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Una historia del paisaje humano de Calafell, punto a punto

El artista Josep Mèlich realiza los retratos de 130 vecinos con la técnica del puntillismo

José M. Baselga

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Josep Mèlich sostiene el retrato de Carlos Barral.

Josep Mèlich sostiene el retrato de Carlos Barral.

Reconoce que ha vuelto a hablar con ellos. Con El Gallego, con el del Xic Pep, el del Cal Mancu…. De todos ellos aprendió y conoció Calafell. Josep Mèlich ha intentado recuperar la memoria de muchos. 

En base a fotografías cedidas por las familias, el hoy artista de Calafell, pero que empezó en la localidad como panadero empapándose de historia local y de sus gentes, ha querido rendirles homenaje.

Quedan pocos
Con la técnica del puntillismo ha retratado a 130 vecinos. Quedan muy pocos. «Los que se dedicaban al mar, los que tenían tierras, el barbero...». Hombres y mujeres que forjaron Calafell. Desde Pepet maquinista, que llevaba la maquinilla de la cofradía de pescadores que ayudaba a entrar en la playa a las barcas de pesca, a la recordada Carmeta que vendía las chucherías a la puerta del cine con su carrito.

Algunos de los retratos con puntillismo.

«Los rostros tienen su paisaje»,  señala Mèlich. Facciones duras de hombres del mar, esperanzadas, vigilantes, resignadas…  Es difícil saber si ha sido el paisaje quien ha configurado los rostros o las facciones quienes han cincelado la historia.

Brotar recuerdos
Mèlich los ha conocido a todos. Por eso cuándo los ha hecho surgir del papel han brotado también recuerdos, vivencias, anécdotas. «Aprendí mucho de ellos cuando venían a la panadería». 

A medida que los puntos formaban las miradas, para el autor de la exposición era una manera de volver a saludarlos. En la tranquilidad de la mesa de trabajo han vuelto las conversaciones sobre el mar, la tierra. Sobre Calafell. Quien te ha visto y quien te ve. No lo conoceríais podría haberles dicho Mèlich a sus reales personajes.

El Calafell olvidado
Es incapaz de destacar ninguno porque todos han formado parte del engranaje de Calafell. Pero en ese cambio de Calafell, Mèlich señala a Carlos Barral, el editor y poeta que decidió quedarse en la localidad para reivindicar aquel pueblecito marinero que vio como perdía esencia al mismo ritmo que crecía. También Barral ha surgido del puntero de Mèlich.

Un vecino observa retratos.

La exposición de los rostros de Calafell está en el centro cívico Cine Iris del núcleo de la playa hasta finales de junio. Quién tenga más de 60 años conocerá a todos los que están. Quienes sean más jóvenes podrán hacerse a la día de lo que algún día fue Calafell. Y quizá con ello se logre que también lo respeten. Por la memoria de quienes han regresado en puntillismo.

El objetivo es que después se mantenga la memoria. Muchas familias ya han pedido a Mèlich uno de los retratos. Otros podrán ir a lugares emblemáticos, también de la historia local. Como la recuperada Espineta que fue de Barral. O en la cofradía de pescadores que conocieron todos los que un día vieron al Calafell que supo mantener la esencia de lo que era.

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