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Costa REPORTAJE

"Que en Cunit lleven la cabeza alta. Yo no he hecho nada"

Recuperan las cartas de uno de los tres últimos vecinos de la localidad del Baix Penedès fusilados por Franco

José M. Baselga

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Josep Serra: Cedida

Josep Serra: Cedida

El 20 de junio de 1939, el vecino de Cunit Josep Serra Albet ya intuía su destino. «Mi principal preocupación es pensar en el porvenir que te espera en el caso que yo sea condenado a pena de muerte», escribía a su esposa en una última carta desde la cárcel de Tarragona.

Así que en la misiva dejó escrito: «Lego a mi esposa la casa que poseo en el pueblo de Cunit, en la plaza de la Unión. Y un trozo de tierra en la partida llamada Les Sorres». 
Esa zona de Les Sorres de Cunit era de campos, pero donde cultivaban los campesinos más sencillos. Porque en Cunit no había muchas tierras mejores. Al menos no en manos de los campesinos más humildes.

El testamento
Serra, de Cal Serra, intentó que todo quedase atado. «Cuando ella muera que las propiedades pasen a mis hijos en partes iguales. O en la forma más equitativa que ellos consideren justo». Lo escribía el 20 de junio de 1939. El 20 de mayo había sido condenado a muerte por la audiencia de Tarragona

Cartas enviadas desde la cárcel a la familia en Cunit.

El 8 de agosto era fusilado en el Turó de l’Oliva de Tarragona. Este jueves hace 80 años. Serré, de 38 años y con cinco hijos, murió acribillado. Junto a Josep Ferrando Pagés, de Cal Tòful, de 50 años y con cuatro hijos y Joan Farré, de Cal Roig, de 39 años y soltero.

Una carta de clemencia
Fueron los tres últimos vecinos de Cunit fusilados por el régimen franquista. De nada sirvió la carta firmada por decenas de vecinos en la que pedían clemencia para los condenados

La última carta que Serra envió a su esposa desde la cárcel de Tarragona. FOTO: CEDIDA

«Un sentimiento de piedad cristiana nos impulsa a redactar esta solicitud. Nuestros convecinos no creemos han manchado sus manos con sangre», escribían en una carta dirigida a los tribunales que dictaron sentencia. 

De nada sirvió
Los condenados por los Tribunales a la última pena «no son los criminales asesinos de aquellas pobres víctimas que pagaron con su vida su adhesión a los ideales del Glorioso Movimiento», decían en la carta. Pero de nada sirvió el escrito del pueblo firmado el 19 de junio de 1939. Serré, Ferrando y Farré cayeron frente al pelotón de fusilamiento. Hoy hace 80 años.

La tropas franquistas entraron en Cunit el 21 de enero de 1939. Ya se las esperaba hacía días. El día 19 habían llegado a Calafell. Muchos vecinos, temerosos, habían corrido a refugiarse a masías de municipios del interior. 

Ajustes de cuentas
Con la entrada de las tropas comenzaron unos ajustes de cuentas, «muchas veces por rencillas vecinales y que nada tenían que ver con la política», explica el concejal de Cunit Jaume Casañas. Considera que quien denunció a los últimos tres de Cunit al gobierno franquista fue el propietario del que se conocía como castillo de Cunit. «Denunció que habían matado a un encargado de sus tierras en Subirats».

Retratos de la familia Serra.

Los tres hombres señalados eran fundamentalmente agricultores, pero también concejales del Ayuntamiento de entonces. «Quizá los grandes propietarios no estaban de acuerdo con algunas medidas que se hubiese podido acordar tiempo antes y vieron la oportunidad para denunciarlos». Y quitarlos de en medio.

A Pilatos
Fueron arrestados y trasladados a El Vendrell, donde se les tomó declaración. De allí los llevaron a la prisión de Pilatos, en Tarragona, donde escribieron las misivas.

El escrito de los vecuinos pidiendo clemencia.

La entidad Delmacio de Conito, que trabaja para recuperar la historia de Cunit, ha logrado la decena de cartas que Josep Serra escribió desde la prisión a la que fue llevado tras su arresto con una acusación nada fundamentada.

Las misivas las ha facilitado a la entidad su nieta.Las cartas muestran la crudeza del encarcelamiento y sobre todo como los propios presos ven como los peores de sus temores se van confirmando. «Llevamos 20 días. Pensábamos que no sería tan largo». Así, en una primera carta Serra aún muestra confianza en poder salir de la cárcel. A su mujer le dice que «pide que te ayuden a trabajar las tierras bien, si pueden esta semana mismo porque mi ausencia será más larga y si ellos no se cuidan irá muy mal».

Ropa y caliqueños
Las tierras son muy pocas tierras. Y en las peores zonas del municipio. No había grandes terratenientes, son pequeños agricultores en una época en la que Cunit vivía exclusivamente del campo. Y a duras penas. En la carta los encarcelados piden a sus familias que les envíen «ropa, un cinturón, un paquete de caliqueños...».

La carta que firmaron los vecinos
para pedir que no se aplicase la
pena de muerte.  FOTO:  CEDIDA

Jaume Casañas destaca la evolución de las cartas que uno de los arrestados enviaba a su familia. De creer que había un futuro, a saberse condenado a muerte. De pedir que «esta semana cuando mandes la ropa, en medio me mandas un pan y plátanos», a redactar un testamento.

De explicar  a la familia que «cada lunes a las cinco de la tarde nos podéis venir a ver» a repartir entre los cinco hijos  las escasas propiedades que se habían podido juntar». Entre medias, otra carta en la que los arrestados piden al entonces alcalde de Cunit que interceda para evitar la condena a muerte. Pero tampoco sirvió de nada.

‘No pierdas ni un minuto’
En esa confirmación de saber su destino, los presos narran en sus escritos como a la gente condenada a 15 años de cárcel les dejan salir. 
Después «a otros a quienes dejan salir ya no regresan... Y en una de ellas, premonitoria, finalmente escriben: «el tiempo es muy corto. No pierdas un minuto. Trabaja con energía. Tu amigo de lo ruega».

Casañas destaca que Serra, Ferrando y Farré no denunciaron a nadie. «Quizá de haberlo hecho hubiesen salido de la cárcel». Quizá tampoco. El régimen franquista quería a chivos expiatorios para infundir miedo en la población e imponer el orden. 

Un recuerdo
Las diez cartas recuperadas permiten rescatar una parte de la historia de Cunit y que el Ayuntamiento quiere dar a conocer. «Para que no se repita lo que sucedió. Para que aprendamos y que las nuevas generaciones sepan de los riesgos», destaca el concejal.

En este sentido no se descarta un gesto de recuerdo hacia estos tres vecinos fusilados. Quizá colocar una placa donde estaban sus casas. 
«En todo sería un acto totalmente despolitizado. Sería un acto de recuerdo a aquellos vecinos, contra la injusticia y por la humanidad», señala el Ayuntamiento. 

En una de las últimas misivas Josep Serré escribe: «te envío la cazadora para que el hijo tenga un recuerdo» y «que en el pueblo lleven la cabeza alta. Yo no he hecho nada».

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