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'No quiero políticos entre mis caganers'

El vecino de l'Arboç, Robert Rovira, atesora una colección de 1.300 de las tradicionales figuritas del Belén

José M. Baselga

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Robert Rovira con parte de su colección de caganers.

Robert Rovira con parte de su colección de caganers.

Todo comenzó con el caganer de la abuela Modesta. «Era muy pequeño de barro», recuerda Robert Rovira, de l’Arboç. La abuela Modesta decía que el caganer no podía verse mucho. Que a los curas no les gustaba la figura. 

«Así que lo poníamos detrás de la cueva que hacíamos con el corcho y el musgo que íbamos a buscar a la montaña». Cuando entonces no estaba prohibido recoger esos elementos. Era un caganer «con su barretina, su faixa y los pantalones oscuros». Y siempre estuvo presente en el Belén de la  familia.

En los años 60
La figura del caganer sedujo a Robert Rovira y a finales de la década de los 60 comenzó a coleccionarlos. Hoy atesora unas 1.300 figuritas de todo tipo de materiales y temáticas. De personajes reales y de ficción.

La tradición marca que el caganer debe estar en un lugar discreto del Belén.
FOTO: Barcelona secreta
 



Rovira explica que en los años 80 no había tantos caganers. «Comencé a ir a Barcelona a ferias para buscar las novedades de cada temporada, que eran pocas. Las hacían los artesanos más mayores».  Poco a poco la colección fue creciendo.

Discrimina 
Hoy ya es imposible hacerse con todos. «Cada año salen 300 modelos». Pero Robert Rovira sigue con su pasión. Aunque ya discrimina. Tiene de algunos políticos como los presidentes Paqual Maragall, Jordi Pujol o José María Aznar.

«Pero no quiero a más políticos. No son honestos. Han perdido toda ética y no merecen estar en mi colección. Ni ser ni caganers». Tampoco quiere Rovira a futbolistas, porque «ya ganan mucho como para encima darles protagonismo». Aunque los tiene del Barça y del Espanyol.


Los últimos que ha adquirido son un caganer Piolín con el tricornio de la Guardia Civil y un juego de ajedrez en el que todas las piezas son el elemento. Ahora ha de ser muy selectivo y adquiere los que más le gusta o los más simbólicos y de sagas como La Guerra de las Galaxias, «de la que cada temporada sacan alguna pieza.

 

Hoy cualquier personaje tiene su caganer. FOTO: Barcelona secreta

 


El coleccionista de l’Arboç también atesora piezas únicas. La abuela Modesta era una gran puntaire, una tradición símbolo de la localidad. También la mujer de Rovira, Montserrat Saperas, es una artesana del hilo fino. Saperas diseñó un patrón y la Mestre Puntaire Pepita Soler bordó en punta al coixí un caganer único. Rovira atesora otros hechos de chocolate, de sal, de jabón, de hierro, «de plastilina metidos en una botella»...

En el último mes Rovira ha seleccionado una simbólica muestra que estará expuesta en la Casa de Cultura de l’Arboç hasta el 28 de enero. Miembro de la Associació d’Amics del Caganer, Rovira mantiene la tradición como un elemento familiar.

Rovira con parte de la colección.

El origen de la tradición del caganer puede estar entre finales del XVII y principios del XVIII en un momento artístico de realismo. Entonces no era una figura específica del Belén y aparecía en azulejos.

En el Belén catalán surge a finales del XVII, pero fue a finales del XIX cuando pasó a ser una pieza indispensable.

Prosperidad
El simbolismo de la pieza es que el caganer ayuda a fertilizar la tierra y por tanto aporta prosperidad y buena suerte para el año siguiente.

Por el momento que refleja, el caganer suele estar en un lugar discreto y caso escondido del Belén. Aunque es una tradición muy simbólica en Catalunya, también puede encontrarse en otras zonas de España, Italia y Portugal.
 

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