SOS de una familia de Cunit para dejar de dormir en la furgoneta

El junio les echaron de la casa que habían okupado. Ahora están en un hostal facilitado por el Ayuntamiento, pero sólo para un mes

JOSÉ M. BASELGA

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La furgoneta en la que ha tenido que dormir el matrimonio desde junio. FOTO:  JMB

La furgoneta en la que ha tenido que dormir el matrimonio desde junio. FOTO: JMB

Llevan unos días durmiendo en la habitación de un hostal. Pero es temporal. Para un mes. «Después no sé qué haremos», explica Martha. «Pese a tener ahora un techo, sigues sin dormir porque no sabemos qué pasará a final de mes. No tenemos a dónde ir».

Desde junio ha vivido en una furgoneta aparcada en la urbanización El Rectoret de Cunit junto a su marido Javier. El hijo de la pareja, de 13 años y con autismo, ha estado en casa de unos amigos.

El matrimonio vivía en Cunit y tras perder el empleo decidieron probar suerte en Perú, de donde es Martha. «Quisimos montar un camping ecológico para que nuestro hijo estuviese en un entorno natural». Pero el sueño se torció.

Regreso

«Nos estafaron. Lo perdimos todo y regresamos a Cunit. Sin nada». Okuparon una casa que había sido anteriormente okupada y sobre la que había una orden de desalojo. En junio se vieron en la calle. No hubo posibilidad de negociar nada.

La furgoneta en la que ha dormido la pareja.

¿Por qué no okuparon otra casa? Eso le sugirieron muchos vecinos, «pero no queríamos volver a sufrir otro desalojo, así que nos metimos en la furgoneta para poder tener un sitio donde dormir».

Colegio

Javier es electricista pero está sin empleo. «He tenido que estar mucho tiempo junto a mi hijo porque en el colegio durante año y medio sólo nos daban dos horas de velador». La intervención de una asociación de autismo ha logrado incrementar el horario en la escuela y por lo menos tiene las horas de comedor.

Martha es auxiliar de geriatría y trabajó en una residencia hasta finales de agosto. Pero el subsidio no llega para un alquiler. Su hijo tiene una insignificante ayuda que tampoco permite un alquiler. «Pedimos que nos puedan facilitar un alquiler social al que podamos hacer frente».

En la furgoneta sólo podían dormir. Algunos vecinos les llevan comida. Acuden a la piscina municipal para asearse y al lavabo de un centro comercial. Durante meses han estado olvidados en la furgoneta. Mucho calor durante el día y frío aun en pleno verano.

Sin poder cocinar

No ha sido hasta una movilización en la redes sociales que el Ayuntamiento ha buscado una opción para que la familia pueda tener un techo. Pero sólo es la habitación y para un mes. Sin derecho a comida. «Tampoco tengo un sitio para poder cocinar», lamenta Martha.

¿No hay una familia a la que recurrir? Hay situaciones que descartan esa opción. El menor ha estado en casa de unos amigos, pero allí no hay sitio para el matrimonio. La familia explica que les han ofrecido que el menor esté en un centro de acogida, lo que rechazan por la situación del chico. También lamentan que en la comarca no haya pisos de emergencia para atender situaciones como la que sufren.

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