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Quejas por el ruido de los locales de ocio nocturno en Torredembarra

Los vecinos denuncian que tienen la música muy alta y que algunos de sus clientes trapicheanallí con drogas y ensucian las calles
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Una de las calles donde, según los vecinos, se trafica con droga.  Foto: LLUÍS MILIÁN

Una de las calles donde, según los vecinos, se trafica con droga. Foto: LLUÍS MILIÁN

Los vecinos de la calle del Montmell y de la avenida Montserrat de Torredembarra no pueden creerse el «infierno» con el que tienen que vivir por culpa de dos de los locales nocturnos de la zona: el NOSE Lounge Club y el Bar Aquari. Estos dos recintos se encuentran a poco más de 100 metros el uno del otro, cosa que empeora la situación porque, según los vecinos, las calles se convierten en un lugar de peleas y persecuciones.

Sus quejas se centran en los «jaleos» que, aseguran, originan todas las madrugadas los clientes de los dos locales. Constantes gritos, persecuciones y peleas con palos, e incluso con armas de fogueo, es el pan de cada día, dicen los vecinos de la zona. Estos alborotos nocturnos afectan a la calidad de vida que los residentes de la zona tienen. «Yo me tengo que tomar dos pastillas cada día para poder dormir y ni así puedo pegar sueño», confiesa una de las habitantes del bloque de pisos de al lado del NOSE.

‘Retumba con cada canción’

Los residentes reprochan que la música del local no está a un nivel adecuado porque el edificio de al lado «retumba con cada canción». En relación con esto, expresan que el NOSE, que tiene una capacidad de 150 personas, podría superar en algunos momentos su aforo máximo. Además, un vecino manifiesta que «las patrullas pasan como si nada porque justo cuando ellos llegan, la música se baja».

Según muchos de los vecinos, en algunos locales los clientes trapichean con droga. Un hombre que vive durante todo el año en uno de los bloques de pisos de la avenida Montserrat afirma que fue amenazado por uno, que le gritó que le estrangularía y le haría de todo. «Tenía miedo y estuve días sin salir de casa», confiesa.

El último percance con el que los vecinos tuvieron que convivir ocurrió el pasado sábado 22 de agosto por la madrugada, cuando hubo una pelea con veinte personas implicadas. Los vecinos aseguran que la disputa comenzó en el NOSE y se fue extendiendo y que, incluso, escucharon tiros de pistola –las autoridades están barajando la posibilidad de que se utilizaran armas de fogueo–.

En cambio, el propietario del NOSE, Silvestre Morros, desmiente estas acusaciones: «En esta pelea el NOSE no tiene nada que ver, se originó en el Aquari». Aunque sí que fueron hasta el local y «los de seguridad cerraron la puerta para que no entrasen y se llamó a la policía», añade Morros, y lamenta que «aquí acabamos recibiendo todos».

La defensa del sector

Respecto a la situación actual del local con los vecinos, Morros explica que «es una lucha en la que los vecinos siempre querrán que el local nocturno cierre». Pero también argumenta que las molestias son durante el verano, sobre todo, en el mes de agosto y que «aquí en invierno no hay nadie que se queje». En relación a las quejas por los ruidos generados por sus clientes, el propietario defiende: «Aquí dentro los puedo controlar pero cuando salen, no es problema mío». No obstante, afirma que su intención no es causar molestias a los vecinos.

Fuentes del sector del ocio nocturno expresan que las quejas de ruido son totalmente infundadas porque el Bar Aquari cierra a las 2.30. Además, comentan que en verano está todo el mundo paseando y que a todas horas hay gentío por las vías del pueblo. «La gente de la calle es la gente de la calle, ¿nosotros que tenemos que ver con ellos?», alegan estas fuentes.

Desde hace seis años

Los residentes de la zona llevan años, desde 2009, poniendo denuncias a los dos locales; pero sobre todo al NOSE Lounge Club por su supuesta violación acústica. Por eso, viendo el tiempo que ha pasado y la cantidad de denuncias que han presentado, se sienten engañados porque nadie les hace caso pese a las pruebas que tienen las autoridades y que son la evidencia, según ellos, de que estos dos locales no están haciendo las cosas como deberían ser.

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