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'No puedo dejar de pensar que me tuvieron a tiro'

Dos testigos de los hechos de Cambrils explican cómo lo vivieron todo

Mònica Just

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El lugar donde volcó el coche de los terroristas, ya a la mañana siguiente, llena curiosos, periodistas y policía  Foto: Alba Mariné

El lugar donde volcó el coche de los terroristas, ya a la mañana siguiente, llena curiosos, periodistas y policía Foto: Alba Mariné

Jordi Figuerola es caricaturista. La madrugada de ayer estaba en el paseo de Cambrils, en su lugar habitual. «Estábamos recogiendo. De repente, escuchamos tiros. Muchos. Pude contar casi una veintena. Primero pensé que quizás eran petardos, pero entonces vi que no era así y empezó a venir gente corriendo hacia donde yo estaba», explica.

Avistó movimiento delante del Club Nàutic. Pero no estaba lo bastante cerca como para distinguir qué ocurría. «De repente, vi un hombre que venía en dirección a nosotros. Me llamó la atención porque, a diferencia de la otra gente que corría, él iba por en medio de la carretera, solo y gritando», explica el caricaturista, vecino de Valls y dibujante de El Vallenc. El hombre pasó a apenas unos metros de él. Vio que llevaba unas botellas atadas a una camiseta naranja, con cinta americana. «Gritaba, en árabe. Me pareció entender que clamaba a Alá», cuenta. Se cruzaron la mirada. «Al pasar por delante nuestro nos miró y gritó», explica.

'Vi un hombre que corría en mi dirección. Iba solo y estaba gritando. Pasó a apenas unos metros de mí', explica el caricaturista Jordi Figuerola

Le llamó la atención la expresión de aquel hombre. «No tenía cara de rabia, sino de alucinado, con los ojos abiertos y salidos. Parecía como si estuviera desquiciado. No corría ni recto», recuerda. Jordi en seguida le miró de arriba abajo para ver si llevaba algún arma. Pero no. «Retrocedimos y vimos cómo se alejó en dirección Salou. Luego, más tiroteos», añade. Un coche de los Mossos pasó por donde estaban y los agentes les gritaron que desalojaran la zona de inmediato. Recogió sus cosas y se marchó, mirando a todos lados «por si aparecía otro loco». Vio el coche estampado en el Nàutico. Y gente en el suelo. Pasó la noche en vela.

El viernes, Jordi dejó Valls y volvió a Cambrils y montó su tenderete. «Hay poca gente. Casi he podido elegir dónde aparcar», explicó. Trata de recuperar la normalidad, pero le cuesta creer lo que vivió:  «No dejo de pensar que si aquel hombre hubiera llevado un arma o detonado explosivos, a mí me tuvo a tiro, a diez metros o menos».

El futbolista Edu Oriol estaba en una terraza, muy cerca del Nàutic. De repente escuchó gritos de '¡Atentado! ¡Terroristas!'

'Eché a correr con mi hijo de dos años en brazos'

El futbolista Edu Oriol estaba en una terraza del Port, a 30 metros del Nàutic, con su hermano, su novia, su hijo y unos amigos. «Oímos un ruido. Pensábamos que era un coche que pasaba y que petaba fuerte. Pero el ruido siguió», explica. Y aumentó. Escucharon gritos de «¡Atentado! ¡Terroristas!». Los tiros se acercaban.

Y Edu cogió a su pequeño, de dos años, en brazos y arrancó a correr para evitar las balas. «Fue un caos. Solo pensaba en mantenerle a salvo», dice Edu. Se resguardaron en el restaurante de unos amigos, donde estuvieron una hora. Les fue a buscar su madre, que se había escondido en el negocio familiar, también en el puerto. Luego recogieron a su hermano y su novia, en otro local. Ahora tratan de volver a la normalidad.

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