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"Tengo un piso en Salou y no puedo entrar en él porque tengo okupas"

Gissele, la madre soltera que reside en esta vivienda con dos niños dice que ha sido estafada. Le aqluilaron este piso por 450 euros al mes y ya hace tres semanas que se mudó

J.Cabré

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Castells, frente a la puerta de su piso en la calle Priorat de Salou. Foto: J.C

Castells, frente a la puerta de su piso en la calle Priorat de Salou. Foto: J.C

Josep Anton Castells es vecino de Tortosa, pero su actividad laboral le obliga a pasar muchos días en Tarragona o en sus inmediaciones. Hace 23 años, compró un piso en los apartamentos Picasso, un bloque de viviendas situado en la calle Priorat de Salou. «Depende de la jornada laboral, paso una vez a la semana o bien algunos días», explica. Josep Anton también lo utiliza como residencia vacacional y precisamente esta era la intención para dentro de diez días: Semana Santa.

El martes 21 de marzo, el presidente de la comunidad de propietarios del edificio Picasso lo llamó. «Me preguntó si había alquilado el piso porque se oían ruidos», explica. Cogió el coche y llegó a su apartamento pasadas las 18.30 horas. «Llamé a la puerta y nadie me contestó. Intenté abrir con mi llave y no valía», añade.

Llamó al 112 y los Mossos acudieron a la urgencia. Subieron de nuevo a la quinta planta para verificar que nadie contestaba y que la llave del propietario no entraba bien porque el bombín estaba cambiado.

El agente de la Policía Autonómica tomó nota de lo ocurrido y se marcharon. A Josep Anton no le gustan los ascensores y bajaba por las escaleras. El presidente vecinal y el agente de policía, por el ascensor.

La casualidad quiso que la inquilina ilegal del piso bajara por las escaleras y el presidente la identificó. «La retuve en las escaleras y le empecé a preguntar qué hacía en mi casa. La retenía a la espera del agente», explica el propietario.

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900 euros

Gissele se llama esta madre soltera natural de la República Dominicana. Llegó a Salou en 2006 y es madre de dos hijos, de 8 y 4 años. «Siempre he vivido en alquiler. Soy fija discontinua en un negocio de temporada y jamás he causado problemas», explica al Diari.

Hace algún tiempo Gissele buscaba más espacio que el estudio donde llevaba cuatro años viviendo. «Di la voz hasta que un día me llamaron ofreciéndome este piso», asegura.

Quedó con la persona que le alquilaba un piso amueblado y equipado con electrodomésticos por 450 euros al mes. «Fuimos a verlo. Me gustó y le dije que sí. No había rastro de objetos personales de nadie, solo unos libros de cocina», añade esta mujer.

Gissele se mudó hace ya tres semanas. Pagó 900 euros, mitad alquiler, mitad fianza y desde entonces reside allí con sus dos hijos. En la planta superior, otro piso está okupado. En esta ocasión el propietario es un banco y allí viven familiares de Gissele. «Yo llegúe primero y me siento estafada porque sólo buscaba un piso más grande para vivir con mis hijos. No somos una banda», se justifica.

Josep Anton Castells le pidió que se marchara de buenas maneras, pero ella se negó. «Madre soltera, con dos hijos y ahora empezaré de nuevo a trabajar no puedo quedarme en la calle: Le dije si quería alquilarmelo y me dijo que no», explica.

A Josep Anton Castells sólo le preocupa recuperar lo y al día siguiente, 22 de marzo, presentó denuncia formal a los Mossos d’Esquadra. «La okupa me dijo que se iba si le abonaba los 900 euros que ella pagó al arrendador y le dije que ni hablar. Sólo faltaría que tenga que dar dinero para recuperar mi propia casa», concluye.

Gissele entró entonces en su casa, dejó entrar al mosso –no al propietario– para que viera cómo estaba la vivienda. Al salir, cerró la puerta. Ya no la ha abierto más y el propietario, que ha vuelto en otras ocasiones para intentar recuperar su vivienda sin éxito. Sólo sabe que parte de sus recuerdos personales han desaparecido: «Tenía fotos de familia que no se ven por ningún lado», se lamenta.

El señor Sandoval

En toda esta historia está el arrendador, un tal Sandoval. Josep Anton Castells recibió el mismo día 21 por la noche una llamada de un tal Sandoval y le recriminó que amenazara a su clienta. De hecho, el teléfono y el nombre de esta persona, con acento suramericano, podría estar detrás de la trama de alquileres fraudulentos. Los Mossos siguen la pista para ver si dan con él.

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