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Procesan a tres presuntos yihadistas por los atentados en Cambrils y Barcelona

El juez no procesa a ninguno de ellos por los 16 fallecidos en los atentados de Las Ramblas de Barcelona y Cambrils (Tarragona), ya que los autores fallecieron en los ataques

EFE

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El coche en el que viajaban los terroristas abatidos en Cambrils, antes de ser retirado. Foto: jaume sellart/efe

El coche en el que viajaban los terroristas abatidos en Cambrils, antes de ser retirado. Foto: jaume sellart/efe

El juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu ha procesado por los atentados del 17 de agosto de 2017 en Cataluña a tres presuntos terroristas, Driss Oukabir, Mohammed Houli Chemlal y Said Ben Iazza, los dos primeros como miembros de la célula yihadista de Ripoll (Girona) y el tercero como colaborador.

El juez achaca a Oukabir, a cuyo nombre se alquiló la furgoneta usada en el atentado de Las Ramblas de Barcelona, y a Houli Chemlal, herido en la explosión del chalé de Alcanar (Tarragona), delitos de integración en organización terrorista, depósito de explosivos y tentativa de estragos, en este último caso por los planes que tenían de atentar contra lugares emblemáticos como la Sagrada Familia. A Ben Iazza solo le imputa un delito de colaboración con organización terrorista.

Andreu no procesa a ninguno de ellos por los 16 fallecidos en los atentados de Las Ramblas de Barcelona y Cambrils (Tarragona), ya que los autores fallecieron en los ataques, si bien les imputa, en grado de tentativa, los planes de la célula de hacer "uno o varios atentados de grandes dimensiones" en Cataluña.

Según el juez, los tres procesados, junto con los otros siete presuntos terroristas muertos en las localidades de Cambrils, Alcanar y Subirats (Barcelona) constituyeron un grupo terrorista a partir de 2015 bajo la dirección espiritual del imán Abdelbaki Es Satty, que falleció en la explosión de Alcanar.

Los miembros de esta célula eran todos jóvenes marroquíes residentes en Ripoll, que se conocían desde niños y poco a poco fueron conformando un grupo estructurado en el que el imán les adoctrinaba en el yihadismo radical.

El auto de procesamiento describe la evolución del grupo desde 2015 hasta la fecha de los atentados y destaca que tres meses antes se convirtieron en un grupo cerrado y empezaron a comprar material para fabricar explosivos, llegando a acumular entre 200 y 500 kilos de explosivos, además de 104 bombonas de butano y 19 artefactos caseros.

El juez considera que los terroristas buscaban "amplificar el efecto del explosivo, pretendiendo incrementar el volumen de metralla como la posibilidad de crear bolas de fuego generadas por las cargas GLP (en referencia a las bombonas de butano)".
 

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