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Costa Moda solidaria

Modelos sin perjuicios

El salouense Álvaro Susín impulsa una marca de ropa haciendo protagonistas a tres jóvenes con síndrome de Down

EDUARD CASTAÑO

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Irene, Celia y Octavi han sido los modelos. Ninguno tenía experiencia. FOTO: Agustín Ortoneda

Irene, Celia y Octavi han sido los modelos. Ninguno tenía experiencia. FOTO: Agustín Ortoneda

Álvaro Susín es un joven (21 años) salouense que estudia Derecho. Hasta aquí todo podría ser normal. Sin embargo, dos elementos destacan en su trayectoria personal: es un joven emprendedor dedicado al mundo de la moda y, especialmente, porque ha pensado en cambiar los prejuicios que todos tenemos en el mundo del modelaje para dar la oportunidad a tres personas con síndrome de Down.

El nombre de su empresa es ‘Vinglory’, que se dedica a la distribución textil. A la hora de promocionar el producto, lo habitual es buscar modelos ‘cuerpo perfecto’ y rostros revestidos de tópicos. Sin embargo, él ha apostado por una concepción diferente e inusual: «como usuario en este mundo de la distribución textil e inherentemente en el mundo del modejale me veía obligado personalmente a intentar poner mi granito de arena para evitar y cambiar esta visión tan convencionalista y artificial del mundo del modelaje», afirma.

Y, ¿cual fue el punto de partida para llevar a cabo esos cambios que tenía pensado? Álvaro asegura que «hay que empezar a realizar actos, que en su práctica luchen por la igualdad. Somos una sociedad suficientemente evolucionada para que pensemos que cualquier persona podría ser capaz de hacer cualquier cosa, por este motivo no sólo hay que realizar actos de discriminación positiva, que son totalmente beneficiosos para la sociedad, como pueden ser ayudas o subvenciones a ciertos colectivos».

Por eso, pensó en emprender una iniciativa diferente y solidaria. La propuesta que pensó era una jornada de modelaje introduciendo a tres personas con síndrome de Down (Célia, Octavi e Irene) en el mundo del modelaje y de esta forma demostrar que no existe ninguna carencia y que sus aptitudes en ese contexto son totalmente válidas. Junto a ellos participaron otras tres personas (Casti, María y Joan), que ya tenían experiencia en ese mundo y que les iban guiando y enseñando mínimamente. No sólo fueron fotos, hay un reportaje completo con imágenes grabadas.

Sorpresa

Al entrar en el estudio ninguno de los tres sabía lo que iba a realizar ese día. «Nuestra maquilladora empezó a prepararlos, seguidamente les hicimos unas preguntas personales que me emocionaron mucho. Sus respuestas me hicieron comprender muchísimas cosas a cerca de ellos y que irremediablemente me dieron una lección de vida», explica Álvaro y añade que Irene le dio una respuesta muy especial: «Y tú, Álvaro, yo ahora te voy a hacer una pregunta, ¿porqué crees que la gente nos ve diferentes? El síndrome de Down sólo es una característica más de la persona. Nada más».

Aquella sesión cautivó a Álvaro y desde entonces recuerda que «aquella fue una de las experiencias más bonitas de mi vida, esas experiencias que te hacen mejorar como personas, que te enriquecen. Me acuerdo de llegar a casa después de aquella jornada y quedarme pensando todo lo que me habían enseñado aquellos jóvenes en menos de cinco horas que duró la sesión».

El futuro abogado saca una conclusión: «cuando algo te sorprende es porque, en definitiva, no te lo esperabas o lo ignorabas. En relación a ese día, pude concluir que la ignorancia produce discriminación. Es así. No podemos hacer nada, sólo educarnos a nosotros mismos».

Y concluye apuntando que «hay que luchar por un mundo donde seamos socialmente iguales, más allá de cualquier prejuicio. Nos limita más un prejuicio que un cromosoma».

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