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Olivos milenarios con destino a jardines de casas particulares

El comercio de estos árboles monumentales genera controversia: sus defensores aseguran que si no se vendieran acabarían convertidos en leña y sus detractores dicen que hay un expolio

Javier Díaz Plaza

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Tropipalms, en Mont-roig del Camp, cuenta con un  amplio catálogo de olivos. Foto: Alfredo González

Tropipalms, en Mont-roig del Camp, cuenta con un amplio catálogo de olivos. Foto: Alfredo González

El 6 de mayo se estrenará El Olivo, la nueva película de Iciar Boyaín. Relata la historia de Alma, una joven de Castellón de 20 años que trata de localizar un olivo milenario que su familia arrancó hace doce años de la finca de su abuelo para venderlo. Su objetivo es encontrar el lugar de Europa donde está plantado ahora y devolverlo a su sitio. El filme ha puesto el foco sobre el creciente y controvertido comercio de estos árboles monumentales. Se han convertido en un preciado artículo ornamental que luce en jardines de casas particulares, rotondas o avenidas de ciudades, como el paseo 30 d’Octubre de Salou. Proceden sobre todo de las comarcas del Montsià y el Priorat o del norte de Castellón.

Plantas Tropipalms, de Mont-roig del Camp, es uno de los viveros de olivos más potentes de España. Tiene clientes de toda Europa y un catálogo que incluye árboles de más de mil años. «Nosotros compramos los olivos que los agricultores quieren arrancar y destruir por las razones que sea: cambio de cultivo, una carretera, vía férrea, polígono industrial, una urbanización... Los recuperamos en nuestro vivero, los cuidamos dos o tres años y después los vendemos. Si no los compráramos nosotros acabarían siendo leña», explica Àngel Cortiella, administrador y propietario de Plantas Tropipalms.

Más de 20.000 euros

El comercio de estos árboles singulares es legal en España. No están protegidos salvo en casos contados. Sólo se cuestiona en la Comunitat Valenciana, donde el gobierno autonómico aprobó hace diez años una Ley de Patrimonio Arbóreo que nunca ha puesto en marcha. En otros países, como Francia o Italia, su venta sí está regulada.

Según un censo, en 2009 había en toda la geografía española unos 4.150 olivos milenarios. El boom inmobiliario, sobre todo en la costa levantina, acabó con muchos. Aun así, Cortiella asegura que «España está superpoblada de olivos, hay más de 280 millones». En función de su tamaño y edad, su precio puede oscilar entre los 300 y más de 20.000 euros. En 2011, un millonario francés llegó a pagar 64.000 euros en una subasta por uno de más de mil años para ponerlo en su chalé.

«Nuestros clientes no son todos ricachones, son familias trabajadoras con hijos. Vienen al vivero con mucha ilusión a verlos, seleccionarlos y, con mucho esfuerzo, pagarlos. Saben que el olivo es símbolo de la paz, tiene historia y están relacionados con las religiones, la Semana Santa, Grecia, Roma...», sostiene Cortiella.

Éste es el lado amable de un negocio que cuenta con detractores. Aquellos que denuncian que se está produciendo un «expolio» de estos árboles monumentales para que acaben en ‘casoplones’ de personas pudientes de Alemania, Francia o Emiratos Árabes. Se han puesto de moda entre los jeques, apuntan. «Están arrancando olivos para ponerlos en jardines de casas, urbanizaciones, campos de golf... Muchos proceden de la provincia de Tarragona y ahora están en cualquier lugar del mundo: la Isla de Creta, Estados Unidos o incluso en la segunda residencia de turistas rusos en la Costa Daurada», señala César Javier Palacios, geógrafo y miembro de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

Es el impulsor de una campaña a través de la web Change.org para acabar con el mercado de «olivos y otros árboles centenarios». Ha recogido más de 150.000 firmas para pedir al Parlamento Europeo que apruebe una declaración que invite a todos los países a proteger los viejos árboles y prohíba tanto el arranque como su comercio.

‘Mueren en el camino’

«Son los seres vivos más viejos de la faz de la Tierra, algunos fueron plantados hace 2.000 años por los romanos, y, a pesar de ello, están desprotegidos. Son arrancados de cuajo y vendidos como adornos. Un alto porcentaje no soporta el trasplante y muere por el camino.Otros son mutilados y apenas aguantan cinco años», dice Palacios. Desde Plantas Tropipalms discrepan: «Hace mucho años que trabajamos en esto y nunca hemos recibido quejas porque se haya muerto ninguno».

Palacios critica que «igual que hace 150 años los ricos norteamericanos venían a España para llevarse por cuatro perras iglesias románicas piedra a piedra, ahora permitimos el mismo expolio con nuestro patrimonio natural».

Lamenta que los nuevos ricos se encaprichen de estos ejemplares: «Sean rusos o de Ponferrada, los nuevos adinerados tienen es toque hortera de querer distinguirse teniendo en casa algo exclusivo a golpe de chequera. Esos árboles son de todos, forman parte de nuestro patrimonio; arrancarlos y llevarlos a sitios extraños dice muy poco de nosotros».

Palacios atestigua que se pueden dar casos en la Costa Daurada de turistas que compran un olivo para su residencia de veraneo y lo dejan desatendido durante el resto del año. «Cuando vuelven de vacaciones se encuentra con las plantas muertas y rehacen su jardín. Prefieren eso a pagar un mantenimiento. Yluego están los que se cansan de tener el árbol en casa porque crece y les mancha el suelo de aceitunas. Es un despropósito total lo que hacemos con estos monumentos naturales, que tienen que estar donde han nacido», concluye.

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