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"Un cliente me fiaba su Rolex mientras se bañaba"

El chiringuito Neptuno de Cambrils cumple 50 años de vida. Tino Juncosa heredó de su padre Martín un negocio que hoy es referente en la costa

Marc Libiano Pijoan

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Tino Juncosa atendió al Diari en el chiringuito Neptuno. Foto:  alba mariné

Tino Juncosa atendió al Diari en el chiringuito Neptuno. Foto: alba mariné

Tino Juncosa mantiene la pasión por el Xiri que le enseñó su padre Martín, el gran creador del Neptuno, en sus inicios situado al principio de la Platja de Llevant, a la vera del Club Nàutic. Papá Juncosa estrenó el negocio el mismo año que Maria Clara dio a luz a Tino, en 1967. Ha llovido desde entonces, aunque permanecen un millón de recuerdos en el cerebro de Tino, criado en la playa y en la cocina de aquel primer chiringuito construido a obra vista y que llamaba la atención de franceses y holandeses. De hecho, Francisco, de nacionalidad tulipán, conserva una rutina innegociable. Visita el Neptuno desde hace 30 años. Ocupa el mismo lugar. Mesa de cara al mar, vistas privilegiadas.

Sin el Máster a la vieja usanza que le ofreció su padre, Tino no hubiera podido mantener el estatus que hoy exhibe el Neptuno, lugar de culto veraniego, especialista en arroces máster system. El protagonista recuerda como «dormíamos en la cocina del chiringuito antiguo para que no nos entraran a robar. Mi padre y yo nos instalábamos como podíamos, aunque aquella cocina era más grande». Hoy, xiri dispone de un guardia de seguridad por las noches. Una inversión necesaria para evitar que «te destrocen el mobiliario. Alguna vez me encontré mesas y sillas en el agua o en el techo».Entre la enciclopedia de anécdotas, Tino recuerda con especial cariño la amabilidad y la generosidad de un cliente en tiempos de calor y ocio. «Venía por las mañanas y me fiaba su Rolex mientras se quedaba tomando el sol y se bañaba en la playa. Yo flipaba. Sólo tenía 13 años y puedes imaginar cómo me sentía con ese tesoro en mi muñeca».

 

Cambio de ubicación

En 1994, Cambrils modernizó su rostro con la construcción del paseo Marítimo. Una obra histórica que provocó que las licencias de chiringuitos los repartieran por la costa. El Neptuno necesitó desplazarse unos metros. Quedó instalado en la ubicación actual, justo delante de la antigua discoteca Black, pasado el Regueral. «Costó mantener la clientela, porque si a la gente le quitas la rutina parece que se bloquea», admite Juncosa. En el presente, la salud del Neptuno parece infranqueable. Cuesta hallar mesa sin previa reserva en temporada alta.

A Tino no se le caían los anillos cuando su padre le ponía en la puerta de los servicios para que cobrara alguna propina a los guiris con necesidades. También era un experto vendedor de conchas en el paseo, junto a sus colegas de la infancia. «Recuerdo que en el antiguo chiringuito teníamos dibujada una paella con precio incluido; 25 pesetas!!». Como en los tiempos de verano azul. Cambrils ha cambiado, pero el espíritu entusiasta de Tino Juncosa no. Mantiene la pasión por ver y disfrutar de los clientes en esos veranos eternos, de miles de horas de trabajado y turnos acumulados. Es su vida.

«No puedes dejar de lado a la gente que suele venir cada verano. Les gusta verte aquí y que estés, en parte, para ellos. Tienes que cuidar esos detalles. Sobre todo los fines de semanas vivo en el chiringuito», confirma un empresario que se vive una doble celebración. Su 50 cumpleaños coincide con la vigencia de un establecimiento que se ha ganado el respeto de la ciudad, que ya lo ve como un lugar tradicional con etiqueta Cambrils.

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