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«Tocar otra vez fue como ver a un viejo amigo»

Música en directo. A dos metros, con la guitarra desinfectada y sin vender discos ‘in situ’ ni charlar con el público. El compositor Ian Lints es el primero en volver: ya ha dado dos conciertos

Raúl Cosano

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Ian Lints, tocando esta semana en la terraza MArt, de Cambrils, en uno de los primeros conciertos en la provincia. Foto: Pere Ferré

Ian Lints, tocando esta semana en la terraza MArt, de Cambrils, en uno de los primeros conciertos en la provincia. Foto: Pere Ferré

Ian, músico de Vila-seca, fue a comprar al supermercado en plena cuarentena y le sobrecogió tanto lo que vio en el barrio que acabó haciendo una canción que se llama 'Silence in the town'. «Me inspiró sentir tanto silencio, ver las calles que parecían un cementerio», admite, y asegura que el confinamiento ha despertado a las musas y ha compuesto material para un próximo disco, que planea ya «en la línea cruda de 'Nebraska', de Bruce Springsteen».

Ian Lints no ha tocado en directo ‘on line’ pero sí se ha encerrado a crear y, de alguna manera, la pandemia se ha colado en su nueva obra. «El 90% de mis letras son de temas sociales. Escribí, por ejemplo, la canción 'America', en una época de tumultos en Estados Unidos, algo parecido a lo que está pasando ahora», cuenta. Pero si por algo Ian ha renovado energías estos días ha sido porque ya ha dado dos conciertos en esta desescalada, reencontrándose con el público más de dos meses después del último, todo un balón de oxígeno para alguien que suele tocar casi a diario, entre sus versiones de Eagles, Bob Dylan, Elvis Presley y Chris Isaak en los intensos veranos de los hoteles de la Costa Daurada y sus proyectos propios, siempre con un pie en la música americana.

Shows de pequeño formato

Han sido shows de pequeño formato, un vermut mañanero en la Gastronoteca El Centru de Vila-seca y una mini actuación (a modo de tapa musical, según ha acuñado el establecimiento) en la terraza del MArt, en Cambrils. «Han sido actuaciones muy especiales y emocionantes. Viví esa sensación de reencontrarse con un viejo amigo, al que quieres mucho pero a quien llevas mucho tiempo sin ver», cuenta él. Aferrado a su guitarra, este catalán de raíces irlandesas supo activar a su público en uno de los primeros conciertos que se han hecho post-confinamiento. «He estado buscando y creo que he sido el primero en volver», confiesa.

En Vila-seca reunió durante más de dos horas a unas 50 personas y en Cambrils a alrededor de 30, con un repertorio más corto pero igualmente reconfortante y entretenido. «Me chocó que la gente actuaba como si te hubiera visto ayer. Muchos hablaban de mesa a mesa, sin conocerse. Noté que la gente tiene ganas, no sé si de fiesta y salir, pero sí de interactuar», cuenta.

Él también ha tenido, eso sí, que implementar en sus recitales las restricciones de la nueva normalidad. A los límites de aforo, las barras vacías y la separación de mesas se añade su protocolo: «Es importante mantener la distancia con el público, de dos metros, y más si es posible, sobre todo porque estás quieto y, quieras o no, al cantar siempre echas algo de saliva».

También es importante extremar la higiene: «Para cantar no puedo llevar mascarilla (ríe), pero limpio y desinfecto todas las guitarras y el material que llevo después de usarlo». Por el camino, claro está, se han perdido rituales, entre ellos ese contacto directo con el público, un momento fundamental para testar el feedback. «Ahora la gente no se puede acercar al escenario a saludar o a hablarme después del concierto. Eso se echa en falta porque aquí, entre los latinos, el contacto siempre es muy estrecho. Pero en los conciertos que he dado hasta ahora la gente, desde la distancia, te lo agradece igual con un comentario, por ejemplo», añade.

«Pueden hacerse conciertos»

Ian también ha dejado de poner a la venta sus discos en formato físico al acabar la actuación, una práctica clásica y tradicional de los artistas de guerrilla que también fomenta la relación con el fan. De momento, estos dos bolos le han servido para volver a ponerse delante del público, en un ejercicio impagable de regocijo y también de reafirmación en la profesión: «Esto nos ha servido para ver que se pueden hacer conciertos perfectamente, con medidas de control, higiene y distancia social. La gente puede disfrutar, hablar y pasárselo bien».

Este reencuentro con la música en directo le ha servido a Ian para aliviarse ante la amenaza de la incertidumbre para los artistas. «Económicamente para mí, y para otros músicos, ha sido un drama. En estos dos meses he dejado de dar muchos conciertos. Sí noto que hay muchos bares que me están llamando y que están queriendo volver a hacer cosas», cuenta.

Sin embargo, el grueso de su actividad continúa en el aire, puesto que está ligada al turismo y, por lo tanto, depende de que se reabran las fronteras para los extranjeros, que conforman su público principal de temporada alta en lugares como Cambrils o Salou. «De momento estamos a la espera. Ya he perdido todo lo que iba a hacer desde Semana Santa y estamos a la expectativa de que puedan llegar turistas», reconoce Ian, esperanzado en que parte de esa actividad regrese a partir de julio. Mientras tanto, él se pone en forma con actuaciones en bares, despachando versiones country, de U2 o de su idolatrado The Boss, o apostando por espectáculos propios como el cabaret acústico que le ha llevado por numerosos escenarios. «Hay que ser optimistas, creo que la gente tiene ganas de música en vivo», concluye.

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