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Medio siglo poniendo sabor en Coma-ruga

Reportaje. Francesc Miralles abrió hace medio siglo la primera heladería de la zona. De Jijona, tenía que buscar una actividad para los meses que no se elaboraba turrón

JOSÉ M. BASELGA

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Francesc y Francisca en los primeros años de la célebre Jijoneca de Coma-ruga.FOTO:  CEDIDA

Francesc y Francisca en los primeros años de la célebre Jijoneca de Coma-ruga.FOTO: CEDIDA

Francesc Miralles, Paco el de los helados, nació en Jijona lo que ya modela un ADN de turrón y helado. «Desde niño, en casa, nos dedicábamos al turrón. Éramos de familia de turroners. Como la de quien después sería mi esposa», explica Miralles.

Pero la elaboración de turrón y ese olor dulzón que inunda Jijona era para una temporada al año. Entonces, de septiembre a diciembre. Debía buscarse la vida para los meses de verano. «Como muchos de los del pueblo». Miralles recaló en Coma-ruga, junto a su esposa Francisca Hernández.

Fue al acabar la mili. «Ya tenía mucho aprecio a Catalunya». Había trabajado en fábricas de dulces de Barcelona enseñando a sus pasteleros a hacer turrón. Y en Calafell en la que fue de una de las cafeterías más veneradas: el Calafell 66.

«Conocía la zona y pensé en abrir un negocio propio». Era un sueño. Para el verano. Para los meses en los que entonces no había turrón. Fue en Coma-ruga, hace ahora medio siglo, cuando Miralles abrió La Jijonenca. La primera heladería que hubo en la zona.

Entonces era un lugar de gran potencial y atractivo turístico. En aquella Coma-ruga veraneaban tres ministros, tres gobernadores civiles, médicos, abogados, los propietarios de Tabacos de Filipinas... Francesc Miralles lo tuvo claro. «Voy a enseñarles a comer helado».

Y abrió la heladería que entonces estuvo junto al edificio para vacaciones de trabajadores del Banco Hispano Americano. Fue en una primavera de 1971. Allí elaboró los helados de mantecado, jijona, chocolate... «el granizado de café que pocos conocían y el café irlandés que aprendí a hacer en el Calafell 66».

El sueño

También había un hotel que se llenaba de alemanes a quienes encantaban aquellas elaboraciones. En verano. Porque en septiembre tocaba cerrar para regresar a Jijona. A hacer turrón.

Han pasado 50 años y la Jijonenca sigue en Coma-ruga. Ahora junto al lago y otra en el paseo marítimo. Y todo el año. Francesc Miralles ya se retiró, pero son todos en Coma-ruga los que recuerdan a Paco el de los helados. En 50 años han sido miles de niños los que se han asomado al mostrador de la Jijonenca en Coma-ruga.

Muchos aún recuerdan aquellos sabores de infancia que elaboraban Francesc y Francisca. Y la abuela María que hacía esas magdalenas de las que en la casa todavía se atesora la receta, mientras el abuelo echaba una mano para preparar los helados.

La Jijonenca de Coma-ruga, hece décadas.

Miralles todavía se acerca para comprobar la elaboración. Porque no se puede dejar de ser torroner ni gelater. «Ha cambiado todo mucho, aunque el secreto va a estar siempre en la calidad».

Paco el de los helados ya tuvo algo de visionario hace décadas. «La primera innovación que hicimos fue la vainilla sin azúcar. Ya se intuía que habría un mercado que demandase esos productos».

Mucho ha cambiado el mundo del helado en los últimos 50 años. «En sabores y formatos... aunque el gran salto ha sido su entrada en la gastronomía. A cualquier hora. Ya no hay ningún restaurante que no ofrezca un helado en el menú».

Medio siglo

Medio siglo después todavía se sienta frente al mar de Coma-ruga que, con algunos sabores, todavía sigue siendo el mismo de hace 50 años.

Francesc y Francisca en lños comienzos,

Hay locales que forman parte de la historia de los lugares. Porque están en la mente de muchos. Porque sin ellos nada hubiese sido igual.
Porque los helados del verano en Coma-ruga se guardaban en la memoria todo el año. Y las heladerías eran las que abrían la temporada. «Ya ha abierto la Jijonenca». Era la salida de las vacaciones.

Francesc Miralles siempre se ha sentido «muy bien acogido en Coma-ruga». Ahora son sus hijas María del Mar y Nuria quienes están al frente de esa historia. Los yernos Víctor y Jesús son los heladeros. «Quienes investigan, van a ferias y campeonatos y preparan nuevos sabores». Hasta 46 hay ahora. Incluso sin azúcar, gluten o veganos.

Aunque «siempre bajo la mirada atenta de mi padre y mi madre. Las heladerías siguen siendo su vida», explica Nuria. Tanto helado y turrón hay en el ADN de la familia que los nietos de Francesc ya ayudan en  las heladerías. La tercera generación que mantiene aquel sueño que comenzó hace medio siglo.

Las jijonencas de Coma-ruga  abren todo el año con tipo de elaboraciones y dulces. Al reconocido como  Paco el  de los helados todavía le gusta sentarse en una de las mesas.  Entonces muchos le saludan. Padres que entonces fueron niños y que ya hicieron cola para recibir uno de aquellos helados. «El helado sigue siendo un motivo de emocion».

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