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Luces, cámara y... ¡a bailar!

Reportaje. El pabellón de deportes de Cambrils acoge el I Iberica Dancesport, una competición en la que participan más de 2.000 bailarines

Cristina Sierra

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Un momento de la competición de bailes latinos en la categoría senior celebrada en el pabellón deportivo. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Un momento de la competición de bailes latinos en la categoría senior celebrada en el pabellón deportivo. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Esta Semana Santa el pabellón de deportes de Cambrils se ha convertido en la capital mundial de los bailes deportivos. Desde el pasado jueves hasta mañana por la noche, la instalación acoge la primera edición del Iberica Dancesport, una competición en la que participan más de 2.000 bailarines de 25 países diferentes.

Basta con dar una vuelta por los dos escenarios preparados para la ocasión para darse cuenta de la magnitud de este evento que podría describirse como el paraíso de los bailes deportivos. En el pasillo que accede a la pista central se concentran los participantes a la espera de su turno para salir a darlo todo y obtener una buena puntuación. Bailarines con la piel muy bronceada, bien de gomina y maquillaje exagerado y vestidos con mucho brillibrilli que ellas esconden bajo unas capas para no desvelar su secreto mejor guardado, con permiso del baile. 

En la primera edición del concurso, que cuenta con una aportación de 12.000 euros del consistorio cambrilense, se celebrarán más de treinta competiciones, entre las que destacan los bailes caribeños, el Hip Hop o la danza coreográfica. «Estamos muy contentos porque es un evento que funciona», señaló Caminal. 

En esta parte del pabellón también hay un público entregado que vibra con cada prueba, anima a los concursantes y captura los mejores momentos con su móvil. Precisamente en este escenario se celebró el jueves por la noche una Cena-Show en la que se pudo ver a las mejores parejas a nivel mundial, entre ellas, la primera y la segunda del ranking de bailes latinos. «El evento fue muy bien, vinieron 70 personas a cenar y otras 100 que estuvieron en la grada», señala al Diari Aleix Caminal, uno de los responsables de la empresa Anada Events, que se ha estrenado en el mundo de las competiciones deportivas con una de primer nivel que cuenta con la presencia de 45 jueces internacionales. Los expertos no solo evalúan la coreografía de cada pareja, también se fijan en detalles como los gestos con las manos y la expresión facial.

Vestidos de ensueño
En la otra pista, que también se disputan varias pruebas nacionales, destacan la cafetería con fuentes de chocolate y zumos, las peluquerías y los estands especializados en maquillaje y accesorios, calzado profesional y trajes. En uno de ellos está Abraham Martínez, bailarín y diseñador de Valls que se dedica a la confección de estos vestidos de ensueño plagados de tendencias como los volantes, flecos, transparencias y el toque brillante con los cristales de Swarovski. 

El vallense, que tiene su taller en Sabadell, es uno de los modistos más importantes de este sector, de hecho, patrocina a las dos primeras parejas del ranking mundial de esta competición. «Son como nuestro escaparate», apunta. Martínez explica que la fabricación de los trajes es mucho más compleja que una pieza de calle. «Son telas elásticas que se tienen que adaptar bien al cuerpo. La costura es más difícil, es un trabajo muy personal y son muchas horas de elaboración». También lo es el precio. Un vestido de modalidad Standard cuesta unos 1.600 euros, mientras que uno de latino vale unos 1.200 euros. 

El diseñador valora muy positivamente la presencia de su firma en esta competición única a nivel estatal que permite promocionarla. «Tenemos muchos clientes de Japón, Canadá, América…es un mercado muy abierto. Venir aquí permite que la gente te conozca. Han venido muchos participantes que compran aquí sus vestidos y trajes para disputar la prueba», asegura el bailarín, que también acude a otros concursos internacionales que se disputan en Italia o en Alemania, donde llegan a participar entre 2.000 y 3.000 parejas. En su estand, Martínez también vende vestidos de segunda mano que cuestan entre 600 y 800 euros. 

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