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Tarragona, en el ‘top’ de plásticos del Mediterráneo

La URV señala el litoral tarraconense como uno de los más afectados por contaminación de microplásticos, un peligro para la fauna y la salud humana. Falta invertir en regeneración

Raúl Cosano

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Bolitas de plástico, junto a basura, en una recogida de residuos reciente en la playa de La Pineda.  Foto: Pere Ferré

Bolitas de plástico, junto a basura, en una recogida de residuos reciente en la playa de La Pineda. Foto: Pere Ferré

No sólo es la basura que recogen del mar a diario los pescadores del Serrallo o la que se ve en la playa. «Nos parecemos mucho a Barcelona y eso que ahí la conurbanización es mucho más importante. Y aun así, Tarragona está en niveles similares», explica Jaume Folch, profesor de bioquímica y biología molecular en la Facultat de Medicina de la URV.

Él forma parte del grupo TecnATox-URV, que acaba de demostrar un extremo preocupante: la contaminación por microplásticos en la costa tarraconense es una de las más importantes de todo el Mediterráneo. «Es verdad que aún estamos con estudios incipientes y que falta investigar en otras zonas. No sabemos cómo está Argelia, Túnez… pero sí sabemos que Tarragona está entre las zonas más afectadas», desgrana Folch.

Más de la mitad de los residuos plásticos del litoral de Tarragona son fibras de ropa de la lavadora. El agua marina, así como la arena de las playas y los sedimentos del litoral de la provincia contienen cantidades de plásticos similares a las de una gran ciudad como Barcelona, según arroja el estudio de la URV, presentado recientemente en un congreso en Helsinki. Lo que más preocupa a los científicos no son las imágenes icónicas de porquería flotando en el agua, sino algo mucho más sutil pero igualmente pernicioso para la salud: plásticos microscópicos que no se pueden ver a simple vista.

Este material artificial recala en el medio marino a través de torrentes y rieras, arrastrado por ríos caudalosos como el Ebre o a través del alcantarillado y de los emisarios marinos. También procede de derivaciones de polímeros de plástico de origen industrial, y de derrames directos al mar por parte de embarcaciones.

La clave, en las depuradoras

Pero estudios recientes también han descubierto otras posibles fuentes de contaminación, como el caso de las fibras sintéticas que se desprenden de las prendas cuando lavamos la ropa. A partir de las muestras obtenidas en el litoral tarraconense, los investigadores han observado que hasta el 57% del total de los plásticos analizados procedentes del agua del mar corresponden a este tipo de fibras microscópicas de la ropa, que acaban siendo arrastradas hasta las estaciones depuradoras. En ellas sólo una parte es eliminada del agua que finalmente se vierte al Mediterráneo. Ahí detecta Jaume Folch una de las claves: «En las depuradoras está la respuesta. Estas instalaciones tienen tecnologías muy válidas pero no están pensadas para plásticos. No es culpa suya porque es algo sobrevenido, que hemos detectado en los últimos años», añade Folch, que aclara: «No es una crítica a ellas pero es algo que sucede. Las depuradoras hacen un trabajo extraordinario para lo que están diseñadas pero ahora tenemos este problema de los plásticos».

Cuando se analizaron los sedimentos y la arena de las playas tarraconenses, los resultados de las analíticas pusieron de manifiesto la existencia de plásticos de tamaño microscópico de tres grupos principales: polipropileno (un 42%), poliestireno (un 37%) y polietileno (un 16%). Todos ellos corresponden a residuos plásticos de los objetos de la vida cotidiana como bolsas, embalajes, contenedores y envases de todo tipo.

Los plásticos que llegan a las playas de la Costa Daurada no se degradan y solo se rompen en fragmentos cada vez más pequeños debido a la fuerza de las olas. Por eso se habla de microplásticos cuando el tamaño es de pocos milímetros –hasta cinco– y de nanoplásticos cuando sus dimensiones son inferiores a un milímetro.

La presencia de estos residuos en el medio marino tarraconense no sólo conlleva un problema de contaminación, sino que también comporta un riesgo serio para la salud. Los plásticos microscópicos pueden ser consumidos por los humanos a través de los alimentos, que no tienen que ser necesariamente de origen marino.

Comida para los peces

Tanto los invertebrados marinos filtradores –mayoritariamente son moluscos y crustáceos–, como los distintos peces que viven en el fondo del mar ingieren los plásticos microscópicos que se encuentran en el agua y los sedimentos.

En función del tamaño, los microplásticos bloquean el tracto digestivo de invertebrados y peces. Eso puede provocar su muerte. Ese material puede también encontrarse en su sistema digestivo en el momento de la captura.

Además, los plásticos marinos captan metales pesados y moléculas orgánicas potencialmente tóxicas que también pueden hallarse en el sistema digestivo de aquellos organismos y que, por tanto, pueden pasar a las personas cuando se alimentan.

El siguiente paso ahora es estudiar si los plásticos de menor tamaño, los llamados nanoplásticos, pueden atravesar las membranas de las células del hígado, del riñón o del sistema nervioso.

En este sentido, los investigadores de TecnATox-URV están desarrollando nuevos métodos de detección de estos nanoplásticos en muestras biológicas, lo que permitirá evaluar los efectos nocivos de estos residuos para la salud humana. «Los recientes estudios en el Delta, de alguna manera, también dan la razón a lo que hemos hecho nosotros en la URV. El Ebre es un vertedero tremendo con materiales procedentes de todo el interior de España», asume Folch, muy crítico con la escasa concienciación al respecto. «La cifra que se invierte en regeneración del litoral marino en la mayor parte de los municipios costeros tarraconenses se sitúa entre el 0,01% y el 0% de los beneficios que se obtienen de su uso», relata Folch.

El profesor de bioquímica y biología molecular denuncia que «en espacios litorales emblemáticos tan excepcionales como la Punta de la Móra de Tarragona hace años que no se ha invertido ni un solo euro en la preservación de ecosistemas marinos».

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