de Sant Pere, entre Cambrils y Salou, y que se conoce como el mercado de la tarde. «Hay que concienciar a la administración de que se debe atacar a quien abastece a esta gente. No les queremos ningún mal, pero son ellos los que hacen daño a los demás».

En Salou, apunta Gómez, no tienen problemas. Se colocan en el paseo marítimo porqué en verano hay más gente, no les hace falta ir dónde se hace el mercadillo.

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