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Preocupación en Creixell por la okupación ilegal de una decena de viviendas

Esta situación genera inseguridad entre los vecinos. Algunos temen que se metan en sus casas cuando no estén

Carmina Marsinach

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Una des estas casas okupadas está en la avenida Roma de Creixell. FOTO: Lluís Milián

Una des estas casas okupadas está en la avenida Roma de Creixell. FOTO: Lluís Milián

La okupación aún sigue siendo un problema que preocupa a muchos municipios de la costa. Este es el caso de Creixell. En esta población de casi 4.000 habitantes hay diez casas okupadas. «Podrían ser más, pero en el Ayuntamiento solo tenemos constancia de estas», asegura el alcalde del municipio, Jordi Llopart

Todas estas viviendas okupadas ilegalmente son propiedad de los bancos. «Lo único que podemos hacer desde el consistorio es evitar que haya problemas con los vecinos. Si los bancos no denuncian, no podemos hacer nada», lamenta Llopart. En el momento en que un inmueble es okupado sin autorización del propietario, la policía puede desalojarlo durante las primeras 48 horas. A partir de los dos días se necesita una orden judicial para echarlos y entonces, todo entra en un complicado proceso judicial que puede tardar años. 

«Lo único que podemos hacer desde el Ayuntamiento es evitar que haya problemas con los vecinos», explica el alcalde de Creixell Jordi Llopart

Cuando los okupas llevan unos días residiendo en la población suelen ir al Ayuntamiento de Creixell para empadronarse. El consistorio tiene la obligación de registrarlos en el padrón municipal, sea cual sea su situación jurídica y la de su vivienda. En el caso de que tengan niños se les escolariza una vez hechos los trámites. 

Según el alcalde, de las diez viviendas que se encuentran okupadas han tenido problemas de convivencia con los vecinos en seis de ellas. «Hubo quejas de una vivienda okupada que tenía un patio interior lleno de porquería. Por una cuestión de salubridad le enviamos dos requerimientos al propietario, el banco, para que limpiara la zona. También intentamos mediar con ellos para evitar problemas», explica Llopart.

«Lo que nos da miedo es que algún día nos encontremos nuestras casas okupadas», teme un vecino de la zona

Una de las viviendas okupadas se encuentra en la avenida Roma de Creixell. «Ya hace un año y medio que están instalados en esta casa. En verano del año pasado hubo quejas de algunos vecinos por el ruido que hacían por las noches con las motos», asegura un vecino de la zona que prefiere mantenerse en el anonimato. Otro residente de la misma calle se muestra preocupado por la presencia de los okupas. Dice que personalmente no le molestan pero considera que no contribuyen a que haya buena convivencia. «La gente se siente insegura. A veces vemos movimientos extraños. No se relacionan con nadie, no hay muy buen ambiente», explica. Muchos de los pisos y casas de Creixell son de propietarios que los tienen como segunda residencia. «Lo que nos da miedo es que algún día nos encontremos nuestras casas okupadas», teme este mismo vecino. 

Grupos organizados

Desde el consistorio sospechan que pueda tratarse de mafias de okupas. Aunque no pueden asegurarlo con certeza, creen que son grupos organizados que ofertan a terceros las viviendas a las que han accedido con una patada en la puerta. «Van al registro de la propiedad con la excusa de que quieren comprar una casa y de este modo se enteran de quién es el propietario», dice Llopart. 

En este sentido, el Ayuntamiento ha aumentado la presencia policial alrededor de las viviendas okupadas y también en torno a los 22 domicilios donde saben que ahora mismo no vive nadie. 

Un hostal social que no se pudo hacer realidad

Uno de los proyectos que el Ayuntamiento de Creixell tenía previsto para erradicar en parte la problemática de la okupación era convertir un antiguo hostal ubicado en el Carrer Nou, en el casco antiguo de la población, en  una especie de albergue social. En el municipio no hay ninguna oferta de viviendas de alquiler social. «Nuestra idea era que alli pudieran hospedarse familias con problemas económicos para alquilar un domicilio, acoger a personas que hubieran sido víctimas de violencia de género o bien utilizar el espacio como comedor social», explica el alcalde de Creixell, Jordi Llopart. 

Una iniciativa que no se pudo hacer realidad. Los antiguos propietarios traspasaron el edificio y finalmente acabó en manos de Solvia, la inmobiliaria de Banc Sabadell. 

Entonces el consistorio habló con la entidad bancaria para poder dar una utilidad social al hostal y les propusieron llegar a un acuerdo a través de un convenio. El Ayuntamiento se hubiera encargado del mantenimiento de las instalaciones a cambio de poder ofrecer una alternativa a aquellas personas más necesitadas. «Nos dijeron que no. Y la verdad es que me supo muy mal», lamenta Llopart. 

En estos momentos este hostal está totalmente abandonado. El banco tapió las ventanas y todos sus accesos para evitar que fuese okupado. 

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