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"Me puso la navaja en el cuello y, al zafarme, me pinchó en el corazón"

José Avellaneda está de baja. Ha hablado con el 'Diari' tras recibir una puñalada que por suerte su móvil paró a tiempo

Jordi Cabré

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José, en el suelo, tras recibir la puñalada y el golpe en el abdomen. Su compañero siguió forcejeando. Foto: Cedida

José, en el suelo, tras recibir la puñalada y el golpe en el abdomen. Su compañero siguió forcejeando. Foto: Cedida

Cinco miligramos de Diazepam por la mañana y otros diez por la noche. Este es el fármaco que debería ayudar a José Avellaneda –natural de Madrid y de 50 años de edad– a recuperar su confianza, adquirir tranquilidad y ser capaz de volver con todas las garantías a trabajar con Ombuds, la empresa que tiene contrato con Renfe desde este pasado enero para la vigilancia de los trenes en la estación de Sant Vicenç de Calders.

José asistió ayer a los juzgados de El Vendrell para explicar ante el juez lo ocurrido a las 15 horas del pasado jueves en los andenes de esta estación ferroviaria del Baix Penedès. También prestaron declaración los dos detenidos: Edgar C., de 19 años, y presunto autor del intento de homicidio; y Guillem, de 21, uno de los autores de los destrozos en un vagón de tren. A última hora de la noche, la magistrada de guardia ordenó cárcel para el primero y libertad con cargos para el segundo.

Alerta de un pasajero

Desde lo ocurrido, José tiene ataques de ansiedad mientras revive lo sucedido el pasado jueves con todo lujo de detalles. «Un viajero nos avisó», recuerda Avellaneda. Su compañero de turno le informó del posible acto de vandalismo por el walkie y él acudió presto a la vía cuatro, donde estaba el vagón estacionado. Era de los nuevos, señala. «Había dos jóvenes, uno de ellos llevaba una cresta. También había una menor de unos 14 años, que la apartamos. Les invitamos a entrar en el vagón para ver qué habían hecho y ellos declinaron la invitación pensándose de que les pegaríamos lejos de cualquier mirada. No saben que hay cámaras y sería una estupidez por nuestra parte agredirles», señala el vigilante madrileño.

Los autores de los destrozos intentaron escaparse y los dos guardias de seguridad los persiguieron saltando las vías hasta el andén 1, donde cogieron a uno para esposarlo. «Desde un tren del andén 7, que venía de Vilafranca, nos empezaron a insultar. Nos llamaron que éramos unos mierdas e incluso el chico dijo que bajaría y nos pincharía», relata Avellaneda.

Fue entonces cuando empezó la pelea en el andén y donde los viajeros que estaban en Sant Vicenç de Calders inmortalizaron la agresión con las cámaras de móvil.

Baja un joven con arma blanca

El sujeto, de 19 años, bajó del vagón y se fue hacia los dos guardias. Pelo muy corto, chaqueta y aspecto de skin. En este caso de ideología supuestamente de izquierdas. Con esta edad, el agresor ya tiene un historial con tres antecedentes en los casi 24 meses de mayoría de edad. La última detención fue en septiembre en Mollet por un robo con violencia.

El otro agente de seguridad tenía inmovilizado a uno de los vándalos del tren, pero lo dejó para ayudar a José.

«Me puso la navaja en el cuello y me golpeó en el abdomen. Estoy recuperándome de una operación de pancreas y aún llevo los puntos», recuerda José.

Al verse la navaja en la garganta se defendió y consiguió alejar el arma blanca de su cuello y encararse con el agresor. Entonces ocurrió: «Me pinchó a la altura del corazón y me golpeó. Miré en el agujero y no vi sangre. Luego me percaté de que la funda del móvil estaba agujereada porque el puñal o lo que fuera que tenía en la mano penetró el chaleco reflectante de Renfe y se frenó», relata.

Tras el apuñalamiento, el delincuente escapó. A uno de ellos se le cayó el móvil en la huida y un pasajero lo recogió. Los Mossos tenían sus caras. Tardaron pocos minutos en dar con los dos sujetos, de 19 y 21 años, en la calle Gavina, apunta este madrileño afincado en Segur de Calafell. El arrestado de 21 años carece de antecedentes.

Mientras los Mossos se llevaban a los dos sujetos a la comisaría de El Vendrell, José y su compañero –ayer no compareció en los juzgados– eran atendidos en una ambulancia en la misma estación y luego pasaron un reconocimiento en la Mutua que tiene contratada su empresa. «Al ver que no tenía sangre ni en el pecho ni en la cicatriz de la operación, ya estaba tranquilo. De hecho lo que tengo es miedo y mucha ansiedad», repite.

José Avellaneda está de baja desde el viernes y mañana lunes pasará a ver al psicólogo. Admite que es la primera vez que sufre una agresión de este tipo en los 26 años de vigilante. Llevaba desde este pasado mes de marzo trabajando en Sant Vicenç. Ya había estado en el pasado por cuatro años. Pero ahora «he pedido a mis jefes un traslado. Me gustaría volver a Madrid», se sincera. Soltero y con 50 años no para de darle vueltas a la tarde del jueves. Tiene ganas de olvidar y recuperar la normalidad. Espera que el Diazepam le ayude en ello.

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