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Los residentes y la propiedad de La Unión de Salou pactan el desalojo del camping

Las últimas familias que restaban por alcanzar un acuerdo aceptan las condiciones económicas al cierre del plazo

Eduard Castaño

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Imagen de esta semana de la fachada del camping, que quedará vacío en breve.

Imagen de esta semana de la fachada del camping, que quedará vacío en breve.

Ayer se cerraron finalmente los acuerdos entre las familias que aún seguían residiendo en el Camping la Unión de Salou y los propietarios del mismo. Tras pasar por los juzgados, mediación y el notario, será el lunes cuando los afectados por el cierre del camping que quedaban por desalojarlo reciban el cobro de las compensaciones, poniendo punto y final a meses de disputa entre ambas partes.

Como reconocía ayer el apoderado del Camping La Unión, Francisco Cano, «tendrán hasta el próximo día 10 para acabar de recoger todos sus enseres y el resto de objetos de su propiedad que permanecen en el camping».

Cano apuntaba que «la situación que se ha vivido es una circunstancia que no gusta a nadie. Ni a los residentes ni a la comunidad», al tiempo que detallaba que «el acuerdo se ha cerrado con todos dado que también la mediadora daba como fecha límite el día de hoy ayer para el lector- porque después cogía vacaciones».

La solución al desacuerdo «ha pasado por un resarcimiento económico», recordaba Cano, quien ya anteriormente había explicado que «el pago de cada indemnización es un caso diferente. No todos recibirán la misma cantidad».

Ahora, mientras muchos de los residentes ya han logrado encontrar una residencia, otros tratan de localizarla en función de sus posibilidades. La mayoría de quienes vivían allí lo hacían por necesidad, dado que no podían pagar el alquiler de un piso. Sólo en algunos casos, los residentes ya contaban con otra vivienda donde alojarse.

Familias con niños y enfermos
El estado de deterioro en que se encuentra últimamente el camping hacía que cada vez fuera más inhóspito e insalubre vivir en el lugar. Suciedad, destrozos, basura, ratas e insectos -como habían denunciado algunos campistas- eran el marco de convivencia en el que se movían los restantes afectados que habían rechazado inicialmente desalojar el camping. Incluso había familias con niños y personas mayores enfermas necesitadas de cuidados que se mantenían en pésimas condiciones ante la ausencia de una vivienda en condiciones óptimas.

Por otra parte, las familias que hubieran rechazado la mediación entre ambas partes hubieran tenido que seguir sufriendo un pleito de desahucio sin conocer el resultado final del mismo y con el riesgo de acabar en la calle.

 «No es lo que nosotros buscábamos, porque nos tocará buscar un lugar donde vivir a partir de ahora pero al menos ya no tendremos que sobrevivir rodeados de cochambre y mugre como hemos tenido que hacerlo en los últimos tiempos», concluye uno de los afectados.

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