Un juez ordena el desalojo de los okupas de una casa de Vilafortuny

El propietario José María Calderón ha vivido estos ocho días en una pensión ante la imposibilidad de poder acceder a su vivienda

Jordi Cabré

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FOTO: Alba Mariné

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José María Calderon, un abuelo de 70 años, le ha cambiado a suerte en estas últimas horas. Desde marzo hasta ayer, su chalet fue okupado en dos ocasiones, los primeros para intentar crear un invernadero indoor de marihuana y los segundos con la intención de afincarse y hacer la vida imposible a un vecino de la misma calle con el que tienen un litigio de hace más de dos años.

Un vecino de Vilafortuny debe dormir en una pensión porque tiene okupado su chalet

José María Calderón está destrozado y abatido. Incluso tiene una herida en el brazo por un tropiezo de hace dos días. En lo que llevamos de confinamiento y de nueva normalidad ha lidiado con dos grupos de okupas, que se han instalado en su chalet de Vilafortuny, en el número 28 de la calle Serra de Llaberia.

Con los primeros logró dialogar y que se marcharan voluntariamente, no sin dejar destrozos que intentaba arreglar desde que se levantó el confinamiento. Con los segundos, ha sido un juez el que ha ordenado su desalojo tras unos días de presión vecinal y mediática. 

Insultos, amenazas y miedo

José María Calderón se encontró con la casa okupada el pasado 4 de septiembre. Venía de ver a su hermano, en Barcelona, cuando vio que una cadena le impedía el paso. En su interior, una pareja y dos adolescentes se habían apropiado del número 28 de la calle Serra de Llaberia. Intentó hablar sin éxito y pidió presencia policial, que no logró convencerles de que se fueran.

Empezaba la odisea para este jubilado: denuncia policial, petición de desalojo ante el juez... y paciencia. Por suerte, el vecindario de Vilafortuny, que ya tiene mucha experiencia en okupaciones, echó una mano a este vecino de la calle Serra de Llaberia y programó una cacerolada diaria a las 21 horas para presionar a los okupas a que abandonaran la mansión. Mientras, el propietario tuvo que dormir en una pensión de Cambrils.

Los vecinos recibieron amenazas al igual que el propietario de la familia expulsada del chalet

La presión vecinal, el eco mediático del vecino que fue echado de su casa por unos okupas y los argumentos que el juez instructor ha visto en esta acción ilegal, dieron sus frutos ayer sábado ante la satisfacción del propietario y vecinos de Vilafortuny.

La casa quedaba libre de okupas y la Justicia cogía velocidad de crucero para resolver un problema que se ha extendido como una mancha de aceite por toda la provincia durante estos meses de confinamiento y de nueva normalidad.

Los okupas expulsados firmaron ayer el acta al igual que había rubricado horas antes el propietario. Mossos hizo acto de presencia y se encargó de que las personas que vivían de forma ilegal en el chalet salieran definitivamente. Por la tarde, el propietario entró junto a un agente de la Policía Local a su casa.

Cuando lo hicieron se encargaron de hacerse oír. Insultos y amenazas al vecindario a quien han culpado de que deban marcharse  de la casa que habían okupado.  El propietario también sufrió amenazas, aunque quiso desentenderse para evitar que la confrontación se eternizara.

Por la tarde, se procedió a la apertura de la casa y al cambio de cerradura. Calderón se está planteando colocar una alarma y debe evaluar los destrozos que hayan podido hacer estos okupas desde hace ocho días.

«Tengo ganas de volver a mi casa y poder olvidarme de esta pesadilla», asegura. Agradeció la labor policial, del juez y el apoyo total de los vecinos de Vilafortuny para recuperar su chalet.

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