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'Siempre he soñado con afeitarme'

El joven de L'Hospitalet de l'Infant Nil Aragón inició hace un año el proceso para cambiar de sexo

Javier Díaz Plaza

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Nil Aragón, de 28 años, quiere dedicarse profesionalmente a la animación turística en hoteles y campings. Foto: Pere Ferré

Nil Aragón, de 28 años, quiere dedicarse profesionalmente a la animación turística en hoteles y campings. Foto: Pere Ferré

En marzo se cumplirá un año desde que Melania Aragón inició el proceso para cambiar de sexo. Ahora es Nil, un joven de 28 años de L’Hospitalet de l’Infant que estudia un grado superior de Animación Sociocultural y Turística en el instituto Vidal i Barraquer de Tarragona. Hace un mes que se hormona. Empieza a tener la voz grave y luce? una incipiente perilla. Habla con naturalidad de su transexualidad, siempre ha tenido claro que quería ser un hombre. Su familia y amigos le apoyan. Nunca se ha sentido un bicho raro.

«Cuando me imaginaba mi futuro me veía como una mujer lesbiana y no me gustaba. Ahora me veo feliz, siendo un hombre casado y con hijos. Antes no era feliz, me faltaba algo. Ahora sólo lo paso mal por temas de estudios o mal de amores, nada relevante», afirma sonriente.

Con sólo cuatro años iba a la iglesia a pedirle a Dios que le convirtiera en un niño. «Me gastaba cien pesetas cada vez que iba para encender velas. Confiaba en un milagro», recuerda. Su familia es creyente. Él ya no lo es.

Su madre dejó de vestirle como una niña desde que era pequeño. También le cortó el pelo. Siempre lo ha llevado corto. «Me ponía a llorar cuando llevaba vestidos o faldas», comenta. Hizo la comunión como un niño, con pantalón y camisa. «Mis padres nunca me han obligado a nada, siempre me han comprendido», explica.

Su disforia de género tampoco le causó problemas en el colegio. «Ni me hicieron bullying, algo que desgraciadamente sufren otros niños que han pasado por mi situación, ni me llamaron marimacho. Tenía la aceptación de mis compañeros y viví una infancia y una adolescencia cómodas». A ello ayudó su carácter afable y alegre.

«Pero pasaron los años –continúa– y me di cuenta de que todo el mundo me quería, pero yo no estaba a gusto conmigo mismo. Lo peor de ser chica era tener que serlo sin quererlo», dice. Unas de las cosas que no llevaba nada bien era tener que ir al lavabo de señoras o llevar tops en verano.

Hasta los 26 años no se atrevió a dar el paso. «Una compañera del ciclo que estudio se me acercó y me preguntó: ‘¿Te puedo tratar en masculino? Es que te miro a los ojos y me es imposible tratarte como a una chica’. Apartir de ahí vi que me sentía superfeliz cuando se referían a mí como un chico y me enfadaba cuando lo hacían como una chica».

Tardó tanto en decidirse por miedo a contarle a su entorno más cercano que quería cambiar de sexo. «Mi familia y mis amigos siempre lo han sabido, pero aún así no me atrevía a afrontarlo. Todos me animaron cuando se lo dije».

Le falta el DNI

Su deseo era llamarse Dídac, pero a su madre no le convenció y le rebautizó como Nil. «Me encantó ese nombre y desde entonces ya siempre he sido Nil, en casa, en el insitituto...». En su DNI todavía aparece como Melania. Hasta marzo de 2017, cuando hayan pasado dos años desde que inició el proceso médico, no podrá cambiarlo. «Ahora que he empezado a experimentar cambios físicos significativos me da vergüenza cuando, por ejemplo, voy al médico y me llaman Melania», asegura.

Antes de comenzar la fase de hormonación tuvo que pasar por un psicólogo y un psiquiatra. Vieron que su caso era claro. Está en lista de espera para la primera operación: una mastectomía –extirpación de las mamas–. El lunes le inyectarán hormonas por segunda vez. Antes de la primera sesión se grabó la voz. «Me dicen que ahora la tengo más gruesa porque las cuerdas vocales se han ensanchado». Está encantado también con el vello que le asoma por la barba, las piernas y los brazos. Se quiere dejar patillas. «Desde que era pequeño soñaba con que me afeitaba. Estoy feliz. Ahora me afeito y al día siguiente ya pincho», bromea.

Nil anima a las personas que pasan por lo mismo que él a que no tengan miedo y den el paso. «Es la única manera de que encuentren la felicidad. Evidentemente, soy consciente de que no todos los casos son tan positivos como el mío, pero tienen que sentirse bien consigo mismo para poder afrontar lo demás», sostiene.

El drama de Alan

Asegura sentir «mucha rabia» cuando suceden tragedias como la del joven transexual de Barcelona, Alan, que con tan solo 17 años se suicidó el pasado diciembre tras sufrir acoso escolar. «Por querer ser de una manera y vivir como le apetecía, otras personas se dedicaron a fastidiarle hasta que se quitó la vida. ¿Qué les importa a los demás como quiere ser cada uno?», concluye. Alan era uno de los únicos 25 menores que, vía decisión judicial, había conseguido modificar su DNI en España.

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