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Costa Cocodrilos de plástico y colchones de playa se mezclaron con un escenario de terror

Normalidad disfrazada después del ataque yihadista en Cambrils

El escenario del atentado terrorista fue el objetivo de curiosos de todo tipo pocas horas después de los hechos

Jordi Sans

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Una marca de bala cerca del lugar de los hechos fue la atracción del morbo juntando fotos, vídeos y selfies en un mismo espacio con una cola de personas incluida.  Foto: Alba Mariné

Una marca de bala cerca del lugar de los hechos fue la atracción del morbo juntando fotos, vídeos y selfies en un mismo espacio con una cola de personas incluida. Foto: Alba Mariné

El día en Cambrils se levantaba con una normalidad relativa. La zona cercana del Club Nàutic de Cambrils, donde ayer los Mossos d’Esquadra frustraron un atentado después del arrollamiento masivo en las Ramblas de Barcelona que dejaba seis heridos y una víctima mortal. Pocas horas después de unos hechos que sucedían minutos después de la 1 de la madrugada, la playa del Regueral se despertaba a medias pero sin marcas remarcables de lo que había pasado por la noche. Playa a medio gas, pero dentro de la normalidad de los viernes de agosto.

Una vez pasada la zona de la arena, propiamente de playa, la realidad era muy distinta y en el passeig se mezclaban medios de comunicación entrando en directo para cadenas nacionales e internacionales o esperando la hora pactada con los curiosos que vestidos de playa rodeaban el escenario. La imagen era del todo dantesca porque delante de las cámaras se colaban cocodrilos de plástico y tablas de surf. La seriedad del momento por los suelos.

En este sentido, los comercios y los hoteles de la zona exponían que no habían visto variar los ingresos del día ni tampoco las entradas y salidas más allá de las que tenían ya programadas. El caos no se había apoderado de los ánimos de la gente y Cambrils seguía con normalidad.

La reconstrucción

Contaban los vecinos que en el momento de los hechos se encontraban en sitios dispares. Unos volvían de cenar con sus parejas, otros estaban paseando y los últimos ya se encontraban en la cama. Aun así, los cuerpos de seguridad antes de la una y media empezaron un periodo de confinamiento pidiendo a la población que se quedara dónde estaba o que buscara refugio en el lugar más cercano. Entonces la paleta de escenarios se ampliaba de forma importante y desde servicios hasta yates se convertían en el sitio ideal para esperar la vuelta a la normalidad condicional.

Unos hechos que empezaban en un control de los Mossos d’Esquadra habiendo dejado previamente heridos por arrollamiento o por cuchilladas terminaban con un coche volcado, un tiroteo, cinco abatidos, sangre en el suelo y marcas de bala en las barandillas de la zona.
En ningún momento del día desapareció la furgoneta de los Mossos que custodiaba la zona. Metralleta en mano y caras largas siempre con miembros del cuerpo de la Policía Local al lado o periodistas que inspeccionaban una zona que ayer desgraciadamente estaba en el imaginario de todos. No obstante, los vecinos y trabajadores de la zona se mostraban receptivos a la hora de hablar con aquellos que les preguntaban. «Mis nietos se encontraron con la escena, pobres», lamentaba un hombre con acento andaluz que aseguraba que pasaba todos los veranos en Cambrils desde hacía décadas.

Otros, teléfono móvil en mano, eran más directos y sin tapujos disparaban a la curiosidad y a los medios de comunicación recriminando que no podía ser que hablara tanto del tema y que la especulación y las elucubraciones fueran la fuente principal del todo: «Ay el morbo…» repetían como si de un mantra se tratara.

La cola de la vergüenza

Sin duda pero, diciendo muy poco a favor de los curiosos que se paseaban por la zona, el punto más macabro de todos convertido en la bestia negra del escenario era una barandilla que era colindante con la zona de los hechos. Dicha barandilla contenía una marca de bala resultante del tiroteo que hubo entre las dos partes, Mossos y terroristas, y que acabó con el abatimiento de toda la célula, uno de ellos el autor de la barbarie en Barcelona. En vez de convertirse aquello en un altar improvisado en heridos o a la víctima que se conocería más tarde la gente hacía cola, repito, COLA para hacer fotos o hasta selfies del lugar.

Es completamente legítimo querer recuperar la realidad después de uno de los episodios más duros de los últimos años en la zona. Ahora bien, convertir un escenario policial en un templo de las selfies es ir lejos. Ciertamente los tiempos han cambiado y las nuevas tecnologías han irrumpido con fuerza en el día a día de la gente pero la conversión de lo que tendría que ser un sinónimo de caos y de pánico sea carne de cañón de las fotos y los vídeos dice de la sociedad moderna poco de bueno.

Vuelta a la luz

Como contraste, el ambiente en los espacios institucionales era completamente distinto. En el ayuntamiento de la localidad, la alcadesa de Cambrils Camí Mendoza, mostró serenidad y dureza contra un terrorismo que no iba a romper con las dinámicas de una población que era amiga de la paz y acogedora de quien lo necesitara. Unos parlamentos en los que fue acompañada por el delegado del Govern en Tarragona, Òscar Peris, y por varios miembros del ejecutivo catalán y que culminaba con cinco minutos de silencio. Integridad y entereza.

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