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Un técnico del SEM sobre el 17-A: «Temí por mi vida pero no cambiaría nunca este oficio»

Un técnico sanitario que asistió a los heridos en Cambrils narra al ‘Diari’ sus emociones y vivencias un año después 

Jordi Cabré

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Imagen del paseo marítimo de Cambrils, con la ambulancia del SEM y, al fondo, los coches de los Mossos, aquella noche del 17-A.  FOTO: DT

Imagen del paseo marítimo de Cambrils, con la ambulancia del SEM y, al fondo, los coches de los Mossos, aquella noche del 17-A. FOTO: DT

Casi un año después, también de noche cerrada, logró superar sus miedos. Él tiene más de 25 años de experiencia en el SEM, pero no se sentía preparado para ello… hasta hace pocos días. Entonces, cogió su coche particular y bajó a Cambrils. Circuló por la rotonda del Nàutic y el paseo que nace en dirección a Salou. Las sensaciones se mezclaban pese a los meses que habían pasado desde entonces. Aquel tramo de vial se le había hecho cuesta arriba la maldita madrugada del 18 de agosto de 2017.

El protagonista de esta historia prefiere mantenerse en el anonimato. Se trata de uno de los técnicos sanitarios del SEM que aquella noche se subieron a sus ambulancias rumbo a Cambrils. «Las primeras informaciones que escuchábamos en las emisoras del vehículo fueron confusas. La radio escupía mensajes escalofriantes: mossos atropellado, tiroteo, varios muertos… Nadie sabía adónde nos dirigíamos». Accede a explicar al Diari una experiencia personal que jamás olvidará y donde la muerte estuvo merodeando cerca con la lluvia de balas que pasaron por encima de su cabeza.

Lo que viene a continuación no son todo elogio y heroicidades de sus compañeros. Nuestro protagonista atendió a los heridos en primera línea de fuego. Habló con Roque Oriol y escuchó sus últimas palabras antes de que la ambulancia saliera disparada hacia el Hospital Joan XXIII por la gravedad de las heridas de este maño con raíces en Morata de Jalón.  

Él vio a dos personas muertas, que minutos más tarde entendió que eran dos terroristas abatidos. Arriesgó su vida junto a su compañero de la ambulancia para atender a un herido sentado en un banco y sin nadie que le atendiera o le protegiera de aquella lluvia de balas y en uno de los momentos de alerta máxima…. Él necesito varias cañas con amigos de verdad para digerir el estado de shock en el que entró.

«Lo llevé mal. Muy mal»

«Lo llevé mal. Muy mal. Tenía guardia de 24 horas aquel 17-18 de agosto. Seguimos por la tarde desde la base lo que había pasado en Barcelona y comentábamos que Salou, Cambrils o La Pineda eran caramelos para esos desalmados». Ni remotamente se le pasó por la cabeza que habría un segundo atentado en pleno paseo de Cambrils y él estaría activado en la ‘zona caliente’.

Lamenta que el SEM no activara apoyo psicológico para todos los compañeros que estuvieron en Cambrils, servicio que sí se activó para los compañeros de los atentados de la Rambla. Algunos de sus compañeros en el SEM tienen secuelas y a él le ha costado semanas afrontar lo vivido y casi un año volverá pasar en coche por la rotonda del Nàutic.

Aquella noche pasó por aquel punto y vio el coche volcado, los dos fallecidos y un territorio enemigo por explorar. Sí es cierto que pasó todos los controles establecidos por Mossos antes de entrar en el tramo de paseo todavía sin saber cuántos terroristas seguían vivos o si los cinturones con explosivos eran reales. 

«Aquel día recuerdo que terminamos la guardia a las 8 de la mañana y volvimos a tener otra tres días después. Organizativamente, creo que tuvieron poco tacto ante nosotros porque psicológicamente no estás preparado para entrar en una zona con terroristas y tener la sensación real de que puede que sea la última vez que veas a tu familia», narra masticando las palabras.

Aquella madrugada de 18 de agosto terminó con Ana María Suárez camino del cielo y Alicia, su hermana, y Roque, su marido, luchando por su supervivencia en un hospital.  Con el paso de las semanas, en los servicios de SEM activados en Cambrils que tenía que cubrir él intentaba que la ruta esquivara la rotonda del Nàutic. Demasiadas sensaciones a flor de piel.

Pero no sólo el hecho de vivir en primera persona aquel atentado le ha marcado. Él está muy seguro de que algunos de sus compañeros no fueron profesionales y que ello, aunque duela, también debe saberse. No tiene más pruebas que la intuición y los tiempos de llegada de las ambulancias al paseo cambrilense.

«Se tardó demasiado»

«Alguna dotación tardó demasiados minutos por la distancia que debía recorrer», señala. Lo hace sin pruebas concluyentes y sabiendo que el atrevimiento de decir la verdad y reconocer fallos de organización puede sentar mal entre el colectivo. «Pero hay que saber afrontar lo ocurrido», dice.

Sus sospechas no han salido a la luz, pero tiene plena seguridad de que si se repasan los datos de activación de las ambulancias y los recorridos, alguna cosa «extraña» aparecería en aquel galimatías de datos e informes que se realizaron en los días posteriores. «La peor sensación que tengo de aquella madrugada es si algunos de mis compañeros abandonaron su responsabilidad y luego sacaron pecho sin atisbo de vergüenza al recibir medallas», explica.

No descarta escribir un libro personal de lo ocurrido. Todo se andará. Y si aquellas notas recopiladas bien ordenadas ayudan a su pequeña a entender una noche de miedo en uno de los lugares más bonitos para pasear, pues mejor.  El 17 de agosto de este año vuelve a estar de guardia. «No pensé en la fecha hasta ahora, cuando hablo contigo. Supongo que los recuerdos aflorarán en la mente y si sale un servicio en Cambrils, el corazón se desbocará, aunque nada tenga que ver con lo ocurrido. Pero hay que afrontarlo. Me encanta lo que hago y disfruto cada día de mi oficio. No he pensado nunca en cambiar a pesar de temer por mi vida aquel día». 

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